Para reflexionar… ¿Cuál Es El Mejor Momento?

“Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina” (2 Timoteo 4:2).

Dos hermanos comentaron antes de ir al servicio de la iglesia: “El hermano Benedito debe estar devastado. Con su esposa enferma y con muchos gastos con ella, se quedó sin trabajo esta semana. Probablemente, ni siquiera venga al servicio de esta noche”. Decidieron pasar por su casa antes de dirigirse a la iglesia y lo encontraron arrodillado, orando por una señora. Cuando vio a los hermanos, el hombre desempleado dijo: “Esperen un poco más tiempo, ya he orado por tres necesitados y todavía faltan dos. En unos minutos estaré listo para ir con los hermanos para el culto”.

Muchos están entristecidos por las dificultades de la vida cotidiana. Y esto es muy normal para nosotros, que somos flacos, que muchas veces no entendemos que hay buenos y malos momentos y que a veces son los malos los que nos enseñan a disfrutar, enseguida, de los buenos y agradables momentos de nuestra vida.

El hermano de nuestra historia estaba pasando por una situación muy difícil, pero en lugar de murmurar y desanimarse, aprovechó el tiempo que tenía para alabar a Dios como un discípulo agradecido por tantas bendiciones recibidas. Aquellos días fueron muy tristes, sin embargo, hubo combustible de reserva adquirido en los muchos momentos de gran alegría pasados en la presencia de Jesús, nuestro Señor y Salvador, verdadero e incomparable Amigo.

¿Cuál es el mejor momento para servir a Dios, tiempos buenos o tiempos malos? La respuesta es fácil: ambos.

Para reflexionar… ¿Tempestad O Sol?

“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5).

Dos cristianos conversaban en cierto lugar. El primero dijo: “Estoy pasando por un momento de crisis. Parece que una tempestad ha decidido detenerse definitivamente sobre mi vida y mi casa. No sé qué más hacer”. El otro comentó: “No importa cuán malos sean tus días, debes perseverar en la fe y seguir buscando al Señor. Él siempre está con los brazos abiertos para escucharnos y bendecirnos”. El segundo continuó su pensamiento: “Lo que te puedo decir es que mis días han sido maravillosos. Tengo razones para estar muy feliz”. “Aun así, no debes ser descuidado. No importa lo bueno que sea nuestro momento, siempre necesitamos la presencia bendita del Señor Jesús”.

Es pura verdad. En los momentos en que el sol brilla en nuestra vida, necesitamos al Señor. En momentos en que nos enfrentamos a fuertes vientos y tormentas, necesitamos al Señor. Él es todo para nosotros y sin Él no podemos hacer nada. Como garantía de una vida feliz, no debemos desviarnos de Dios un momento.

Nos equivocamos cuando pensamos que, en las luchas, somos fracasados y que a Dios no le importamos. También nos equivocamos cuando creemos que, en las victorias, somos grandes victoriosos y responsables de los logros. La mano de Cristo está en todo y nos prueba para que aprendamos lecciones que nos edificarán para la vida.

Qué bueno es tener a Jesús en el corazón y confiar en Él, en cualquier situación.

Para reflexionar… ¿Árboles Fuertes O Débiles?

“Bendito el varón que confía en el Señor, y cuya confianza es el Señor. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto” (Jeremías 17:7, 8).

El buen árbol, que no se dobla ante los fuertes vientos, que resiste valientemente las mayores inundaciones, que no se seca ante los fuertes calores, es el que tiene sus raíces muy profundas, buscando siempre el manantial de gracia. Es el que lo fortalecerá ante cualquier clima. En estos árboles las hojas son siempre verdes y los frutos son abundantes.

Nuestras vidas necesitan ser similares al árbol de nuestra historia inicial. Deben estar preparadas para enfrentar las adversidades de este mundo, los problemas que son constantes todos los días, las enfermedades que siempre nos toman por sorpresa. Nuestras raíces deben ser fuertes, arraigadas en la persona de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador. Arraigados en Él, enfrentamos las calamidades del camino con la certeza de que la victoria es segura.

¿El árbol de tu vida es fuerte y bien firme en la presencia de Dios o es inútil, negligente, superfluo? Pídele al Señor que lo haga profundo y fecundo. Tu vida será una bendición para todos.

Para reflexionar… Gran Alegría En Los Caminos De La Vida

“Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre” (Salmos 16:11).

Una mujer, hablando con una amiga en el trabajo, dijo: “He tenido muchos momentos malos en mi vida. He enfrentado momentos de gran aflicción y sufrimiento. Ahora soy una mujer salva”. La otra, que escuchaba atentamente a su amiga, dijo: “Estás salva, pero hay algo mejor que ser salva”. La primera, sorprendida, preguntó: “¿Qué es mejor que ser salva? Me gustaría saber”. Entonces la amiga respondió: “Ser salva es muy bueno, pero es aún mejor andar por la vida en la compañía del Salvador”.

Jesús es el verdadero Amigo, el Compañero que nos llena de alegría y placer en el camino de la vida. Él no solo quiere salvarnos, llevarnos para siempre al Cielo de Gloria, donde viviremos para siempre, sino, sobre todo, caminar a nuestro lado en todo momento, por muy bueno que sea o malo, hasta que estemos con Él en la eternidad.

Ser salvo es una gran bendición. Ser salvo y caminar con el Salvador es aún mejor. Los caminos de la vida serán más floridos, más fragantes, mucho más alegres.

¿Ya caminas al lado de Jesús?

Para reflexionar… La Felicidad Envuelta Para Regalo

“Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33).

