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titeres/ Un niño comparte su fiambre con Jesús

Un niño comparte su fiambre con Jesús

por Puppet Resources

 PERSONAJES :
– JESÚS
– FELIPE
– ANDRÉS
– ANDRESITO
– MAMÁ DE ANDRESITO
NARRADOR: ¡Hola! queridos amiguitos, hoy día les voy a contar una hermosa historia. Se trata de
niñito que le regaló su fiambre a JESÚS.
ESCÚCHENLA CON ATENCIÓN.
ANDRESITO: Mamá, que alegría siento cada vez que puedo escuchar a Jesús, quisiera estar siempre
a su lado.
MAMA: Es cierto hijito, pero recuerda, es necesario que estés aquí en la casa y nos ayudes,
sobre todo a tu papá, que se pasa todo el día trabajando muy duro.
ANDRESITO: Mamá, quisiera rogarte que papá y tú me dieran permiso para ir a ver a Jesús. Estará
muy lejos en el lago de Tiberias. Quisiera oírle predicar. Fíjate que el otro día dijo
que el reino de los cielos era de los niños y que todos los que quieran entrar en él,
tienen que ser como niños.
MAMA: Yo creo que tu papá estará encantado que vayas, pero yo me preocupo por la
distancia, pues a lo mejor te puede suceder algo malo. Mejor no vayas hijito, Jesús ya
volverá por aquí otra vez.
ANDRESITO: Te ruego madre mía déjame ir, soy tan feliz de oír a Jesús cada vez. Te lo suplico por
favor.
MAMA: Bueno hijito, creo que no te podré convencer, pues bien voy a preparar tu fiambre. Te
haré cinco panes de cebada y dos pececillos. ¿Qué te parece?
ANDRESITO: Gracias mamacita, me haces tan feliz. ¡Ahora podré estar otra vez al lado de Jesús!
¡Viva! ¡Gracias mamita linda! Te prometo que me portaré muy bien.
NARRADOR: Amiguitos: ¿Les gusta a ustedes cuando su mamá les prepara un rico fiambre? Pues
bien sigamos con nuestra historia, la mamá de Andresito ya tiene listo su fiambre,
veamos:
MAMA: Aquí está tu fiambre y que Dios te acompañe hijito mío.
ANDRESITO: (Dándole un fuerte abrazo y un beso a su mamá) Volveré pronto y te contaré las
lindas historias que nos cuenta Jesús.
NARRADOR: Andresito muy contento salió de su casa llevando tan apetitoso fiambre, pero su
alegría era mayor al saber que podría oír otra vez a Jesús. Cuando llegó al lugar
donde estaba Jesús, había muchísima gente y también otros niños que habían ido con
sus padres y demás familiares. Jesús predicó, enseñó y realizó muchos milagros de2
sanidad ése día, era algo muy grandioso ver a los cojos andar a los ciegos ver, y a
todos los enfermos ya libres de sus dolencias, era un día de alegría y gozo.
Pero algo que dejó muy sorprendido a Andresito fue el siguiente diálogo entre Jesús y
sus discípulos, pues estaba muy cerca de él.
JESUCRISTO:(Dirigiéndose a Felipe) Veo que la gente tiene hambre y sobre todo los niños, pues
han estado todo el día con nosotros y el lugar es desierto. ¿De dónde compraremos
pan para que coma toda esta gente?
FELIPE: ¡Oh Señor! Hay tanta gente que el sueldo de doscientos días de trabajo de un obrero
para comprar pan no alcanzaría ni siquiera para que cada uno coja un bocado.
ANDRESITO: (Que ha estado escuchando muy atento éste diálogo toca el hombro de Andrés.). Oiga,
señor, me parece que necesitan comida, mire yo tengo aquí mi fiambre. Si Jesús lo
necesita yo se lo doy todo, son cinco panes y dos pececillos.
ANDRÉS: ¡Señor! Aquí está un muchacho que quiere regalarte su fiambre, tiene cinco panes de
cebada y dos pececillos. ¿Pero qué es esto para tantos?
JESUCRISTO:(Recibe el fiambre y se dirige a sus discípulos) Díganle a la gente que se siente y se
agrupe de cincuenta en cincuenta. (Tomando los alimentos) Gracias oh Padre por
éstos alimentos, multiplícalos Señor, y que sirvan para nutrir a todo este pueblo y
bendice Señor a Andresito por regalarnos su fiambre.
NARRADOR: Jesús repartió los alimentos a los discípulos y éstos a toda la gente, en tanto Andresito
miraba pasmado, boquiabierto cómo de su mochila salían tantos panes y peces, de tal
manera que mas de cinco mil personas comieron hasta llenarse. Y cuando todos
hubieron comido:
JESUCRISTO: (A sus discípulos) Recoged los pedazos que sobraron para que no se pierda nada.
FELIPE: Señor todos han comido, y de los pedazos de pan y pescado hemos recogido doce
cestas llenas.
ANDRESITO: (Maravillado por todo lo que ha visto, y como su fiambre alcanzó para todos) Señor
Jesús, ¿puedo coger unos pedazos de pan y pescado para mi viaje de retorno y para
llevárselo a mi mamá? Llegando a casa le contaré a mi mamá todas estas maravillas y
también a mis amiguitos.
NARRADOR: El camino de retorno le parecía a Andresito tan corto que ni siquiera sintió cansancio
y menos la distancia. Ya en su casa relató muy emocionado todos los milagros de
Jesús y en especial la alimentación a más de cinco mil personas con su fiambre.
Oigámoslo de sus propios labios:
ANDRESITO: ¡Mamá, mamá!; hoy he visto maravillas, cosas que nunca pensé ver. Fíjate que hubo
miles y miles de personas entre ellos también muchísimos niños, Jesús sanó a los
enfermos y nos enseñó cosas maravillosas del reino de Dios y cuando ya fue tarde,
los niños tenían hambre, el lugar era desierto, por lo que no era posible conseguir
alimentos pues estábamos muy lejos.
MAMA: Y ¿qué pasó después?

