¿Puede un niño pequeño creer en Jesucristo?

¿Puede un niño pequeño creer en Jesucristo?

por Sam Doherty
¿Hay edad para llegar a ser salvo? ¿Puede un niño pequeño aceptar a Cristo como Salvador y estar consciente de lo que esto significa? ¿Qué dice la Biblia al respecto? Este artículo analiza varios versículos bíblicos del Antiguo y del Nuevo Testamento para ayudarnos a encontrar respuestas a estas preguntas.
¿Puede un niño pequeño creer en Jesucristo?Segundo artículo de la serie: Ellos necesitan convertirse
 
En Mateo 18:6 el Señor Jesús habla acerca de «uno de estos pequeños que creen en mí». El contexto nos muestra que tenía a un niño en sus brazos y que se refería a él mientras hablaba (Mateo 18:2; Marcos 9:36). La palabra griega usada para «niño» en Mateo 18:2-5 y en Marcos 9:36 es «paidion». Esta palabra significa un niño pequeño, no un bebé, pero un niño de corta edad. En Mateo 18:6,10 y 14 se usa la palabra «mikros». Esta palabra significa algo o alguien pequeño. Su uso es similar, por lo tanto, a «niño pequeño» y su significado es básicamente el mismo. Podemos confirmar esto por el hecho de que el Señor Jesús tenía a un niño en sus brazos mientras hablaba, y a quien se refería al usar ambas palabras. Por lo tanto, estaba hablando de niños y específicamente de niños pequeños.
 
La palabra «creer» en el versículo 6 es la traducción de la palabra griega «pisteuo» que significa «confiar» o «tener confianza en». Significa «depender de» y no simplemente «creencia». Es la misma palabra que se usa en Juan 3:16: «Todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna». También se usa en Hechos 16:31 cuando Pablo, respondiendo a la pregunta: «¿Qué tengo que hacer para ser salvo?», dice: «Cree en el Señor Jesús; así tú y tu familia serán salvos».
 
En consecuencia, el Señor Jesús nos hace saber en Mateo 18:6 que es posibleque un niño pequeño confíe o ponga su confianza en él y de esa manera sea salvo. Tal afirmación del Señor Jesús deja en claro y sin lugar a duda que un niño puede ser salvo, no importa lo que otros puedan decir.
 
Esta verdad, que un niño puede ser salvo, también se puede encontrar en otros versículos específicos en diferentes partes del Nuevo Testamento.
 
En la carta a la iglesia de Éfeso (Efesios 1:1) Pablo se dirige a todos los santos desde 1:1 hasta 5:21. Luego se dirige a grupos específicos de los santos y a cada grupo comunica las pautas y los mandatos que se aplican sólo a ese grupo. Estos grupos son: esposas (5:22–24), esposos (5:25–33), padres (6:4), esclavos (6:5–8) y amos (6:9). Se sobreentiende que los que forman cada uno de estos grupos son creyentes y santos.
 
Pero existe también otro grupo de creyentes o santos a quienes se dirige en forma directa. Son los niños (6:1–3): «Hijos», escribe, «obedezcan en el Señor a sus padres». Esto nos demuestra claramente que había niños en Éfeso que eran santos o creyentes, y que a ellos se dirigía. Esto significa que es posibleque un niño sea santo o creyente. Se puede llegar a la misma conclusión luego de leer y comparar Colosenses 1:2 y 3:20.
 
La palabra griega que se usa para niños en estos dos pasajes de Efesios y Colosenses no es la palabra «paidion» que mencionamos anteriormente, sino la palabra griega «teknon». Es una palabra más amplia usada para indicar niños de todas las edades. Pero también se usa a veces para indicar niños pequeños, como por ejemplo en Mateo 15:26; Hechos 21:5,21; 1 Tesalonicenses 2:7; 1 Timoteo 3:4; Apocalipsis 12:4. Por lo tanto, podemos concluir que estas citas por lo menos incluyen a niños pequeños. El hecho de que a estos niños se les manda obedecer a sus padres también implicaría que son relativamente pequeños.
 
En el primer capítulo de la carta a Tito, Pablo menciona los requisitos para ser anciano. Uno de estos es: «Sus hijos deben ser creyentes, libres de sospecha de libertinaje o de desobediencia» (vs 6). Aquí nuevamente se usa la palabra «teknon», y la conclusión lógica es que tiene que ser posible que niños, de diversas edades, confíen en Jesucristo.
 
Versículos específicos en el Nuevo Testamento tales como los que hemos visto nos demuestran que es posible que un niño confíe en Jesucristo como su Señor y Salvador.


 
Por todo lo antedicho, debemos creer que los niños pueden confiar en Jesucristo como su Salvador.


 
En el Antiguo Testamento también hay varias indicaciones muy claras de que es posible que un niño tenga una verdadera experiencia de Dios.
 
En Deuteronomio 31:12 Moisés indica a los sacerdotes y ancianos: «Reunirás a todos los hombres, mujeres y niños de tu pueblo, y a los extranjeros que vivan en tus ciudades, para que escuchen y aprendan a temer al SEÑOR tu Dios…» La palabra hebrea que se usa aquí para niños es «taph» y se refiere específicamente a «pequeños». Queda claro sobre la base de este mandato que Moisés consideraba que era posible que cada uno de los cuatro grupos, incluidos los niños (los pequeños), temiera al Señor. Temer al Señor es una experiencia espiritual a la que se hace referencia con frecuencia en la Biblia y sobre todo en el Antiguo Testamento (Salmo 34:7,9, 11; Salmo 103:11,13,17).
 