Al recibir la oportunidad de su madre de elegir un regalo para su cumpleaños, Rosa se puso muy feliz. Ella no eligió el más caro y tampoco el que le pareció más atractivo. La madre, curiosa acerca de la elección, preguntó: “¿Por qué elegiste este? Había otros más hermosos y de mayor valor.” La hija respondió: “No me importa la apariencia ni el valor. Elegí este porque era el que me indicaba una verdadera felicidad en tenerlo”.

¿Qué buscamos en este mundo? ¿Brillo, prosperidad financiera, posición social o la certeza de un final feliz? Muchas cosas son, a nuestros ojos, muy atractivas y de gran valor, pero son fugaces y engañosas. En vez de felicidad, tráenos, aflicción, frustración y destrucción.

La mejor elección que podemos hacer, en cualquier momento de nuestras vidas, es el Señor Jesús. Él nos guiará sobre el mejor camino a seguir, sobre el mejor regalo a adquirir, sobre las actitudes que nos llevarán, en perfecta alegría, a la vida eterna con Dios.

¿Qué regalo quieres recibir, felicidad u otra cosa?

Para reflexionar… Un Trabajo Que Nos Hace Descansar

“El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, Y tu ley está en medio de mi corazón” (Salmos 40:8).

Un joven le dijo a un hermano mayor en la iglesia: “¿Alguna vez has pensado en retirarte de tu trabajo cristiano? Hay muchos hermanos y hermanas que no han hecho casi nada y necesitan presentarse ante Dios para servirle”. Muchos años, has visitado a los enfermos y necesitados a lo largo de tu caminar cristiano, te has negado a ti mismo, nunca te tomas vacaciones, dejas de divertirte para extender la mano a todos los que encuentras. ¿No crees que es hora de descansar? El hermano mayor le sonrió al joven y le dijo: “Es cierto que hice todo lo que mencionas. Incluso hice muchas otras cosas que tú ni siquiera sabes. Pero, en vista de lo que Cristo hizo por mí, creo que Hice muy poco y que debería seguir haciéndolo mientras me quede un soplo aliento de vida. El joven, sin saber qué decir, solo concluyó: “¡Gloria a Dios!”

¿Qué mejor entretenimiento puede haber qué proclamar el Evangelio? ¿Qué mayor descanso hay que abrazar y consolar a los que sufren sin saber a dónde ir? ¿Qué vacaciones más placenteras podemos tener que pasar días mirando a Cristo diciendo:? “Aquí estoy, ¿qué quieres que haga?

La Palabra de Dios nos muestra la voluntad del Señor que nos dice: “Pruébame”. Él nos promete: “Abriré las ventanas de los Cielos”. Quiero que estas ventanas estén siempre abiertas para mí, no solo para bendiciones financieras, sino también para bendiciones espirituales y para todo lo que el Señor quiere ofrecerme. Amo a Jesús, desde todo mi corazón. Quiero vivir plenamente en Su obra.

¿Y usted? ¿Ha estado buscando sus intereses o los de Cristo?

Para reflexionar… Amargo, Pero Solo Por Un Tiempo

“Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros”
(1 Pedro 5:7).

Pedro, un niño inteligente y juguetón, viendo a su madre preparar unos bizcochos con de chocolate, tomó un trozo de masa e hizo una mueca. “Mami, este chocolate es muy amargo”. La madre, sonriendo, no dijo nada. Después de que estuvieron listos y enfriados, la madre le ofreció uno bizcocho a su hijo, este comió, Todavía aprensivo, sin embargo, encontró el sabor excelente.

Hay muchos momentos amargos en nuestras vidas. Nos quejamos, murmuramos, pero después de un tiempo, con un poco de paciencia, vemos que esos momentos de angustia se convierten en momentos de gran placer y alegría. Cuando esto sucede, hasta nos olvidamos de las dificultades de aquellos días de angustia y desesperación.

Necesitamos entender que Dios tiene Su camino. Así como la masa amarga de los bizcochos, después de ser horneada, se vuelve dulce y sabrosa, así la masa de nuestra vida, preparada por el toque de Cristo, se vuelve placentera y admirada por todos.

Lo importante es que Dios nos cuida a todos. Él quiere que vivamos lo mejor, aunque algunos días sean amargos y desagradables.

Esperemos, pues, en el Señor.

Para reflexionar… Perseverancia En Busca De La Victoria

“Y el Señor dio la victoria a David por dondequiera que fue” (2 Samuel 8:6).

¿A quién pertenece el éxito? ¿A los ricos? ¿A los más inteligentes? ¿A una pequeña porción de los privilegiados del mundo? Yo creo que los que piensan así se equivocan. Cualquiera, tenga o no dinero, sea inteligente o no, puede alcanzar el éxito. Si le gusta trabajar, si es perseverante y decidido, puede cumplir sus sueños y lograr todas tus metas.

Un gran secreto que ayuda mucho a lograr los propósitos es anteponer la vida y todas las decisiones a Dios. Él sabe lo que debemos hacer, los caminos a seguir, el mejor momento para tomar la iniciativa. Si Él es el Señor de nuestras vidas, no tememos mañana. Él nos guía y va con nosotros. ¡Qué maravillosa compañía!

Con el Señor en nuestros corazones, cada paso que damos es una victoria, una bendición incomparable. ¡El Señor es nuestra victoria!

Si te enfrentas a obstáculos en tu camino en pos de la realización de tus sueños, no te desanimes… persiste… la victoria es tuya y nadie te la puede quitar.