“No somos un ministerio grande, pero sí somos un gran ministerio”

Eres una maestra madura o solo llevas muchos años en la iglesia?

¿Eres una maestra madura… o solo llevas muchos años en la iglesia?

Existe una idea muy común entre los cristianos: creer que el paso de los años produce automáticamente madurez espiritual. Sin embargo, la Biblia enseña algo muy diferente. La madurez no se mide por el tiempo que llevas sentada en una banca, sino por cuánto has sido transformada a la imagen de Jesucristo.

Es posible asistir a la iglesia durante veinte o treinta años y, aun así, seguir siendo una niña espiritual.

El autor de Hebreos escribió con tristeza a creyentes que, después de muchos años de caminar con el Señor, aún no habían crecido como debían:

“Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez.”
Hebreos 5:12–14

Estas palabras siguen siendo un llamado de atención para la iglesia de hoy.

La inmadurez espiritual no siempre es evidente. Muchas veces se oculta detrás del activismo, del conocimiento superficial o de muchos años de asistencia a la iglesia. Una persona puede ocupar cargos, servir en diferentes ministerios e incluso enseñar, pero seguir reaccionando como una niña espiritual.

A continuación veremos tres señales que pueden ayudarnos a examinarnos a la luz de la Palabra de Dios.


🌿 1. Dependes de otros para alimentarte espiritualmente

Una creyente madura agradece las predicaciones, los estudios bíblicos y los buenos maestros. Sin embargo, entiende que su crecimiento no depende únicamente de ellos.

Ha desarrollado una relación personal con Dios.

Lee la Biblia por iniciativa propia.

Ora diariamente.

Escudriña las Escrituras.

Medita en la Palabra.

No espera hasta el domingo para escuchar la voz de Dios.

Pablo escribió:

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.”
2 Timoteo 3:16–17

La Biblia fue dada para formar creyentes maduros.

Por eso debemos preguntarnos:

  • ¿Abro mi Biblia solo cuando alguien me lo recuerda?
  • ¿Mi crecimiento espiritual depende exclusivamente de lo que escucho en la iglesia?
  • ¿Paso más tiempo leyendo publicaciones en redes sociales que leyendo las Escrituras?

Los devocionales, los podcasts y los sermones son un gran regalo de Dios, pero nunca pueden reemplazar el estudio personal de Su Palabra.

Una fe prestada nunca producirá una vida madura.


🌿 2. Tus emociones gobiernan más que la verdad de Dios

Otra señal de inmadurez espiritual aparece cuando nuestras emociones determinan nuestra obediencia.

Entonces vivimos una fe inestable.

Oramos cuando tenemos ganas.

Leemos la Biblia cuando nos sentimos inspiradas.

Perdonamos solo cuando creemos que la otra persona lo merece.

Servimos mientras todo marcha bien.

Pero cuando llega el cansancio, la crítica o la decepción, abandonamos fácilmente.

La creyente madura también experimenta tristeza, temor o desánimo. La diferencia es que ha aprendido a no dejarse gobernar por sus emociones, sino por la verdad de Dios.

Pablo escribe:

“Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina… sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo.”
Efesios 4:14–15

La madurez produce estabilidad.

No significa que nunca habrá lágrimas o luchas.

Significa que, aun en medio de ellas, seguimos confiando en Cristo.

La persona madura no pregunta primero:

“¿Qué siento?”

Pregunta:

“¿Qué dice Dios?”

Y decide obedecer aunque sus emociones vayan en otra dirección.


🌿 3. Reaccionas con orgullo cuando eres corregida

Quizá una de las pruebas más claras de la madurez espiritual sea nuestra actitud frente a la corrección.

Cuando alguien señala un pecado, ¿qué ocurre en nuestro corazón?

La inmadurez suele responder con:

  • justificaciones;
  • excusas;
  • orgullo;
  • enojo;
  • victimismo;
  • resistencia.

La madurez responde con humildad.

No porque sea agradable ser corregida, sino porque entiende que Dios utiliza la exhortación para transformarnos.

Proverbios declara:

“El que ama la instrucción ama la sabiduría; mas el que aborrece la reprensión es ignorante.”
Proverbios 12:1

Y Santiago añade:

“Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.”
Santiago 1:22

La verdadera madurez no consiste en acumular conocimiento bíblico.

Consiste en permitir que ese conocimiento transforme nuestro carácter.

No impresiona la cantidad de versículos que podemos citar.

Lo que realmente glorifica a Dios es una vida que refleja esos versículos en cada decisión.


🌿 La meta no es saber más, sino parecernos más a Cristo

El propósito de Dios nunca ha sido que simplemente acumulemos años dentro de una iglesia.

Su propósito es conformarnos a la imagen de Su Hijo.

Cristo es el modelo perfecto de humildad.

De obediencia.

De amor.

De santidad.

De dependencia del Padre.

Cada día el Espíritu Santo trabaja para formar ese mismo carácter en nosotros.

La pregunta no es cuánto tiempo llevamos siendo creyentes.

La pregunta es cuánto de Cristo puede verse en nuestra manera de pensar, hablar, reaccionar, perdonar, servir y amar.


🌿 Un llamado a examinarnos

Hoy puede ser un buen momento para detenernos delante del Señor y preguntarnos con sinceridad:

  • ¿Estoy creciendo realmente?
  • ¿Conozco más la Biblia que hace cinco años?
  • ¿Reacciono con mayor humildad?
  • ¿Amo más a Cristo?
  • ¿Perdono con mayor facilidad?
  • ¿Obedezco aun cuando me cuesta?

Si el Espíritu Santo te muestra áreas donde todavía necesitas crecer, no te desanimes.

La convicción de pecado no es una condena; es una muestra del amor de Dios, quien continúa formando el carácter de Cristo en Sus hijos.

Mientras haya vida, Él seguirá obrando en nosotros.

Como escribió Pablo:

“Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.”
Filipenses 1:6

Que nuestro anhelo no sea simplemente llegar a ser creyentes con muchos años de asistencia, sino discípulas que reflejen cada vez más el carácter de Jesucristo.

Porque la verdadera madurez espiritual no se mide por el tiempo que llevamos en la iglesia, sino por cuánto se parece nuestra vida a la de Cristo.

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