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By: LAPEN Argentina

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Para reflexionar… El Primero Y Todos Los Demás

“Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen   en
vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho” (Juan
15:7).

Alguien le preguntó a un joven de 18 años: “¿Qué lugar ocupa Jesús en tu vida?” La respuesta del joven sorprendió a quien
le había preguntado: “Jesús está en todas partes de mi
vida, la primera, la última y en todas las demás”.

¿Qué responderíamos si nos hicieran la misma pregunta?
¿Podemos al menos decir que Él ocupa el primer lugar? ¿Qué no hacemos nada sin pedir Su permiso, Su consejo, Su bendición? ¿O tendremos el coraje de confesar que Jesús está lejos de nuestras prioridades?

Somos felices cuando Jesús camina siempre a nuestro lado.
Somos sabios cuando decimos que no vamos a ningún lugar
donde Cristo no pueda ir con nosotros.  Somos prudentes
cuando decidimos no salir o hacer algo antes de saber la
respuesta de nuestro Señor y Salvador.

Cuando ignoramos a Jesús y actuamos de acuerdo con nuestros
propios pensamientos e intereses, es casi seguro que nos
arrepentiremos de esa decisión y lamentaremos por tan gran
error.

Si nunca te han preguntado esto, te lo pregunto ahora: ¿Qué lugar ocupa Jesús en tu vida?

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Para reflexionar… Vivir Con Mucho Amor

“Todas vuestras cosas sean hechas con amor” (1  Corintios
16:14).

Al visitar a una amiga muy humilde, Ana escuchó: “Lo siento,
no tengo una poltrona confortable para ofrecer. Mi esposo y
yo enfrentamos muchas dificultades y no podemos comprar
muebles mejores”. Ana, sonriendo a su amiga, le dijo: “No te preocupes. Lo único que noté en tu casa fue el cuidado con
el que arreglas tu sala.  Felicitaciones, todo está muy
hermoso.”

Los buenos ojos solo ven cosas buenas. Los corazones llenos
de amor siempre observan las cosas positivas en   las
personas. Un cristiano verdadero, nunca ve los defectos…
solamente las cualidades de los hermanos que participan con
él en las reuniones de la iglesia.

¿Por qué comentar si el vestido de la hermana es hermoso o feo? Mejor ver que la hermana es una bendición en todo lo
que hace para el Señor. ¿Por qué mirar si el hermano está afinado o desafinado en la canción de culto?  Es mejor
glorificar a Dios por él estar alabando al Señor con
lágrimas en los ojos.  ¿Por qué criticar el sermón del predicador? Alabemos al Señor por haberlo dejado todo para
entregarse enteramente al Señor Jesús, trabajando   con
determinación y amor para llevar a muchos a la vida eterna.

Todo lo que decimos y todo lo que miramos, sea hecho con
mucho amor.  Así engrandeceremos el nombre del Señor y
seremos mucho más felices.

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Para reflexionar… ¿Quieres recibir?

“Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y
rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma
medida con que medís, os volverán a medir” (Lucas 6:38).

“Estaba en el mundo, caído, perdido, lejos del camino. Jesús
lo encontró, curó sus heridas y lo trajo aquí.  Restaurado,
estaba listo a cooperar, pero si se niega… está decidido a
ser un rajá. Sabe pedir, Jesús, Jesús, dame, dame, dame.
Quiere recibir, pero no quiere trabajar…”  (fragmento de
una canción de Cícero Nogueira)

Muchos de nosotros somos como el personaje de esta canción.
Queremos todo de Dios y no estamos dispuestos a  ofrecer
nada. En los días de adoración, encontramos todo tipo de
excusas para nuestra ausencia. Cuando hay un llamado para
trabajar en la iglesia, siempre nos escondemos, dejando la
tarea a otros.  Cuando somos    llamados    a    cooperar
económicamente por alguna necesidad especial, aprovechamos
para levantarnos e ir a tomar algo… Y el verso “dad y se os dará” del Evangelio de Lucas, está    completamente
olvidado.

Todo lo pedimos a Dios y tratamos con indiferencia lo que
Dios nos pide. Luego murmuramos sobre no ser atendidos. Dios
siempre quiere ayudarnos, pero la mayoría de las veces nos
ofrece tiempo para meditar en por qué él la respuesta tarda
en darse.

¿Tienes la costumbre de pedirle al Señor muchas cosas? ¿Y qué le ofreces antes de pedirlo?

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Para reflexionar… Haz Que Tu Vida Brille

“Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y
engrandeceré tu nombre, y serás bendición” (Génesis 12:2).

“Me gustaría ser usado por Dios para predicar al mundo que
es precioso tener a Jesús en nuestros corazones”, le dijo un
nuevo converso a un hermano con más experiencia en la
iglesia. “Si realmente quieres eso”, aconsejó el hermano,
“deja que el mundo vea cuán precioso Es Jesús en su propia
vida”.

Para mostrarle al mundo que Jesús nos da la verdadera
alegría, debemos estar siempre alegres, incluso cuando las
luchas nos atacan por todos lados. Si queremos proclamar que
el Señor es amor en nosotros, no dejemos que nuestras
actitudes dejen dudas de cuánto aprendemos a amar con Él. Al
testificar que Jesús es el único Señor y Salvador, estemos
seguros de que no oiremos: “Pero vosotros seguís murmurando
y quejándose de todo”.

Nuestra vida diaria habla mucho más alto que cien palabras.
Incluso sin decir nada, a menudo predicamos el mejor sermón
que un incrédulo haya escuchado jamás. Un brillo especial en
nuestro rostro hace más que el relato de muchos milagros del
Señor.

Debo ser la vitrina donde la gente pueda encontrar, al mismo
tiempo, la fe, la esperanza y el amor que los predicadores
proclaman a menudo desde el púlpito de sus iglesias.

¿Quieres ser un gran predicador? Empieza a predicar por tu la vida cotidiana.

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Para reflexionar… Vientos A Favor Y Vientos Contra

“El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor”
(1 Juan 4:8).

Un amigo le dijo a otro: “A veces siento la presencia de
Dios. Los vientos soplan a mi favor y mi vida vive momentos
de mucha paz y tranquilidad.  A veces los vientos son
completamente contrarios, todo sale mal y los problemas de
la vida me hacen pensar que, en verdad, Dios no me ama”.

Por supuesto que ese hombre no tenía razón.  Con vientos
favorables, con vientos contrarios, con todo marchando bien
o enfrentando días de fracasos y derrotas, Dios siempre nos
ama. Después de todo, Él es amor y Su amor es en gran parte
responsable de hacernos pasar por esos momentos, buenos o
malos, bajo su protección y cuidado.

En momentos de gran alegría aprendemos mucho de Dios.  En
momentos de dificultad y sufrimiento, aprendemos, además,
mucho con Dios. En todo momento, Dios es amor.

No importa de qué lado soplé el viento, Dios ama y por eso
estamos muy felices.

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