“No somos un ministerio grande, pero sí somos un gran ministerio”

🌈 LA OBRA Y LOS OBREROS

El llamado, la responsabilidad y el privilegio del maestro de Escuela Dominical

🌈 LA OBRA Y LOS OBREROS

El llamado, la responsabilidad y el privilegio del maestro de Escuela Dominical

PROPÓSITO GENERAL

Que cada maestro de Escuela Dominical comprenda que su servicio con los niños no consiste simplemente en impartir una clase, sino en participar activamente en la misión de Dios de anunciar el Evangelio, hacer discípulos y acompañar espiritualmente a una nueva generación.

Al finalizar este estudio, el maestro podrá reconocer por qué sirve, dónde puede desarrollar su ministerio, cuándo debe aprovechar las oportunidades y qué clase de obrero necesita llegar a ser.

“A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos.”
Mateo 9:37


INTRODUCCIÓN: MUCHO MÁS QUE DAR UNA CLASE

Cuando hablamos de Escuela Dominical, es fácil comenzar pensando en métodos:

¿Cómo captar la atención de los niños?
¿Cómo contar mejor una historia bíblica?
¿Qué dinámica podemos realizar?
¿Qué manualidad funcionará?
¿Cómo enseñar el versículo?
¿Cómo mantener el orden?

Todas estas preguntas son importantes.

Pero existe una pregunta anterior:

¿Por qué hacemos todo esto?

Antes del CÓMO, necesitamos comprender el POR QUÉ.

Un maestro puede dominar técnicas pedagógicas, preparar excelentes recursos visuales y organizar actividades extraordinarias; pero si pierde de vista la razón espiritual de su ministerio, fácilmente la Escuela Dominical puede convertirse simplemente en entretenimiento religioso.

Nuestra misión es mucho mayor.

Enseñamos porque hay niños que necesitan conocer a Dios.

Servimos porque Jesucristo nos llamó a hacer discípulos.

Sembramos porque creemos que la Palabra de Dios puede transformar vidas.

Acompañamos porque cada niño necesita adultos que reflejen el amor, la paciencia y la verdad de Cristo.

Por eso debemos considerar cuatro preguntas:

¿POR QUÉ servimos?

Porque Cristo nos llamó.

¿DÓNDE servimos?

Donde Dios nos coloque y abra oportunidades.

¿CUÁNDO servimos?

Cuando surge la oportunidad de ministrar.

¿CÓMO debemos servir?

Con fidelidad, preparación, amor, humildad y dependencia de Dios.


I. ¿POR QUÉ SERVIMOS?

1. PORQUE JESÚS NOS ENVIÓ

Jesús dejó una misión clara a sus discípulos:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.”
Marcos 16:15

Y también:

“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones…”
Mateo 28:19

La Gran Comisión incluye a los niños.

Los niños no son solamente “la iglesia del futuro”.

Son personas que hoy pueden escuchar, aprender, creer, crecer, servir y experimentar el amor de Dios.

Por eso, el ministerio infantil no debe ocupar un lugar secundario dentro de la misión de la iglesia.

Cuando un maestro abre la Biblia frente a un grupo de niños y les ayuda a comprenderla, está participando de la Gran Comisión.

Para reflexionar

Pregúntese:

¿Veo mi clase como parte de la misión de hacer discípulos?

Porque existe una gran diferencia entre:

“Este domingo me toca dar la clase.”

y:

“Este domingo Dios me permitirá participar en la formación espiritual de estos niños.”

La actividad puede ser exactamente la misma.

Pero la perspectiva cambia completamente.


II. PORQUE HEMOS RECIBIDO MUCHO DE DIOS

El servicio cristiano comienza con la gracia.

Antes de ser maestros, fuimos alcanzados.

Antes de enseñar, alguien nos enseñó.

Antes de hablar del amor de Dios, nosotros mismos necesitamos experimentar ese amor.

Por eso servimos desde la gratitud.

“Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.”
1 Juan 4:19

No servimos para comprar el favor de Dios.

No servimos para demostrar que somos mejores cristianos.

No servimos para ganar nuestra salvación.

Servimos porque ya hemos recibido gracia.