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ANDRESITO: Te diré que para ese momento yo no había comido mi fiambre todavía y al oír que
Jesús les decía a sus discípulos que le dieran de comer a la gente y al verlos tan
preocupados porque no tenían nada, decidí darles mi fiambre.
MAMA: Qué ingenuo eres hijo, estoy segura que sólo dos o tres comerían a lo más y tú te
habrás quedado de hambre.
ANDRESITO: ¡Mamita linda, no te podrás imaginar! ¡Jesús recibió mi fiambre! Luego dio gracias
a Dios y de mi mochila sacaba pan y pescado interminablemente. Sus discípulos lo
recibían en canastas y lo repartieron a toda la gente.
MAMA: No te puedo creer.
ANDRESITO: Es cierto mamá, todos comimos y aún sobró la comida y de ello te he traído una
muestra para que lo veas y creas. Aquí está.
MAMA: Oh Dios, alabado sea tu nombre, verdaderamente éste es el profeta que
esperábamos.
ANDRESITO: Mamá, ahora estoy convencido que Jesús es el Hijo de Dios, el Cristo que Dios ha
prometido a su pueblo, creo en él para el perdón de mis pecados y le seguiré y seré
su hijo todos los días de mi vida.
NARRADOR: Amiguito, verdaderamente Jesús de Nazaret es el Hijo de Dios, es Dios verdadero,
pero también verdadero hombre; él murió en la cruz, fue sepultado, pero al tercer
día resucitó, venció la muerte y ahora ha sido exaltado por Dios y le ha dado un
nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda
rodilla de los que están en los cielos, en la tierra, y debajo de la tierra. Y toda lengua
confiese que Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre. Jesús está a la diestra del
Padre ante quien intercede por su pueblo día tras día. Si crees en él serás salvo y
escaparás de la esclavitud de Satanás y de la muerte eterna; y obtendrás vida eterna
con todos los salvados.
Recuerda: Jesús dijo: Dejen que los niños vengan a mí, porque de los tales es el
reino de los cielos.
Usado con permiso de www.puppetresources.com. En esta página podrá encontrar más escritos para
títeres.

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Drama/títeres para ensenar Lo bueno de ser madre

Lo bueno de ser madre

por Titeres Jesus Es Tu Amigo

 

Propósito: Ejemplo de protección humana y divina

Personajes: José Pichucho- José- Paula- Mamá- Tía Clara

Escenografía: Primera parte – el patio de una casa. Segunda parte  el interior de una casa.

