Para reflexionar… Escultor De Felicidad

“Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 Pedro 1:7).

“Sé que Dios prueba a quien Él ama, pero, parece que mi vida es un eterno campo de pruebas. Mis angustias son constantes”.

Es cierto que, cuanto más Dios trabaja en nuestras vidas, lapidando y aparando las aristas, como un Escultor celestial, producimos mucho más de lo que aquellos que no tienen la misma experiencia. En los momentos de dolor y angustia, buscamos mucho más a Dios que cuando estamos sin cualquier problema o batalla a enfrentar. La tranquilidad nos lleva, muchas veces, a la acomodación espiritual.

Dios desea usarnos de manera plena para que todos al nuestro rededor sean bendecidos. Quiere que testifiquemos de la transformación que se operó en nuestras actitudes, desde que Jesús entró en nuestros corazones. Con nuestro testimonio, muchos serán salvos. Desea también que sirvamos de edificación para aquellos que aún están flacos e indecisos para que sean, como nosotros, una luz a alumbrar las tinieblas de ese mundo.

Deje Dios trabajar en su vida. Si ella ya es preciosa, mucho más valor tendrá después el tratamiento del Señor.

Para reflexionar… ¿Hallará O No?

“Y ella dijo a su marido: He aquí ahora, yo entiendo que este que siempre pasa por nuestra casa, es varón santo de Dios” (2 Reyes 4:9).

Un hermano, conversando con otro en la iglesia, dijo: “Estoy procurando un documento que estoy necesitando y no lo encuentro en lugar alguno. Ya busqué toda la casa y nada. No sé lo que hacer”. El otro, con una sonrisa, sugirió: “¿Ya buscó en el lugar donde guarda su Biblia?”

¿Será esa nuestra realidad espiritual? ¿Nuestro comportamiento demuestra a nuestros amigos que la Biblia no hace parte de nuestro vivir diario? ¿Vamos a la iglesia como la cualquiera otro lugar, sin llevar Cristo con nosotros? ¿Somos distinguidos por muchas calidades, menos a de ser un auténtico cristiano?

El apóstol Paulo decía que era un imitador de Cristo. ¿Podemos decir el mismo? ¿Es el Señor la prioridad en todas nuestras decisiones? ¿Hemos andado por nuestros propios intereses o permanecemos firmes, mismo delante de obstáculos, en el camino de Dios?

Si alguien está buscando el Señor Jesús, ¿Lo hallará al encontrarlo o se quedará aún más lejos de Él?

Para reflexionar… No Pierda Tiempo

“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Romanos 8:1).

“Muchos, en todo el mundo, condenados por un acto cualquiera de rebeldía, esperan ansiosamente por una amnistía. Quieren volver a ser libres y tener los derechos que habían perdido. Quieren que sus errores sean amnistiados, o sea, olvidados”.

Dios providenció la mayor amnistía de todos los tiempos. Nosotros, presos a nuestros pecados de rebeldía y desobediencia, fuimos amnistiados. Volvemos a ser libres y debemos conmemorar el hecho de Jesús haber muerto en la cruz para que nuestros errores del pasado fuesen olvidados y pasásemos a disfrutar una nueva vida, abundante y eterna.

¿Y lo qué debemos hacer para lograr tan maravillosa amnistía? Reconocer nuestros fallos, nuestros pecados, pedir perdón y recibir el abrazo del Señor en un “bendito de mi Padre”. En Cristo nos ponemos libres de todo castigo por los actos del pasado.

¿Quiere continuar viviendo lejos de Dios? Aproveche ahora esa bendición ofrecida por Él y reciba Jesús en su corazón. Está con su amnistía en las manos, antojarse, entregarla a usted.

No pierda tiempo… ¡Aproveche ya!

Para reflexionar… El Pasado Apagado

“Que se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad, y limpiar para sí un pueblo propio, seguidor de buenas obras” (Tito 2:14).

Dos hombres conversaban en el trabajo. Uno de ellos dijo: “Me gustaría ser feliz, vivir una vida tranquila y victoriosa, pero estoy preso a lo pasado, encadenado a cosas que hice y de las cuales no consigo liberarme”. El otro comentó: “Es claro que los tormentos del pasado y las amarguras de actos practicados pueden soñar con una liberación. Al final, es exactamente eso que hace nuestro Señor, Salvador y Libertador, Jesucristo. Con Él, las cosas antiguas quedan olvidadas en el pasado y una nueva vida, llena de fe y esperanza, empieza a nacer en nosotros, llenando nuestros corazones de alegría y dicha”.

Muchas veces el pasado nos aprisiona de tal manera que no conseguimos entender qué un simple recomienzo puede traernos el regocijo de una nueva vida, más tranquila, más bendecida, con todos nuestros sueños realizados. Y ¿lo que es necesario para que eso sea una realidad? Apenas un paso, un paso para el Señor Jesús.

Cuando el Señor entra en nuestras vidas, rellenando el vacío de nuestros corazones, entonces las cosas viejas se quedan para detrás y nuevas y maravillosas experiencias nos revisten, mostrando que, con Dios, las cadenas del pasado son completamente deshechas.

Para reflexionar… Todos Nosotros Cometemos Errores. Dios, No.

“Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios”
(Santiago 1:19:20).

