“No somos un ministerio grande, pero sí somos un gran ministerio”

LA LEY DEL MAESTRO

📚 LA LEY DEL MAESTRO

El maestro eficaz enseña desde la abundancia de una vida en constante crecimiento

“El discípulo bien preparado será como su maestro”.
Lucas 6:40

Enseñar la Biblia es mucho más que transmitir información, completar una guía o dirigir una actividad. El maestro cristiano participa en la formación espiritual de otras personas. Sus palabras, decisiones, actitudes y hábitos pueden influir profundamente en quienes aprenden de él.

Por eso, la preparación del maestro no comienza al abrir el manual de la próxima clase. Comienza en su propia vida: en su relación con Dios, su carácter, su conocimiento de las Escrituras y su disposición para continuar aprendiendo.

La Ley del Maestro puede resumirse así:

Si hoy dejas de crecer, mañana comenzarás a perder eficacia al enseñar.

No significa que una persona deba saberlo todo antes de comenzar a enseñar. Ningún maestro ha alcanzado ese nivel. Significa que quien enseña debe permanecer en movimiento: aprendiendo, siendo corregido, profundizando y permitiendo que Dios transforme continuamente su vida.

1. NO PODEMOS DAR LO QUE NO POSEEMOS

Un maestro puede repetir información que leyó en un libro, encontró en internet o escuchó de otra persona. Sin embargo, existe una diferencia entre repetir una enseñanza y comunicar una verdad que ha sido comprendida, creída y aplicada.

No podemos comunicar desde el vacío.

Podemos explicar el significado de la oración, pero si nunca cultivamos una vida de oración, nuestras palabras carecerán de profundidad. Podemos hablar sobre el perdón, pero si alimentamos resentimientos, nuestros alumnos percibirán la contradicción. Podemos enseñar sobre el amor de Dios, pero si tratamos con desprecio a las personas, nuestro comportamiento negará el mensaje.

El conocimiento bíblico debe pasar por tres etapas:

  1. Entra en la mente: comprendemos la verdad.
  2. Desciende al corazón: creemos y valoramos la verdad.
  3. Se expresa en la vida: practicamos la verdad.

Cuando una enseñanza permanece únicamente en la mente, puede producir información. Cuando alcanza el corazón y transforma la conducta, puede convertirse en un testimonio vivo.

Una pregunta necesaria

Antes de enseñar una verdad bíblica, el maestro debería preguntarse:

¿Qué ha hecho primero esta verdad en mi propia vida?

Esto no significa que solo podamos enseñar temas en los que ya somos perfectos. Significa que debemos acercarnos a la clase con humildad, reconociendo que también estamos aprendiendo y necesitando la gracia de Dios.

2. EL MAESTRO ES PRIMERO UN DISCÍPULO

La palabra “discípulo” comunica la idea de un aprendiz. Antes de ser maestros de otros, somos discípulos de Jesucristo.

El maestro cristiano no se coloca por encima de sus alumnos como alguien que ya conoce todas las respuestas. Se presenta como una persona que continúa caminando con Dios y que invita a otros a acompañarlo.

Esta actitud transforma la enseñanza.

Un maestro orgulloso dice:

  • “Yo ya conozco esta historia”.
  • “No necesito preparar esta lección”.
  • “He enseñado este tema muchas veces”.
  • “Nadie tiene nada nuevo que mostrarme”.

Un maestro con corazón de discípulo dice:

  • “Señor, ¿qué quieres enseñarme nuevamente?”
  • “¿Qué detalle del texto no he comprendido?”
  • “¿Qué necesito corregir?”
  • “¿Cómo puedo comunicar esta verdad con mayor claridad?”
  • “¿Qué puedo aprender de mis alumnos?”

La experiencia es valiosa, pero también puede convertirse en un peligro si produce autosuficiencia. Haber enseñado durante muchos años no significa automáticamente que continuemos creciendo.

Podemos acumular años de experiencia o simplemente repetir el mismo año muchas veces.

3. LA PALABRA NO CAMBIA, PERO NOSOTROS DEBEMOS CRECER

La verdad de Dios permanece firme. Las Escrituras no necesitan adaptarse a nuestros gustos para continuar siendo relevantes.

Sin embargo, nuestra comprensión debe profundizarse.