 

-Música-

José pichucho: Ya voy, no es necesario que me griten, ¡¡no estaba dormido!! ¿Para qué me querían? Ah. ¿qué tal chicos? ¿Bien? Me parece excelente entonces, les voy a presentar una obra de teatro. Miren, aquí entre nos y no es que yo sea chismoso, pero resulta que en esta casa, vive un chico que es terrible. Bueno mejor mírenlo ustedes mismos, no se vallan… (Se va)

-(La escena es en un patio donde se ve una soga para la ropa. La mama viene con ropa en la mano)-

Madre: No puede ser, entre más lavo, él más ensucia. Me la paso diciendo todo el tiempo ¡No te ensucies la ropa! Y tienes ropa para jugar, pero no te tienes que poner la otra ropa, la que tiene para salir. Ahora no sé qué te vas a poner para ir a la casa de la tía Clara, y yo lavo y lavo, y él, ensucia y ensucia, y ni siquiera le importa si a su madre le duele la espalda. ¿Chicos no vieron la ropa que lave? ¡José ven para acá! ¡Ven para acá!  ¡¡José!!

-(Entra José corriendo)-

José: ¡Si vieja!

Madre: ¿Cómo que vieja? Se dice si mamá. Vieja, viejos los trapos. ¿Me quieres decir dónde estabas que no me escuchabas?

José: Estaba bañando el gato.

Mamá: ¿Bañando el gato? Pero los gatos no se tienen que bañar, ellos se lamen solos con la lengua y ese es su baño. Nosotros no tenemos que bañar a los gatos, ¿verdad chicos? A ellos no les gusta.

José: Pero nuestro gato no tiene ningún problema con que lo bañe, el problema es después.

Mamá: ¿Y cuál es el problema?

José: Secarlo, no se deja que lo exprima, es un gato rebelde…

Mamá: ¿Pero será posible que mi hijo haga cosas así? Anda a soltar ese gato, por favor ¡anda a soltarlo!

José: No, que me muerde.

Mamá: ¡Anda a soltarlo!

José: ¡No… No… No!

Mamá: Ven para acá te voy a dar una…

José: ¡No vieja, no!

Mamá: ¡No corras, cobarde!

José: ¡No!

-(Y corriendo se va, tira la ropa que estaba colgada)-

Mamá: ¡Oh! ¡Mi ropa, otra vez voy a tener que lavarla! ¡Escuincle me la vas a pagar! (Sale llorando)

José Pichucho: Estimado público, esto que han visto es lamentable. ¿Veamos lo que ocurre?

Voz Mamá: ¡Vamos chicos, apúrense, no quiero llegar tarde a la casa de la tía Clara!

Voz Paula: ¡Mamá, mira a José!

Voz Mamá: ¡José! ¡Deja en paz a tu hermana!

Voz José: ¿Y yo qué hice?

Voz Paula: Mamá, mira, mira…

Mamá: A ver hijita, ¿qué te hizo ese salvaje? (entran en escena) ¿Qué te ocurre hija mía?

Paula: Mamá, mira, me pegó un chicle en el cabello, bua… bua… como me duele, bua… bua…

Mamá: ¡Hija! (abraza)

Paula: ¡Mamá! (la abraza)

Mamá: ¡Paula!

Paula: ¡Mamá!

Mamá: ¡Paula!

Paula: ¡Mamá!

José: (Entra imitándolas a las dos) Mamá, Paula, mamá, Paula…

-(Se da cuenta que las dos lo están viendo y están muy enojadas, así que aminora el volumen de burla y sale corriendo perseguido por la madre y Paula con quejas y ruidos)-

 

José Pichucho: ¿Vieron como es este chico? Ya hizo dos en un día. ¿Qué pasará en la casa de la tía Clara?

-(La escena transcurre en la casa de la tía Clara. Entra la mamá)-

 

Mamá: Yo no entiendo a este chico. ¿Por qué no se porta bien? Si no le cuesta nada, lo único que le pido es que cuide la ropa, que no se pelee con su hermana, que nos respete a su padre y a mí… En fin, que se porte bien, pero no, hace todo lo contrario. No sé lo que voy a hacer. Ya sé, sé lo que tengo que hacer: le voy a pedir al Señor que me enseñe y me ayude a tener paciencia. Dios me lo dio y yo soy responsable de su educación.

-(Se va hacia un rincón y entra Paula muy enojada)-

 

Paula: ¡Mamá! ¿Vistes lo que hizo ese loco?

Mamá: Si, pero no le digas loco a tu hermano, respétalo. Yo los quiero a los dos igual, y si tu hermano tiene problemas, hay que ayudarlo.