Cuando entendemos esto, nuestra actitud cambia.

Dejamos de decir:

“¿Por qué siempre me toca a mí?”

y comenzamos a pensar:

“Gracias, Señor, porque puedo servirte.”


III. PORQUE SOMOS MAYORDOMOS

Dios nos ha confiado algo

La palabra mayordomía nos recuerda que somos administradores de aquello que pertenece a otro.

Nuestro tiempo pertenece a Dios.

Nuestros dones pertenecen a Dios.

Nuestra capacidad para enseñar pertenece a Dios.

Las oportunidades pertenecen a Dios.

Y los niños que llegan a nuestro salón también pertenecen a Dios.

“Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel.”
1 Corintios 4:2

Esto cambia nuestra manera de mirar la clase.

No decimos:

“Estos son mis niños.”

En realidad pensamos:

“Estos son niños que Dios me ha permitido acompañar durante una etapa de sus vidas.”

Y esa responsabilidad merece nuestra mejor preparación.


IV. DIOS NO NOS PIDE PERFECCIÓN, SINO FIDELIDAD

Muchos maestros se sienten inseguros porque piensan:

“Yo no sé suficiente Biblia.”

“No soy creativo.”

“No sé cantar.”

“No puedo enseñar como aquella maestra.”

“Me pongo nervioso.”

“Los niños no siempre me escuchan.”

Pero Dios no está buscando clones de otros maestros.

Cada persona tiene dones, personalidad, experiencias y capacidades diferentes.

Lo importante es poner aquello que tenemos en las manos de Dios.

Un maestro fiel procura:

  • estudiar;
  • prepararse;
  • orar;
  • llegar responsablemente;
  • conocer a sus alumnos;
  • escuchar;
  • corregir con amor;
  • continuar aprendiendo;
  • reconocer sus errores;
  • depender del Espíritu Santo.

La pregunta principal no es:

“¿Soy el mejor maestro?”

Sino:

“¿Estoy siendo fiel con aquello que Dios me ha confiado?”


V. PORQUE SERVIR ES UN PRIVILEGIO

Hay una diferencia enorme entre considerar la Escuela Dominical una carga y considerarla un privilegio.

Piénselo por un momento:

Dios permite que usted abra su Palabra delante de un niño.

Dios permite que usted explique quién es Jesús.

Dios permite que usted ore con un niño.

Dios permite que usted responda algunas de sus preguntas.

Dios permite que usted lo anime cuando está triste.

Dios permite que usted participe en su formación espiritual.

Eso es extraordinario.

Quizá nunca sepamos completamente el impacto que una clase tuvo en la vida de un niño.

Pero podemos servir esperando un día escuchar:

“Bien, buen siervo y fiel…”
Mateo 25:21


VI. PORQUE LOS NIÑOS NECESITAN EL EVANGELIO

Un error frecuente es pensar:

“Son niños de la iglesia; seguramente ya conocen el Evangelio.”

No necesariamente.

Un niño puede saber quién fue David, conocer la historia de Jonás, cantar canciones cristianas y memorizar versículos sin comprender claramente el mensaje central del Evangelio.

Por eso debemos presentar repetidamente, con sencillez y claridad:

DIOS

Dios nos creó y nos ama.

PECADO

El pecado dañó nuestra relación con Dios y nosotros también pecamos.

JESÚS

Jesucristo vino para salvarnos.

CRUZ Y RESURRECCIÓN

Jesús murió y resucitó.

RESPUESTA

Somos llamados a arrepentirnos, creer y seguir a Cristo.

NUEVA VIDA

Seguir a Jesús significa comenzar una vida de discipulado.

El objetivo no es presionar emocionalmente al niño para obtener una respuesta.

Nuestra responsabilidad es presentar fielmente el Evangelio de una manera apropiada para su edad y permitir que Dios obre en su corazón.


VII. EVANGELIZAR Y DISCIPULAR

La obra del maestro no termina cuando un niño expresa fe en Cristo.

Ahí comienza otra etapa fundamental:

el discipulado.

Jesús no dijo solamente:

“Consigan decisiones.”

Dijo:

“Haced discípulos.”

