Para reflexionar… Nada Que Pedir

“Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo” (Juan 21:17).

“El verdadero cristiano se arrodilla ante Dios por lo que es, y nada más”.

¿Por qué solo recordamos orar al Señor cuando lo necesitamos? ¿Por qué, en la aflicción, nos entregamos ante Dios para pedir ayuda o algo que nos falta? ¿Por qué siempre recordamos la promesa “Pide y se te dará” y no recordamos dar las gracias sin nada pedir?

Felices somos cuando nos postramos ante el Señor para decir: “Tú eres el Dios de mi salvación”. Fieles siervos del Señor somos cuando confesamos en oración: “Sin ti no puedo hacer nada”. Somos auténticos cuando le decimos: “Escondí Tu Palabra en mi corazón para no pecar contra Ti”. Somos verdaderos victoriosos cuando simplemente le decimos a nuestro Dios: “Señor, sabes que te amo”.

A menudo, nuestra relación con Dios se limita a una relación de telemarketing. Llamamos al Cielo y, como si estuviéramos llamando a la farmacia o al servicio de entrega de agua o lo que sea, y le pedimos: “Tráeme esto” o “Tráemelo lo antes posible”. ¿Es esta una relación correcta entre nosotros los cristianos y nuestro Señor y Salvador?

Aprovecha cada momento que tengas y en oración dile a Dios: “No quiero pedir nada, Señor. Solo quiero decirte que te amo”.

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