Paula: Estás viendo como es conmigo, ¿y me dices que hay que ayudarlo? Esto es el colmo. Yo no entiendo nada, así es que mejor me voy afuera, adiós.  (Sale)

Mamá: Paula… No, si yo no doy una con estos dos, resulta que ahora se me enojó ésta. No sé qué pasa con Clara que no llega. Paula se fue toda enojada, José que no sé dónde estará. ¡Esto parece casa de locos! Voy a ver a la recamara… (Sale)

 

-(Entra la tía clara)-

Tía Clara: Ay, cómo pesa esta bolsa y qué colas en la feria, qué cansada estoy y toda sudada, menos mal que mamá me hizo tan linda que si no, no me imagino que mal me vería. Lo que pasa es que todo me queda bien a mí, no como mi hermana que está hecha un desastre, por esos niños que tiene, pero ¿Y esta ropa? ¿De quién es? Una cartera, un bolso. Perdón ¿ustedes saben de quién es todo esto?

-(Espacio para que contesten los chicos , entra la hermana)-

 

Mamá: ¡Clara!

Tía Clara: ¡Hermana!

Mamá: ¿Qué te pasa? Te veo sorprendida. ¿No te dije que venía?

Tía: No, pero justo estaba pensando en voz alta de ti y de tus hijos.

Mamá: Hay no me hables de esos dos. Paula está celosa y José…

Tía Clara: ¿Qué hizo?

Mamá: ¿Qué hizo? Mira, te cuento la última. Se puso a jugar con la manguera del jardín e hizo un cochinero, rompió las plantas, mojó al gato, manchó la entrada con los pies, las paredes con las manos sucias, mojó a dos personas que pasaban por la calle…

Tía Clara: Qué desastre. ¿Y qué le dijo su padre?

Mamá: Nada, ¿Qué le va a decir?

Tía Clara: ¿Cómo que nada? Te hace un desastre en la casa, ¿y no le dice nada? Bueno, en fin yo no me meto total, no fue en mi jardín, ¡fue en el tuyo! Porque fue en el tuyo, ¿verdad? ¿Fue en el mío? ¿Fue en mi jardín? (la mamá asienta con la cabeza) ¡Quiero verlo, quiero verlo!

Mamá: ¿Quieres ver tu jardín?

Tía Clara: No, quiero ver a tu hijo. ¡¡Cuando lo vea, lo voy a agarrar a patadas!!

Mamá: No, espera, ya lo mandé al lavadero a limpiarse los zapatos.

Tía Clara: ¿Al lavadero? ¿Lo mandaste al lavadero? Pero tengo una pila de ropa que acabo de planchar. Tengo que ir antes de que haga otra de las suyas.

Mamá: Espera, espera, cálmate que yo lo voy a buscar.

-(La madre se va para el lado donde se fue José)(La tia se queda en escena y se escucha lo que hablan la hermana con el hijo)-

Voz Mamá: José, ¿qué estás haciendo? ¿Y toda esa ropa qué hace aquí?

Voz José: Espera mamá, no te exaltes. Yo te lo puedo explicar. Mira, vine a limpiarme los zapatos como tú me lo habías dicho y cuando me quité el zapato, salió volando y cayó sobre la tabla de planchar. Cuando fui por mi zapato, sin querer empujé una pila de ropa que no sé quién puso ahí, y se me cayó.

Voz Mamá: ¿Qué sé té cayo?

Voz José: El zapato

Voz Mamá: Ah, ¿Y la ropa?

Voz José: ¡También!

-(Aparece en escena tía Clara y José)-

Tía Clara: ¡Mi ropa!

José: ¡Espera! ¡Espera! ¡Yo levanto la ropa!

Tía Clara: Bueno, por lo menos no te escapaste para no ayudarme.

José: Sí, pero me parece que vas a tener que ponerla al sol otra vez.

Tía Clara: ¿Por qué?

José: Porque se mojó toda.

Tía Clara: ¿Cómo que se mojo?

José: Y pues, tú sabes con las manos sucias y lo de los zapato, pues también se ensució.

Tía Clara: ¡Ay no! ¡Me da! ¡Me da! ¡Me da! Ahhh (se desmaya)

José: ¡Mamá! La tía Clara se desmayó, o sé durmió…

-(Y se va a buscar a la madre por el otro lado-)

Voz José: ¡Mamá, mamá!

-El escenario queda vacío. Viene la madre y se asusta porque ve a la hermana en el suelo-

 

Mamá: ¿Clara? ¡Clara! ¿Qué te pasó? Deja, te echo aire. (La abanica con la mano).  Ay, no se levanta chicos, por favor griten: Clara, Clara, Clara. (Se espera la reacción de los chicos) Clara, Clara. y levanta suavemente)

Tía Clara: ¿Dónde estoy?… ¿Dónde estoy?… Ay, como me duele la cabeza…

Mamá: Te desmayaste por lo que hizo José.