¿Lo que hacemos cuando somos agraviados, atacados en nuestros derechos, perjudicados de alguna manera? ¿Queremos luego vengarnos, pagar el mal con el mal, o entregamos todo en las manos del Señor Jesús?

Cuando volví de Singapur, donde hice mi curso de post graduación, estaba con la visión empañada. Fui al médico (un de los mejores de Brasil) y este cometió un error, desgarrando mi retina. Descubrí el error cuando estuve en los Estados Unidos, para una tentativa de recobrar la visión. Allá el médico comentó con el auxiliar que había sido una impericia de mi médico. Recuerdo que muchos amigos me dijeron que debía procesar el médico y la clínica, exigiendo una indemnización por haber quedado completamente ciego. Yo y recusé, prefiriendo confiar en Dios, pues, era a Él que yo estaba sirviendo. Se pasaron ya 32 años y yo jamás me arrepentí de la decisión tomada.

Por aquel tiempo, yo ya sabía que “todas las cosas cooperan para el bien de los que aman a Dios”. Si mis derechos habían sido alcanzados por un error médico, el Señor repararía el error y lo transformaría en bendición para mi vida. Ha sido debido a aquel error que comencé el Ministerio Para Reflexionar, alcanzando millones en todo el mundo.

*Todos nosotros podemos cometer errores, pero el Señor Jamás los cometerá.

Para reflexionar… Todo Tiene Su Tiempo

“Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí” (Isaías 6:8).

Hay muchos hombres y mujeres que se dicen cristianos, pero, viven distraídos en un mundo que exige urgencia. Creen que no necesitan si preocupar por los perdidos, con los que andan en el mundo sin Dios y sin salvación. Hasta citan las Escrituras: “La Biblia dice que todo tiene su tiempo y este es el tiempo de yo aprovechar la vida, divertirme, hacer todo qué siempre soñé. Después, cuando nada más haya a yo hacer, entonces leeré la Biblia, oraré y evangelizaré los pecadores”.

¿Será que el “todo tiene su tiempo” escrito en el libro de Eclesiastés, se refiere al predicar el Evangelio? ¿Será que los perdidos se pondrán sentados, a la sombra de un grande árbol, esperando que los cristianos terminen de vivir sus vidas sin Cristo para después les prediquen la Palabra?

Cuando colocamos nuestras vidas delante del altar del Señor, cumpliendo Su voluntad, entonces nos alegraremos y encontraremos momentos de grande diversión, porque en la presencia de Cristo hay plenitud de alegría.

Necesitamos arrumbar nuestra pereza espiritual y nos presentaremos al Señor y Salvador Jesús Cristo, con el corazón lleno de amor, diciendo: “Heme aquí, Señor, cuente conmigo”.

Para Reflexionar… ¿Haces Falta O No?

“Ya no vivo yo, más vive Cristo en mí” (Gálatas 2:20).

En una tienda de ropas, una cliente preguntó al gerente: “¿Dónde está Rosa? ¿Está enferma?” “No”, “ella se fue”. “Y ¿el señor ya contrató otra? Tengo una amiga que está necesitando de colocación”, dijo la cliente. “Ella no está haciendo falta y, por eso, no habrá ninguna contratación”, contestó el gerente.

¡Es muy triste cuándo descubrimos qué no hacemos falta! El hijo de Dios transforma el ambiente, deja sus marcas, hace la diferencia en un ambiente obscuro. Es imitado, admirado, elogiado por todos que lo conocen. Y se deja algún lugar, todos lamentan, todos sienten su falta.

Los hijos de Dios son aquellos que oirán el “siervo bueno y fiel”, el “benditos de mi Padre”, “serás una bendición”.

Cuando alguien nos dice que no hacemos falta, o que nadie se importará con nuestra partida, es hora de que coloquemos nuestras vidas en el altar de Dios y preguntar, “lo que debo hacer”. Es hora de tener la vida renovada por el Espíritu y comenzar a caminar según la voluntad soberana del Señor Jesús.

¿Tú haces falta en el lugar donde está?

Para reflexionar… Como un vestido remendado

“Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3).

Lorena era una niña muy inteligente y su forma de ser cautivó a todos. Le gustaba mucho un vestido viejo y siempre lo llevaba puesto. La madre no paraba de decir que era hora de tirar ese vestido a la basura, porque ya tenía muchos agujeritos. “No, mamá, me gusta. Solo ponte unos parchecitos y pronto estará como nuevo otra vez”, fue el comentario de la niña.

Eso es lo que muchos piensan acerca de la vida cristiana. Creen que con una pequeña reparación aquí, otro parche allá, es suficiente, y así siguen viviendo como si fueran la “nueva criatura” de la que habla la Santa Biblia. Pensamos que tapando pequeñas costumbres de la vieja naturaleza, nadie se dará cuenta de que seguimos siendo los mismos de siempre, con nuestra rebeldía, nuestras mentiras, nuestro egoísmo, nuestro desamor. Sin embargo, nuestras vidas no son como un vestido viejo que se puede reparar para llenar los defectos.

Cuando Cristo entra en el corazón, no solo cambia el exterior. Transforma, principalmente, el interior, y nos convertimos en una vida nueva, brillante, que ilumina por donde pasa. Dejamos atrás la vida de pecados y nos convertimos en una bendición, para la gloria del nombre de Jesús.

¿Quieres ser una persona nueva en Cristo, o te contentas con parchecitos, como el vestido de esa niña?