Pedro escribió:

“Más bien, dejen que la bondad y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo los hagan crecer”.
2 Pedro 3:18 (TLA)

Al leer un pasaje bíblico en diferentes momentos de la vida, podemos descubrir nuevas dimensiones de su aplicación. El texto no cambió; nosotros atravesamos otras experiencias, formulamos mejores preguntas y desarrollamos una comprensión más madura.

Por ejemplo, la historia de José puede enseñarnos sobre los sueños cuando somos niños, sobre la integridad cuando somos jóvenes, sobre la perseverancia cuando enfrentamos injusticias y sobre el perdón cuando hemos sido heridos.

El crecimiento del maestro incluye:

  • Conocer mejor el contenido de la Biblia.
  • Aprender a interpretar correctamente un pasaje.
  • Comprender el desarrollo de los niños.
  • Mejorar la comunicación.
  • Cultivar madurez emocional.
  • Reconocer prejuicios y corregirlos.
  • Desarrollar sensibilidad pastoral.
  • Aprender a escuchar.
  • Fortalecer su relación con Dios.
  • Aplicar las enseñanzas a su propia conducta.

El crecimiento integral del maestro enriquece toda su enseñanza.

4. EL PELIGRO DEL ESTANCAMIENTO

El agua que corre se mantiene en movimiento, pero el agua estancada puede acumular suciedad y perder frescura.

Lo mismo puede suceder con un maestro.

Al principio prepara cada clase con entusiasmo, ora por sus alumnos y busca nuevas maneras de explicar la verdad. Con el paso del tiempo puede comenzar a depender únicamente de la experiencia. Ya conoce las historias, conserva materiales antiguos y piensa que no necesita estudiar nuevamente.

Entonces aparecen algunas señales de estancamiento:

  • Enseña siempre de la misma manera.
  • Utiliza actividades sin relacionarlas con el objetivo bíblico.
  • Repite frases que nunca ha comprobado en las Escrituras.
  • Rechaza cualquier recomendación.
  • Culpa a los alumnos cuando una clase no funciona.
  • Pierde la capacidad de escuchar.
  • Deja de orar por quienes enseña.
  • Prepara la lección a última hora.
  • Confunde experiencia con madurez.
  • Se preocupa más por terminar el contenido que por formar personas.

El estancamiento no siempre comienza con una decisión abierta de abandonar el aprendizaje. Frecuentemente aparece de manera gradual, cuando dejamos de hacernos preguntas.

5. ¿DE QUÉ FUENTE BEBEN TUS ALUMNOS?

Un profesor acostumbraba levantarse muy temprano para estudiar. La luz de su escritorio permanecía encendida antes del amanecer y volvía a encenderse durante la noche.

Cuando uno de sus estudiantes le preguntó por qué estudiaba tanto, respondió:

“Prefiero que mis estudiantes beban de una corriente en movimiento y no de un estanque estancado”.

La expresión presenta un desafío para cada maestro.

Nuestros alumnos reciben más que el contenido de una lección. Beben de nuestra manera de relacionarnos con Dios, interpretar la Biblia, enfrentar las dificultades y tratar a las personas.

Debemos preguntarnos:

  • ¿Encuentran en nosotros una fe viva o solamente conceptos religiosos?
  • ¿Observan pasión por la Palabra o una rutina sin entusiasmo?
  • ¿Reciben gracia o únicamente exigencias?
  • ¿Aprenden a formular preguntas o sienten temor de participar?
  • ¿Perciben coherencia entre nuestra enseñanza y conducta?
  • ¿Los conducimos hacia Cristo o buscamos que dependan de nosotros?

El maestro no es la fuente de la vida espiritual. Cristo es la fuente. Nuestra responsabilidad consiste en permanecer conectados con Él para orientar a los alumnos hacia su verdad.

6. EL ALUMNO BIEN PREPARADO SERÁ COMO SU MAESTRO

Jesús declaró:

“El discípulo bien preparado será como su maestro”.
Lucas 6:40

Esta afirmación debería producir esperanza y responsabilidad.

Los alumnos aprenden mediante nuestras explicaciones, pero también mediante la observación. Prestan atención a detalles que quizá nosotros ignoramos.

Observan:

  • Cómo respondemos cuando alguien se equivoca.
  • Si cumplimos nuestras promesas.
  • La manera en que corregimos.
  • Cómo hablamos de otros líderes.
  • Si reconocemos nuestros errores.
  • Si tratamos a todos con dignidad.
  • Cómo reaccionamos ante una interrupción.
  • Si utilizamos la Biblia correctamente.
  • Si sabemos escuchar preguntas difíciles.
  • Si nuestra conducta confirma el mensaje.