Tía Clara: José, José (grita) déjame que lo agarre y vas a ver cómo lo dejo. (Sale)

-(Sale y la madre detrás de ella)-

 

Mamá: Tranquila, tranquila, lo hizo sin querer.

-(Siguen buscando a José atrás del escenario)-

Voz Tía Clara: ¡Ah, té encontré!

Mamá: ¿Qué hiciste con la ropa?

José: Yo… Pues la estoy arreglando, a ver, esto va aquí, esto también, estoy no, no esto sí, esto no. Esto no.

-(Y tira pedazos de ropa por el aire)-

Tía Clara: Ven a ver lo que tu hijo está haciendo con la ropa. ¡Ven para acá niño!

Mamá: Espera ahorita mismo, yo lo agarro. ¡Ay! Se me escapó!

José: Ay, mi madre ya me voy, porque si no… Adiós.

-(Todos corren hasta que José desaparece y quedan las dos en escena)-

 

Mamá: ¡No puede ser! ¡Desapareció!

Tía Clara: No te digo, este escuincle es un mañoso, casi lo agarro, pero ay, ya me cansé.

Mamá: Pues claro con esa corrida que te aventaste, ya no tienes la misma edad que antes.

Tía Clara: ¿Perdón? Pues déjame que te recuerde, que soy la menor.

Mamá: Sí, ya sé.

Tía Clara: Y la más ordenada.

Mamá: Sí, ya sé.

Tía Clara: Y la más coqueta…

Mamá: Sí, ya sé y la más traviesa…

Tía Clara: Si ya sé, ¿Cómo? Claro que no…

Mamá: No, ¿No te acuerdas cuando pusiste él cerillo prendido en el zapato de la prima Eustaquia?

Tía Clara: Si, y me acuerdo cómo corrió para encontrar agua, pero en verdad me equivoqué y lo reconozco.

Mamá: Ah, muy bien, ¿Lo reconoces?

Tía Clara: Si, fui muy tonta, le hubiera prendido los dos zapatos.

Mamá: Pero ves, eres increíble. ¿Y todavía te quejas de José? Pobrecito.

Tía Clara: ¿Pobrecito? ¿Después de todo lo que hizo?

Mamá: Bueno, pero yo te voy a ayudar, vas a ver, entre tú Paula y yo, arreglamos la ropa sucia.

Tía Clara: Eso, Paulita si es una señorita, hecha y derecha.

Mamá: Capaz que hasta José nos puede ayudar.

Tía Clara: No. ¿Qué, quieres que se nos inunde la casa?

Mamá: ¡Ay, ya perdónalo!

Tía Clara: Bueno, teniendo en cuenta mi nobleza de mujer, mi amor por los niños, mi gran paciencia, mi…

Mamá: Sí, tu modestia también.

Tía Clara: Sí, modestia humildad. Gracias.

Mamá: ¿Lo vas a perdonar?

Tía Clara: (Se queda pensando) Mmmmm ¿Qué hago chicos?, ¿Lo perdono o no? (espera). Bueno está bien lo perdono. Desde ahora tendré paciencia, amor, paz en mi vida y no habrá nada que me inquiete. Después de todo, ese niño es una creación de Dios.

Mamá: ¡Bien clara!

-(Entra Paula)-

 

Paula: Hola tía, ¡beso, beso!

Tía Clara: Ay querida Paulita, cuánto te quiero. Ven acá. (beso)

Paula: Tía, el jarrón ese que tenias en la repisa, ¿es antiguo?

Tía Clara: ¡Sí, nena! Mira ese jarrón se lo regaló mi abuelo a mi padre y mi padre me lo regaló a mí y es carísimo, debe tener más de 100 años, es una joya. ¿Por qué la pregunta?

Paula: Porque ya no está más en la repisa.

Tía Clara: ¿Cómo y dónde está?

Paula: Hecho pedacitos por el suelo. José se puso a jugar al malabarista y pensó que el jarrón rebotaba. Pero no rebotó. Pensaba que era de goma. ¿Tía, estás enojada?

Mamá: Clara, ¿estás enojada? Tranquilízate, acuérdate de lo que acabas de decir.

Tía Clara: No hermanita, solo son niños, tengo que entenderlos y comprender que tienen tanta energía que a veces acurren accidentes.

Mamá: ¿Te sientes bien?

Tía Clara: Si, tan bien que voy a jugar a la pelota.

