Para Reflexionar… Regando margaritas

“Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él” (1 Juan 4:16).

“El amor de Dios es como el río Amazonas que fluye para regar una margarita”.

Nosotros, que hemos experimentado un amor tan grande, debemos expandirlo por todos lados para llegar a las margaritas que, lejos de Dios, aún no han experimentado la bendición de Su amor.

¿Y a qué margaritas debemos alcanzar? Toda nuestra casa, todos nuestros familiares, nuestros amigos de estudio, nuestros amigos del trabajo, los que nos brindan los servicios imprescindibles para nuestra vida. Dios ama a todos y quiere que todos sean salvados por Su amor y que sus nombres estén escritos en el Libro de la Vida.

No hay mayor gozo que difundir el amor de Dios. El rencor trae heridas al alma que tal vez nunca se curen. La indiferencia convierte nuestros días en momentos fútiles e insignificantes. El mal siempre se vuelve contra nosotros, minando nuestras fuerzas y destruyendo nuestras esperanzas. Solo el amor, vivido con intensidad y perseverancia, produce frutos de verdadera felicidad para aquellos a quienes alcanzamos y para nosotros mismos, por toda la eternidad.

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