Un niño puede olvidar algunos datos de la lección, pero recordar durante años cómo lo hicimos sentir.

Si enseñamos que Dios ama a los niños, pero humillamos públicamente al que se equivoca, la experiencia contradice la enseñanza. Si hablamos del perdón, pero actuamos con resentimiento, nuestros alumnos aprenderán la incoherencia. Si reconocemos humildemente un error y pedimos perdón, les mostraremos cómo funciona el evangelio en la vida real.

7. ENSEÑAR CON LA VIDA Y CON LA PALABRA

La enseñanza cristiana eficaz necesita dos elementos inseparables:

Fidelidad bíblica

El maestro debe comunicar lo que realmente enseña el pasaje. No debe utilizar la Biblia como excusa para promover ideas personales, preferencias culturales o conclusiones que el texto no sostiene.

Coherencia personal

El maestro debe procurar vivir bajo la autoridad de la misma Palabra que enseña.

La coherencia no significa perfección. Significa integridad: reconocer nuestras debilidades, pedir ayuda, corregir errores y continuar creciendo.

Los alumnos no necesitan maestros que finjan ser perfectos. Necesitan adultos confiables que amen a Cristo, tomen en serio su Palabra y sepan arrepentirse cuando fallan.

8. DIOS QUIERE OBRAR EN TI

Quien desea ministrar a otros debe permitir primero que Dios ministre su propia vida.

Dios quiere trabajar por medio del maestro, pero también desea trabajar dentro del maestro. Antes de utilizar el instrumento, quiere limpiarlo, afilarlo y prepararlo.

Antes de enseñar sobre el amor

Permite que Dios examine la manera en que tratas a las personas difíciles.

Antes de enseñar sobre el perdón

Pregúntate si conservas resentimientos que necesitas entregar al Señor.

Antes de enseñar sobre la obediencia

Examina si existe alguna instrucción bíblica que continúas postergando.

Antes de enseñar sobre la oración

Considera cómo está tu propia comunicación con Dios.

Antes de hablar sobre la verdad

Revisa si tus palabras y compromisos son confiables.

Antes de enseñar sobre la humildad

Evalúa cómo reaccionas cuando alguien te corrige.

Esta evaluación no busca descalificar al maestro, sino conducirlo a la gracia. Dios utiliza personas en proceso, pero espera que permanezcan dispuestas a ser transformadas.

9. LA PERSONALIDAD DEL MAESTRO COMO VEHÍCULO

Dios comunica su verdad por medio de personas diferentes. Algunos maestros son enérgicos; otros, tranquilos. Algunos cuentan historias con facilidad; otros explican cuidadosamente. Algunos conectan mediante el humor; otros transmiten seguridad por su serenidad.

No necesitamos imitar artificialmente la personalidad de otro maestro.

Dios puede utilizar:

  • Tu historia.
  • Tu manera de comunicar.
  • Tus experiencias.
  • Tu sensibilidad.
  • Tus dones.
  • Tu creatividad.
  • Incluso las áreas en las que has experimentado restauración.

Sin embargo, nuestras características personales deben ser sometidas al Espíritu Santo.

Una personalidad fuerte necesita aprender a escuchar. Una persona tímida necesita desarrollar valentía. Un maestro creativo necesita aprender orden. Uno muy organizado debe conservar sensibilidad ante las necesidades inesperadas de sus alumnos.

El propósito no es perder nuestra identidad, sino permitir que Cristo transforme nuestra personalidad en un instrumento útil.

10. EL PRIVILEGIO DE REPRESENTAR A DIOS

Dios podría haber escogido medios aparentemente más eficientes para anunciar su verdad. Sin embargo, decidió utilizar personas.

Somos frágiles, limitados y dependientes de su gracia. Aun así, Dios nos permite representar su amor ante una nueva generación.

Cada vez que un maestro entra al salón lleva una responsabilidad sagrada. Delante de él no hay simplemente una audiencia pequeña. Hay personas creadas a imagen de Dios, con preguntas, heridas, capacidades y posibilidades.

Una conversación breve puede despertar una vocación. Una palabra bondadosa puede devolver esperanza. Una explicación clara puede ayudar a un niño a comprender el evangelio. Una intervención responsable puede protegerlo de una situación peligrosa.