Mamá: ¿Vas a jugar a la pelota? ¿Con qué?

Tía Clara: ¡Con la cabeza de José! (sale corriendo) ¡José ven acá, cobarde!

Mamá: Ven, Clara tranquila… (sale)

 

-(Mientras todos corren a José, Paula se dirige al publico)-

 

Paula: Señores padres, ha llegado la hora de hablar a protección al menor y yo no me quiero perder el final. (se da vuelta y vuelve) No se pierdan la próxima obra que se llama La familia Clementi, eso si no estoy segura de que José aun siga vivo, hasta pronto. (Sale)

 

Fin

 

 

Impactos: 2

Drama / títeres para evangelizar / Lección de Josh

Lección de Josh

por Puppet Resources

 

TITERES: Venta & Mamá
MAMÁ: Venta, ¿leíste el periódico esta mañana?
VENTA: No……¿qué había algo interesante?
MAMÁ: Bien, decía que mandaron a Josh a un reformatorio.
VENTA: ¿Qué? ¿Cómo pasó eso?
MAMÁ: ¿Te acuerdas que hace algunos meses alguien entro en la escuela y la destruyó?
VENTA: Sí, recuerdo. Nosotros fuimos a la escuela ese día. Las ventanas estaban rotas, el escritorio
se aplastó, la alfombra rociada con pintura. Era demasiado costoso para que repararen todas esas
cosas. Yo no podría creer que alguien quisiera destruir tan hermosa escuela.
MAMÁ: Recuerdas cómo tú y Butch hablaron acerca de lo ocurrido. Butch pensó que era una cosa
realmente mala de hacer y tú dijiste que debió haber sido alguien que odia la escuela. Bueno, todo que
fue hecho por Josh.
VENTA: ¡Wow! Josh sólo tiene 15 años de edad. Él está en un problema muy grave. Y el juez lo
mandó a un reformatorio. Debe ser atroz ir a un lugar como ese.
MAMÁ: Sí, el pecado tiene consecuencias.
VENTA: Tienes razón mamá. Eso me recuerda de cómo la gente dice, “¿Cómo un Dios amoroso nos
puede mandar al infierno?”
MAMÁ: Sí, ellos se olvidan que él no sólo ama pero él es santo también, y la pena para el pecado se
debe pagar.
VENTA: Jesús pagó por nuestros pecados, pero es nuestra decisión o aceptar o rechazar lo que él hizo
por nosotros.
MAMÁ: Venta, estoy muy orgullosa de ti por recordar eso. Dios nos ama y si una persona va al
infierno, es su propia elección.
VENTA: Él rehusó aceptar Cristo.
MAMA: Venta, yo no había pensado de esa manera, pero tienes razón. Tenemos que hacer nuestra
propia elección.
VENTA: Chicos y chicas, ¿qué elección has hecho? Has pecado, pero Dios no quiere que mueras en
tu pecado.
MAMÁ: Jesús murió para que pudieras tener la vida eterna. Lo que debes hacer es confesar tus
pecados, pedir el perdón, y aceptar a Cristo como tu salvador.
¿VENTA: Ya has hecho esto? Habla con tu maestro de la escuela dominical. Acércate hoy mismo.

MAMÁ: Bye chicos y chicas (Los títeres salen)
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The Sword of the Word
Art & Louise Ferry
First Baptist Church of Garrett

Impactos: 5

Drama/títeres para ensenar/Ponys y galletas

Ponys y galletas

por Puppet Resources

 

