Para Reflexionar… ¿Cómo será tu boda?

“Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:4).

Cuando asistía a una boda, a un niño de siete años le preguntaron cómo sería su matrimonio. Él respondió solemnemente: “Nunca me casaré. He vivido mucho tiempo con personas casadas”.

¿Qué ejemplo hemos dado a nuestros hijos? ¿Qué estímulo ven en nosotros para sus vidas futuras? ¿Qué han aprendido de nosotros que podrán enseñar a sus hijos cuando también estén casados?

A menudo lamentamos los caminos recorridos por nuestros hijos, sin reconocer que, en gran medida, es culpa nuestra. Cuando eran niños les enseñamos a mentir, a pasar los días discutiendo, a fingir una santidad que no estaba en nosotros, a superar los obstáculos de la vida con un “lo importante es vencer” y no dejar, por fe, que el Señor nos ayude en nuestras luchas, dandonos la victoria que viene del cielo.

Nuestros hijos miran, todos los días, nuestro mal humor, nuestros gritos, nuestra ignorancia en casa. ¿Cómo serán sus vidas cuando sean adultos? Si se reflejan en nosotros, debemos darles un ejemplo de amor, fe, comprensión, paciencia, una vida obediente y sumisa a Dios. Si es así, seguramente estarán preparados para ser, con gran felicidad, una bendición en las manos del Señor Jesús.

Si a nuestros hijos se les pregunta, “¿Cómo será su boda?” que digan sin vacilar: “Será como la de mi padre y mi madre”.

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