Nunca debemos subestimar el alcance de una clase.

El maestro quizá no vea inmediatamente los resultados, pero Dios puede utilizar una semilla bíblica muchos años después.

11. CRECIMIENTO ESPIRITUAL DEL MAESTRO

El crecimiento del maestro comienza en su relación con Dios.

Lectura bíblica personal

No leas las Escrituras únicamente para buscar contenido para una clase. Léelas para conocer a Dios, escuchar su voz y someterte a su verdad.

Oración

Ora por tu carácter, preparación y alumnos. Pide discernimiento para reconocer sus necesidades y sabiduría para responder.

Adoración

Recuerda que antes de realizar una tarea eres hijo de Dios. El ministerio nace de la comunión, no de la necesidad de demostrar valor.

Obediencia

La comprensión bíblica aumenta cuando respondemos a lo que Dios ya nos mostró. No busques solamente nuevas enseñanzas; practica las que ya conoces.

Comunidad cristiana

Todo maestro necesita recibir enseñanza, rendir cuentas y caminar con otros creyentes. Quien siempre enseña, pero nunca se sienta a aprender, corre un peligro espiritual.

12. CRECIMIENTO BÍBLICO Y DOCTRINAL

La buena intención no reemplaza la preparación.

El maestro debe aprender a estudiar la Biblia con responsabilidad. Antes de enseñar un pasaje, necesita investigar:

  • ¿Quién escribió el libro?
  • ¿A quién fue dirigido?
  • ¿Qué sucedía en ese momento?
  • ¿Cuál es el género literario?
  • ¿Qué enseña el contexto?
  • ¿Cuál es la verdad principal?
  • ¿Cómo se relaciona con el mensaje completo de la Biblia?
  • ¿Cómo apunta hacia Cristo y el evangelio?
  • ¿Qué aplicación es legítima?
  • ¿Qué interpretaciones debemos evitar?

Una historia bíblica no debe convertirse solamente en una lista de valores.

David y Goliat no enseña simplemente que podemos vencer cualquier problema si tenemos confianza. Jonás no es únicamente una historia sobre obedecer. José no garantiza que toda persona fiel recibirá una posición de poder.

Cada relato forma parte de la gran historia de Dios y debe ser explicado respetando su intención bíblica.

13. CRECIMIENTO PEDAGÓGICO

Conocer la Biblia es esencial, pero el maestro también debe aprender a comunicarla de acuerdo con la edad y el desarrollo de sus alumnos.

No enseñamos de la misma manera a niños de cinco años, preadolescentes y adultos.

El maestro debe aprender sobre:

  • Desarrollo cognitivo.
  • Capacidad de atención.
  • Lenguaje apropiado.
  • Participación activa.
  • Manejo respetuoso del grupo.
  • Diferencias individuales.
  • Necesidades educativas.
  • Protección infantil.
  • Evaluación de la comprensión.
  • Uso adecuado de recursos visuales.

Simplificar una enseñanza para niños no significa deformarla. Significa comunicar una verdad profunda utilizando palabras, ejemplos y actividades que puedan comprender.

Una actividad debe tener propósito

Antes de incluir un juego o una manualidad, pregunta:

  • ¿Qué verdad refuerza?
  • ¿Está relacionada con el objetivo?
  • ¿Ayuda a comprender o solo entretiene?
  • ¿Es apropiada para la edad?
  • ¿Todos pueden participar?
  • ¿Es segura?
  • ¿Podré explicar claramente su relación con la Biblia?

La creatividad debe estar al servicio de la verdad.

14. CRECIMIENTO EMOCIONAL Y RELACIONAL

Un maestro puede conocer mucho acerca de la Biblia y, al mismo tiempo, causar daño si carece de madurez emocional.

Necesita aprender a:

  • Regular sus reacciones.
  • Corregir sin humillar.
  • Escuchar antes de juzgar.
  • Responder con paciencia.
  • Reconocer sus límites.
  • Pedir perdón.
  • Resolver conflictos.
  • Evitar favoritismos.
  • Respetar la dignidad de cada alumno.
  • Solicitar ayuda cuando una situación supera su preparación.

Los niños no deben cargar con las frustraciones personales del maestro.

Gritar, ridiculizar, amenazar, comparar o avergonzar públicamente no son métodos de disciplina cristiana. El orden es necesario, pero debe establecerse con claridad, respeto, coherencia y protección.