TITERES: Chris & Mamá
CHRIS: Mamá, ¿te acuerdas que anoche estaba leyendo para Cole y Adrián antes que se durmieran?
MAMÁ: Eso fue muy agradable, leer para tus hermanos pequeños. ¿Pero por qué preguntas?
CHRIS: Bueno, en el libro decía que ponys eran caballos bebé. ¿No se llaman potros los bebés del
caballo?
MAMÁ: Los ponys son realmente un tipo de caballo pequeño. Ellos son caballos más pequeños aún
cuando son grandes en edad.
CHRIS: Ohhh, eso es lo yo pensaba.
MAMÁ: El que escribió ese libro hizo un error. Estoy contenta de darme cuenta de qué piensas acerca
de lo que lees porque no siempre puedes estar en descuerdo con todo lo que escribe la gente. Porque
algo está en un libro no significa que sea verdad.
CHRIS: Si, yo sé realmente acerca de eso.
MAMÁ: ¿Qué quieres decir?
CHRIS: ¿Te acuerdas cuando pasé la noche en casa de Sara?
MAMÁ: Por supuesto. Eres un niño bueno, tú pediste permiso de pasar por ahí antes de ir. ¿Que pasó
esa noche?
CHRIS: Sara, su mama y yo decidimos hornear algunas galletas. Obtuvimos el libro de recetas de
cocina y seguimos las instrucciones.
MAMÁ: Ahh si, ¿y cómo estaban las galletas?
CHRIS: Terribles. Estaban saladas.
MAMÁ: Hmmm. Parece que el libro de cocina estaba equivocado.
CHRIS: Así pensamos también. El que escribió el libro de cocina hizo un error.
MAMÁ: Tu debes tener cuidado con cualquier libro escrito por gente. Cualquier vez que leas algo
tienes que pensar, y ver si es verdadero o falso, bueno o malo.
CHRIS: ¿Hay solo un libro en el que no tienes que preguntar eso?
MAMÁ: Claro que si. La Biblia. La Biblia es siempre verdadera.
CHRIS: ¿Qué tal ustedes chicos y chicas? ¿Creen todo lo que leen? Recuerden, la gente no es
perfecta y puede cometer errores. El único libro que en el que puedes confiar completamente es la
Biblia.

MAMÁ: Siempre recuerden eso… Bye…..
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Art & Louise Ferry
First Baptist Church of Garrett

Impactos: 8

Cuando Cristo entra en una casa/Drama / títeres para evangeliza

Cuando Cristo entra en una casa

 Autor: Barbara de Mutschard

Narrador 1: En aquel entonces el emperador romano César Augusto decretó que se levantara

