Para reflexionar… Reflejo Perfecto

“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto”
(Juan 15:1, 2).

“Cuando nos preocupamos por los necesitados, reflejamos la verdadera naturaleza de Dios”. (Autor desconocido)

El Señor nos dejó la enseñanza del amor. Es la actitud más grandiosa de un hijo de Dios. Y es por amor que debemos preocuparnos por las necesidades de quienes nos rodean.

Cuando nos enfrentamos a una persona desconsolada por alguna desgracia, debemos estar dispuestos a ofrecerle nuestro hombro amistoso. Eso es lo que Dios quiere que hagamos. Cuando sabemos que un amigo ha perdido la fe, ha alejado las esperanzas, se ha resignado a la imposibilidad de una solución a su problema, debemos tomarlo de la mano, fortalecerlo con las promesas de la Palabra de Dios, ofrecer nuestra ayuda para que recupere su confianza. Dios quiere que seamos una bendición para que el amigo renazca en su fuerza espiritual. Cuando descubramos que alguien tiene algún tipo de necesidad, abramos los cajones de nuestro corazón. Busquemos lo que tenemos y veamos cuánto podemos ayudar. Dios nos ha elegido en este mundo para ser sus auténticos representantes.

¿Has sido un reflejo perfecto del Señor o no te pareces en nada a Él?

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