“No somos un ministerio grande, pero sí somos un gran ministerio”

Sí, hay cristianos que piensan en quitarse lå vida.

Y debemos hablar de ello..

Como iglesia, debemos hablar de esto…

En muchas de nuestras iglesias, la salud mental sigue siendo un tema del que no se habla, o del que se habla mal. A veces, sin querer, hemos dado a entender que luchar con depresión, ansiedad o pensamientos suicidas es “falta de fe” o “un problema espiritual” que se resuelve solo con orar más.

Eso ha hecho que muchos hermanos y hermanas sufran en silencio, con vergüenza, con miedo a ser juzgados en el mismo lugar donde deberían encontrar refugio. Incluso predicar que Dios no quiere que estemos tristes, y que por eso debemos dejar de estarlo, no hace a nadie menos triste, solamente le añade culpabilidad a estar como Dios supuestamente no quiere que estemos.

Pero la fe y la salud mental no están peleadas. Dios nos dio mente, cuerpo y espíritu, y cuidar los tres es parte de honrarlo.

Y es que siquiera los más grandes de la fe estuvieron exentos de esta oscuridad.

Moisés, agotado y abrumado por el peso de guiar a un pueblo entero, le pidió a Dios que le quitara la vida (Números 11:14-15). Elías, después de una gran victoria espiritual, huyó al desierto, se s sentó bajo un árbol y pidió morir (1 Reyes 19:4). Job, en medio de una pérdida devastadora, llegó a maldecir el día en que nació (Job 3:11).

Estos fueron hombres profundamente usados por Dios, que también llegaron a un punto de quebranto total. Y es notable cómo Dios respondió, porque no los reprendió por sentirse así.

A Moisés no le exigió que “tuviera más fe”, le dio setenta ancianos con quienes repartir el peso de guiar al pueblo. A Elías le dio descanso, comida y compañía antes de hablarle. A Job lo acompañó en su proceso de duelo y preguntas. Su presencia y su cuidado llegaron primero; las respuestas, después.

Incluso Jesús, en el momento más angustiante de su vida, en Getsemaní, buscó la cercanía de sus amigos. Les pidió a Pedro, Santiago y Juan que se quedaran con Él, que velaran junto a Él porque su alma estaba “muy triste, hasta la muerte” (Mateo 26:38). Si el mismo Jesús buscó apoyo humano en su dolor, nosotros también podemos, y debemos, hacerlo. Pedir ayuda no es señal de debilidad, es un acto de valentía y de fe.

Y esa es nuestra tarea como iglesia: “Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo” (Gálatas 6:2). No fuimos diseñados para cargar solos el peso del dolor. Si conoces a alguien que está sufriendo, esta es una invitación a acercarte con amor, sin juzgar, solo para escuchar. A veces la diferencia la hace simplemente estar presente, como los amigos de Job se sentaron con él en silencio, o como Dios se sentó con Elías bajo el árbol.

Jeremías 29.11.
“Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis”.

Debemos entender que:
La depresión no es pecado.
La tristeza no es pecado.
La ansiedad no es pecado.
Sentir miedo no es pecado.
Llorar no es pecado.

Salmos 34:18.
“Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón, y salva a los contritos de espíritu.”

Y si estás pasando por una oscuridad profunda, quiero que sepas esto: tu dolor es real y aunque hoy el dolor se sienta más grande que la esperanza, no es el fin de tu historia. Dios te ama.

Romanos 8:28-29.
Por lo cual estoy seguro de que ņi la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

Comparte esta publicación para seguir creando consciencia dentro de la Iglesia y apoyar a nuestros hermanos cristianos que luchan contra esto.

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