un censo en todos sus dominios. En aquellos días era Cirenio gobernador de
Siria. Según lo dicho la gente tenía que regresar a la ciudad de sus antepasados
para inscribirse. Y como José era miembro de la familia real, tuvo que ir desde la
provincia Galilea de Nazaret hasta Belén de Judea, pueblo natal del rey David.
Llevó con él a María, su prometida, que estaba embarazada.
(Lucas 2:1-5)
También muchas otras familias se encaminaron. El camino era muy pesado,
especialmente para María. Casi estaba al punto de dar a luz a su primer bebé.
Cuando llegaron a Belén, la ciudad estaba llena de gente, todas las habitaciones
ocupadas. Ni un cuartito quedó. Y María sintió que ya había llegado su hora de
dar a luz. ¿Cómo han de haber sentido cuando caminaban por las calles
buscando un lugar donde hospedarse?
Vamos a imagina su situación:
(La primera casa aparece: “Mansión del rico”.
Aparecen José y María, cansados, después de un largo
viaje. Se paran enfrente de la primera casa y tocan a la
puerta.)
José: Ábranos, déjenos entrar, por favor. Hemos estado caminando por muchos días.
Estamos tan cansados. ¿No tiene un cuarto para una noche?
Dueño mansión: Y ¿qué tal la renta? ¿Pueden pagar ustedes? Esto no es una casa para pobres. Yo
pago mis limosnas cada mes para que hagan casas para gente como ustedes. Mis
habitaciones son de lujo. He trabajado duro para tener esto.
José: Señor, por favor, mi esposa va a tener un bebé…
Dueño mansión: Aún menos. Yo no soy doctor. Váyanse rápido.
(José y María siguen caminando, llegan a la “Casa de prisa” y tocan a la puerta.)
Casa de prisa: ¿Si?
José: Disculpe Señor, es que n…
Casa de prisa: Date prisa, no tengo tiempo. ¿Qué quieres?
José: Hospedaje para mi esposa y yo. Venimos de lejos y…
Casa de prisa: ¿Hospedaje? No tengo tiempo para ustedes. Quiero salir. Tengo cosas más importantes
que hacer que encargarme de gente ajena. Mañana pueden regresar, tal vez
tendré tiempo. Con permiso… (Se va rápidamente.)(José y María siguen su camino muy despacio. Llegan a la“Casa del pobre”.
José toca a la puerta. Aparece el dueño.)
José: Buenas noches. Por favor, ¿no tienen un rinconcito, donde
nos podemos quedar por la noche?
Casa del pobre: ¿Qué se imaginan? Ni tengo espacio para mis propios hijos.
José: Tengan misericordia de mi esposa. Ya no puede seguir caminando. Pregunte al
rico.
(José y María siguen su camino. Llegan a la “Casa del miedoso” y llaman:)
José: Somos de Nazaret. Tenga compasión de nosotros, señor. Déjenos pasar la noche
en su casa. Hay tanta gente en Belén, no hay lugar en ninguna casa.
Casa del miedoso:
Y en mi casa tampoco. No los conozco, ¿cómo creen que les voy a dejar entrar
en mi casa? Hay tantos asaltos en estos tiempos. Hay que tener mucho cuidado.
¿Son de Nazaret? Uhhhhhh, no se escuchan buenas noticias de Nazaret.
¡Aléjense de mi casa!
(José y María siguen caminando. José apoya a María. Llegan a la “Casa de Bienvenida”.)
José: Por favor, dénos una habitación, aunque sea para una noche.
Casa Bienvenida: Con gusto lo haría, pero miren, todo está lleno. Cada cuartito, hasta el último.
Hay tanta gente ahora en Belén, es increíble…
(Se queda mirándolos.)
…pobrecita la mujer, está embarazada. Mmmmmmm…Espérenme, sí, creo, que
tengo todavía un lugarcito para ustedes. Pero nada más es en el establo allá.
(Les señala el establo)
José: Oh, señor, eso es suficiente para nosotros. Gracias a Dios, no tenemos que
quedarnos en la calle. Ven, María, ahora puedes descansar.
(La apoya yendo hacia el establo.)
Narrador 1: En esta noche María dio a luz a su primer hijo. Lo envolvió en pañales y lo
acostó en un pesebre, porque no habían hallado habitación.
Narrador 2: Aunque él hizo el mundo, el mundo no lo reconoció cuando vino. Ni aún en su
propio país, entre su propia gente, lo aceptaron. Solo un puñado de hombres le
dio la bienvenida y lo recibió. Pero a todos los que le recibieron, a los que creen
en su nombre, les concedió el poder de convertirse en hijos de Dios. Los que
creyeron , nacieron de nuevo. Si Cristo hoy toca tu corazón, ¿le abrirás la puerta?Narrador 3: Como en Belén, igual ha sido hasta el día de hoy: Los hombres no le reciben, no
le quieren como rey y salvador. Le dejan afuera de sus vidas. Pero también hay
otros: Los que le reciben, los que le abren la puerta de su vida. Son ricos y
pobres, miedosos y apresurados. ¿Qué hubiera pasado si las personas en nuestro
drama le hubieran abierto sus puertas: A ver:
(Una casa tras la otra pasa y dice su texto:)
1. Casa del rico:
¿Qué me va a tocar? ¡Cuánto voy a ganar?
Estas preguntas dominaban mi ser,
mi trabajo, mi pensar, mi oír y mi ver.
Ahora mi vida se está acabando,
y no sé para qué estuve ganando.
A la tumba el dinero no puedo llevar,
y luego a mi, ¿qué me va a pasar?
Oh Señor, entra en mi mansión,
que seas el rey de mi corazón.
2. Casa de prisa
El tiempo pasó, los días corrieron.
¿Para qué los usaba? Ya todos se fueron.
¿Qué es lo que vale? ¿Qué es vanidad?
¿Qué es lo que se ve en la eternidad?
Oh Cristo, ven tú a mi corazón.
Necesito tanto de tu perdón.
Lo que quiero es de ti aprender
a invertir mi tiempo como debe ser.
Que uses mi vida, me hagas capaz
de mostrar al mundo, qué es tener paz.
3. Casa del pobre:
No hay dinero, no puedo pagar.
Así siempre dije, no hay para ayudar.
Mi casa estaba llena de preocupación
y la amargura mató la canción.
Hasta que yo por fin pude ver,
que Cristo era rico, tenía tanto poder.
Y él se hizo pobre por tanto amor,
él dio su vida a nuestro favor.
Dios quiere hacernos descansar
en sus riquezas que él quiere dar:
La vida eterna y pleno perdón,
y con él nos dará una celeste mansión.
Él me ha llenado con felicidad
la cual puedo dar a la humanidad.
Él me ha llenado con satisfacción,
ya nunca se va a callar mi canción.4. Casa del miedoso
El miedo de todo me agarró,
de guerra y que me enfermara yo,
de tiempos difíciles, de la maldad,
de Satanás mismo y su potestad.
Hasta que alguien me mostró mi error,
que no tienen sentido el temor,
si al salvador le pido entrar,
si él en mi vida puede reinar.
Él es el más fuerte, venció a Satán.
Ya no hay razón por ningún afán.
Desde que Jesús mi vida salvó,
seguro estoy, su paz tengo yo.

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