15. CRECIMIENTO EN PROTECCIÓN INFANTIL

Enseñar a niños incluye la responsabilidad de cuidarlos.

Un maestro preparado conoce y respeta los protocolos de protección de su iglesia o institución. Evita situaciones aisladas, contacto inapropiado, secretos dañinos y comunicaciones privadas que vulneren los límites establecidos.

Cuando un niño revela una situación de abuso, peligro o maltrato, el maestro no debe prometer guardar el secreto ni investigar por su cuenta. Debe escuchar con calma, tomarlo en serio y seguir inmediatamente el protocolo correspondiente.

Cuidar también es discipular.

El amor cristiano no solamente ofrece palabras afectuosas; crea ambientes seguros donde cada niño es tratado con dignidad.

16. CRECIMIENTO EN EL USO DE LA TECNOLOGÍA

Las herramientas digitales y la inteligencia artificial pueden ayudar a:

  • Organizar una lección.
  • Proponer actividades.
  • Crear imágenes.
  • Adaptar el lenguaje.
  • Preparar preguntas.
  • Diseñar materiales.
  • Ahorrar tiempo operativo.

Pero ninguna herramienta debe sustituir:

  • El estudio personal de la Biblia.
  • La oración.
  • El discernimiento doctrinal.
  • El conocimiento real de los alumnos.
  • La revisión del contenido.
  • La responsabilidad del maestro.

Todo material generado debe ser revisado. Una presentación visualmente hermosa también puede contener errores bíblicos, citas incorrectas o aplicaciones dañinas.

La tecnología puede servir al maestro, pero no debe gobernar la enseñanza.

17. CÓMO PREPARAR UNA LECCIÓN DESDE UNA VIDA LLENA

Una enseñanza eficaz comienza mucho antes del domingo.

Paso 1: Ora

Pide al Espíritu Santo que examine tu corazón y te permita comprender el texto.

Paso 2: Lee el pasaje varias veces

Observa personajes, acciones, repeticiones, conflictos, mandatos, promesas y resultados.

Paso 3: Comprende el contexto

No aísles un versículo de la historia o argumento en el que aparece.

Paso 4: Define la verdad central

Exprésala en una oración clara, bíblica y apropiada para la edad.

Paso 5: Permite que la verdad te confronte

Pregúntate qué debes creer, abandonar, practicar o recordar.

Paso 6: Conoce a tus alumnos

Considera su edad, experiencias, preguntas y necesidades sin exponer información privada.

Paso 7: Establece un objetivo

Define qué esperas que comprendan y qué respuesta deseas promover.

Paso 8: Selecciona métodos adecuados

Escoge historias, preguntas, visuales, juegos y actividades que ayuden a cumplir el objetivo.

Paso 9: Ensaya

Practica las explicaciones, revisa los tiempos y prepara los materiales.

Paso 10: Depende de Dios

Una buena preparación no elimina la necesidad del Espíritu Santo. Nos permite servir con responsabilidad mientras reconocemos que solo Dios transforma el corazón.

18. LA EVALUACIÓN TAMBIÉN ES PARTE DEL CRECIMIENTO

Después de enseñar, el maestro debe reflexionar.

No basta con preguntar: “¿Les gustó la clase?”. Una clase puede ser divertida sin producir comprensión.

Conviene evaluar:

  • ¿Entendieron la verdad principal?
  • ¿Pudieron explicarla con sus palabras?
  • ¿Las preguntas fueron apropiadas?
  • ¿La actividad reforzó la enseñanza?
  • ¿Administré bien el tiempo?
  • ¿Incluí a todos?
  • ¿Respondí con paciencia?
  • ¿Hubo algún momento confuso?
  • ¿Qué debería conservar?
  • ¿Qué necesito cambiar?

También es útil pedir la observación de otro maestro o líder. Una mirada externa puede descubrir fortalezas y debilidades que no percibimos.

La evaluación no busca castigarnos. Nos ayuda a crecer.

19. ERRORES QUE IMPIDEN EL CRECIMIENTO

“Ya conozco esa historia”

La familiaridad puede llevarnos a pasar por alto detalles importantes.

“Los niños no entienden mucho”

Subestimar su capacidad espiritual reduce la profundidad de la enseñanza y limita su participación.

