El Cuerpo Maravilloso que Dios creó – Devocionales Para Niños
LA MANDÍBULA
¡Se le cayó la mandíbula!
¿Sabías que en tu cara tienes un hueso que es el único “viajero” de toda tu cabeza? Se llama mandíbula. Mientras que todos los demás huesos de tu cráneo están quietecitos y unidos, la mandíbula es el único hueso móvil; ella puede subir, bajar y moverse hacia los lados para que puedas hablar, cantar y comer tus alimentos favoritos. Dios la diseñó como un marco de seguridad súper resistente que protege nervios muy importantes y le da forma a tu barbilla. De hecho, ¡es el hueso más duro y fuerte de toda tu cara! Es tan fuerte que puede resistir muchísima presión, pero a veces, cuando vemos algo realmente increíble, nuestros músculos se relajan tanto por la sorpresa que la mandíbula baja de repente… ¡por eso decimos que a alguien “se le cayó la mandíbula” del asombro!
Amiguito, mira lo que dice Job 42:2 (TLA):
“Yo sé que tú lo puedes todo, y que nadie puede detener tus planes.”
Este versículo nos habla del asombro ante el poder de Dios. Así como nuestra mandíbula se baja cuando vemos algo que nos deja con la boca abierta, el profeta Job se dio cuenta de que las maravillas de Dios son tan grandes que no hay palabras para explicarlas. Dios diseñó tu mandíbula para que, además de comer, puedas usarla para expresar tu admiración por Su creación. Cada vez que aprendes algo nuevo sobre tu cuerpo o ves un atardecer hermoso y te quedas asombrado, tu mandíbula es la que te permite hacer ese gesto de “¡Wow!”. Dios quiere que vivamos con un corazón dispuesto a asombrarse por Su bondad todos los días.
La enseñanza que nos deja la mandíbula es la de la fortaleza y la apertura. Ella es dura como una roca para protegernos, pero también es flexible para permitirnos comunicarnos. De la misma manera, nosotros debemos ser firmes en lo que creemos, pero siempre estar abiertos para aprender cosas nuevas de Dios. Nuestra mandíbula sostiene nuestros dientes para alimentarnos, recordándonos que Dios es quien provee todo lo que necesitamos. Hoy, cuando abras tu boca para reír o para dar un bocado a tu comida, recuerda que tienes un diseño de ingeniería perfecto en tu rostro. ¡Usa tu mandíbula para hablar maravillas de Dios y para dejar que el asombro por Su amor llene siempre tu vida!
Oración Final:
Amado Dios, te doy gracias por mi mandíbula, el hueso fuerte y móvil que me permite hablar y alimentarme. Gracias por todas las cosas increíbles que haces y que me dejan asombrado. Ayúdame a usar mi boca para darte gracias y para contarle a otros lo grande que Tú eres. Amén.
Amiguito, es hora de aceptar una misión:
Ponte frente a un espejo y abre la boca lo más que puedas, como si estuvieras viendo el milagro más grande del mundo. Siente cómo se mueve tu mandíbula y dile a Dios: “¡Señor, me asombro de Tu poder!”. Luego, usa esa misma mandíbula para darle una palabra de agradecimiento a quien preparó tu comida hoy. ¡Que tu asombro se convierta en gratitud!
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“No somos un ministerio grande…
…pero sí somos un gran ministerio”
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