En el Salmo 34:11 David dice a los niños: «Vengan, hijos míos, (una palabra hebrea más general, pero que también se puede usar para indicar niños pequeños) y escúchenme, que voy a enseñarles el temor del SEÑOR». David obviamente creía que los niños podían entender lo que era el temor del Señor, y que era posible que le temieran.
 
En Proverbios 8:17 Dios da una bondadosa promesa al decir: «Yo amo a los que me aman, y me hallan los que temprano me buscan» (RV-95). Si bien la promesa se refiere directamente a buscar a Dios de mañana, sería lógico que el principio también se extienda a los que buscan a Dios en la mañana de su vida, e incluso en el mismo amanecer de ella.


 
Por lo tanto, debemos creer que es posible que los niños teman a Dios.
 
Al leer los primeros 8 versículos del Salmo 78 es evidente que el salmista tenía una gran carga por los niños (vs 4,5,6), o, como también los llama: «La generación venidera» (vs 4,6). Quiere que oigan la Palabra de Dios (vs 4-6), pero su principal propósito y deseo es que «pondrían su confianza en Dios» (vs 7). Por lo tanto, tiene que haber creído que era posible que los niños pusieran su confianza en Dios. Él no quería que ellos al crecer fuesen como «sus antepasados: generación obstinada y rebelde, gente de corazón fluctuante, cuyo espíritu no se mantuvo fiel a Dios» (vs 8).


 
Por lo tanto debemos creer que es posible que los niños pongan su confianza en Dios.


 
La historia de Samuel (1 Samuel 3) es un excelente ejemplo de un niño, de corta edad, que tuvo una verdadera experiencia con Dios. El versículo 7 demuestra que no había conocido anteriormente al Señor y en el versículo 10 leemos que oyó la voz del Señor y respondió a su llamado. En el versículo 19 encontramos que de ese día en adelante creció tanto física como espiritualmente.


 
Por lo tanto debemos creer que es posible que un niño pequeño oiga la voz del Señor y que responda a su llamado


 
Leemos en 2 Crónicas 24:1 de Joás quien ascendió al trono de Judá a los siete años de edad. El siguiente versículo nos dice que «hizo lo que agradaba al SEÑOR» durante años. También en 2 Crónicas 34:1–3 leemos que Josías, quien ascendió al trono a los 8 años de edad, «hizo lo que agrada al SEÑOR, pues siguió el buen ejemplo de su antepasado David». Ambos ejemplos nos demuestran que es posible que un niño haga lo que agrada al Señor.


 
Por lo tanto debemos creer que es posible que un niño haga lo que agrada el Señor.


Otros versículos bíblicos nos muestran que un niño puede confiar en Cristo


Los versículos específicos arriba mencionados nos muestran con claridad que es posible que un niño, incluso un niño pequeño, tenga una verdadera experiencia de Dios, y que ponga su confianza en el Salvador. Pero además hay muchos otros versículos, sobre todo en el Nuevo Testamento, que muestran con claridad que la salvación es para todos. La salvación no es sólo para aquellos que han alcanzado cierta edad. La única condición no tiene que ver con clase, color, credo o edad; es solamente que la persona en cuestión crea y ponga su confianza en Jesucristo.
 
La Biblia nos enseña que «tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna» (Juan 3:16). La palabra «todo» incluye a los niños; y es incorrecto leer o interpretar este versículo de tal manera que diga «todo el que tenga más de 10 ó 12 ó 14 años que cree en él no se pierda». La Biblia no nos da una edad límite para la conversión. Por lo tanto, tampoco nosotros deberíamos hacerlo.
 
Existen muchos otros versículos que nos enseñan que la salvación es para todos, siempre y cuando confíen en Jesucristo (Juan 1:12; 3:36; Hechos 13:39; 16:30,31; Romanos 10:9–13, Efesios 2:8).


 
Por lo tanto creemos que la salvación no se limita a un grupo o ciertos grupos. Es para todos siempre y cuando confíen en el Señor Jesucristo como su Salvador.


 
Si una persona tiene la edad suficiente para creer o confiar en Cristo, tiene la edad suficiente para ser salvo. ¿Puede un niño entender lo que es el pecado? ¿Es posible que sea convencido de su pecado? ¿Puede tener el deseo de dejar el pecado? ¿Puede el niño comprender, de alguna manera, que Jesucristo murió por él y por su pecado? ¿Es posible que, en su corazón, venga a Jesucristo y sencillamente confíe en él? Entonces tiene la edad suficiente para ser salvo.
¿A qué edad puede un niño ser salvo? No lo sabemos. La Biblia no lo dice. Cada niño es diferente y cada niño llega en un momento distinto a una edad de poder comprender y poder confiar en Cristo y ser salvo. Lo cierto es que esa edad está muy por debajo de los 14 ó 12 años. Mi propia experiencia al evangelizar a niños es que muchos vinieron a Cristo entre los 8 y 10 años de edad, y varios eran aun menores. De hecho, existen numerosos ejemplos de niños de hogares tanto cristianos como no cristianos que han confiado en Cristo a los 7, 6, 5 o hasta 4 años, y que desde ese momento han empezado a vivir para él.
Tomado y adaptado del libro ¿Por qué evangelizar a los niños?, Sam Doherty, Desarrollo Cristiano Internacional, 2002, pp. 34–39

 

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