“Siempre lo hemos hecho así”

La tradición puede contener sabiduría, pero también necesita ser evaluada.

“Si la actividad fue divertida, la clase funcionó”

La diversión puede facilitar el aprendizaje, pero no constituye el objetivo final.

“Como soy voluntario, no necesito prepararme”

El servicio voluntario también merece excelencia, responsabilidad y formación.

“Aceptar una corrección demuestra debilidad”

En realidad, la disposición a aprender demuestra madurez.

“El Espíritu Santo me dará las palabras”

El Espíritu Santo puede ayudarnos, pero depender de Él no justifica la negligencia. La preparación también es una expresión de obediencia.

20. UN PLAN PERSONAL DE CRECIMIENTO

El crecimiento intencional necesita acciones concretas.

Diariamente

  • Lee y medita en la Biblia.
  • Ora por tu vida y tus alumnos.
  • Practica una verdad aprendida.
  • Observa tus palabras y actitudes.

Semanalmente

  • Estudia con anticipación el próximo pasaje.
  • Revisa una estrategia pedagógica.
  • Conversa con otro maestro.
  • Evalúa tu última clase.

Mensualmente

  • Lee un libro o completa una capacitación.
  • Solicita retroalimentación.
  • Revisa tus objetivos ministeriales.
  • Organiza y actualiza tus recursos.

Periódicamente

  • Descansa.
  • Permite que otra persona te enseñe.
  • Evalúa tu salud espiritual y emocional.
  • Reconoce si necesitas acompañamiento pastoral o profesional.
  • Celebra lo que Dios está haciendo.

21. PREGUNTAS PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

Dedica tiempo a responder con sinceridad:

  1. ¿Estoy creciendo o solamente repitiendo?
  2. ¿Cómo está mi relación personal con Dios?
  3. ¿Qué verdad bíblica está transformando actualmente mi vida?
  4. ¿Qué área de mi carácter necesita atención?
  5. ¿Acepto correcciones con humildad?
  6. ¿Conozco verdaderamente a mis alumnos?
  7. ¿Mi enseñanza es bíblica, clara y apropiada para su edad?
  8. ¿Mis actividades tienen un propósito definido?
  9. ¿Mi manera de corregir refleja el carácter de Cristo?
  10. ¿Qué hábito debo comenzar esta semana?
  11. ¿Qué práctica debo abandonar?
  12. ¿A quién puedo pedir ayuda?

22. DESAFÍO PARA EL MAESTRO

Durante los próximos treinta días:

  • Selecciona un libro breve de la Biblia.
  • Lee una sección cada día.
  • Anota una verdad acerca de Dios.
  • Escribe una aplicación personal.
  • Ora por uno de tus alumnos.
  • Registra una idea para mejorar tu enseñanza.
  • Comparte lo aprendido con otro maestro.

Al terminar el mes, revisa tus anotaciones y responde:

¿Cómo ha cambiado mi vida y cómo influirá ese cambio en mi manera de enseñar?

CONCLUSIÓN: FORTALECE AL MAESTRO

Si deseas fortalecer tu enseñanza, comienza fortaleciendo al maestro.

Los mejores recursos, las imágenes más atractivas y las actividades más creativas serán insuficientes si el corazón del maestro está vacío, estancado o distante de Dios.

El maestro eficaz no es necesariamente quien posee más conocimientos, habla mejor o utiliza la tecnología más reciente. Es quien permanece aprendiendo, creciendo, obedeciendo y dependiendo de la gracia divina.

Dios no está buscando maestros perfectos. Está formando maestros disponibles, humildes, responsables y enseñables.

Permite que la Palabra llene primero tu corazón. Deja que confronte tus actitudes, renueve tu mente y transforme tu conducta. Entonces podrás enseñar desde la abundancia de una vida que continúa siendo trabajada por Dios.

Recuerda:

No puedes llevar a tus alumnos más lejos de lo que tú mismo estás dispuesto a caminar.

No permitas que beban de un estanque estancado. Conviértete en una corriente viva: aprende, crece y conduce a otros hacia Cristo.

La Ley del Maestro permanece vigente:

Si hoy dejas de crecer, mañana dejarás de enseñar con eficacia.

Mientras tengas vida, continúa aprendiendo. Mientras aprendas, continúa creciendo. Y mientras crezcas en la gracia y el conocimiento de Jesucristo, tendrás algo verdadero, fresco y transformador para compartir con la próxima generación.

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