Por eso la Escuela Dominical debe ayudar al niño a:

  • conocer la Biblia;
  • desarrollar una vida de oración;
  • comprender quién es Dios;
  • aprender quién es Jesús;
  • distinguir entre lo correcto y lo incorrecto;
  • desarrollar carácter cristiano;
  • aprender a perdonar;
  • amar al prójimo;
  • servir;
  • compartir su fe;
  • confiar en Dios durante las dificultades.

Evangelismo y discipulado caminan juntos.

Alcanzamos al niño y después caminamos junto a él.


VIII. PORQUE LOS NIÑOS ESTÁN FORMANDO SU VISIÓN DEL MUNDO

Durante la infancia se desarrollan muchas ideas fundamentales:

¿Quién soy?

¿Soy valioso?

¿Existe Dios?

¿Cómo es Dios?

¿Qué significa amar?

¿Qué está bien y qué está mal?

¿Qué hago cuando tengo miedo?

¿Qué sucede cuando cometo un error?

¿Por qué existe el sufrimiento?

¿Puedo confiar en Dios?

Esto convierte la enseñanza bíblica infantil en una responsabilidad enorme.

No estamos solamente transmitiendo historias.

Estamos ayudando a construir una cosmovisión bíblica.


IX. EL MUNDO TAMBIÉN ESTÁ DISCIPULANDO A NUESTROS NIÑOS

Los maestros debemos comprender algo importante:

Si nosotros no enseñamos intencionalmente, otras voces sí lo harán.

Los niños reciben mensajes continuamente mediante:

  • videos;
  • redes sociales;
  • videojuegos;
  • publicidad;
  • compañeros;
  • escuela;
  • música;
  • películas;
  • influencers;
  • cultura popular.

No debemos enseñar desde el miedo al mundo.

Debemos enseñar desde la convicción de que la verdad de Dios sigue siendo relevante para cada generación.

La Escuela Dominical debe ayudar al niño a aprender a mirar la vida a través de la Palabra.


X. CADA NIÑO TIENE UNA HISTORIA

Cuando observamos un salón lleno de niños podemos ver simplemente un grupo.

Dios ve personas.

Cada niño tiene:

una familia,
una personalidad,
una historia,
preguntas,
alegrías,
temores,
capacidades,
dificultades,
sueños y necesidades diferentes.

Algunos vienen felices.

Otros llegan preocupados.

Algunos tienen hogares estables.

Otros atraviesan conflictos familiares.

Algunos aprenden rápidamente.

Otros necesitan repetición.

Algunos hablan constantemente.

Otros casi nunca hablan.

Por eso:

No enseñamos solamente a un grupo; ministramos a personas.


XI. APRENDA SUS NOMBRES

Puede parecer algo pequeño, pero aprender el nombre de un niño comunica:

“Te veo.”

“Sé que estás aquí.”

“Eres importante.”

El ministerio comienza con relaciones.

Jesús no trataba a las personas simplemente como multitudes.

Veía individuos.

El maestro que conoce a sus niños puede ministrarlos mucho mejor.


XII. ESCUCHE ANTES DE RESPONDER

Los niños hacen preguntas extraordinarias:

“¿Quién creó a Dios?”

“¿Por qué Dios permitió que muriera mi abuelita?”

“¿Los animales van al cielo?”

“¿Por qué Dios no responde mi oración?”

“¿Por qué existen personas malas?”

“¿Dios todavía me ama cuando hago algo malo?”

No debemos sentir que tenemos que responder inmediatamente.

Podemos decir:

“Esa es una muy buena pregunta. Vamos a investigar juntos qué enseña la Biblia.”

Un buen maestro no necesita tener todas las respuestas.

Necesita saber escuchar, estudiar y acompañar.


XIII. ¿DÓNDE SE REALIZA LA OBRA?

Cuando pensamos en Escuela Dominical imaginamos inmediatamente un salón.

Pero el ministerio ocurre mucho más allá.

Puede ocurrir:

en el salón, durante una enseñanza.

En el pasillo, cuando un niño se acerca con una pregunta.

Durante una manualidad, mientras conversamos.

En un juego, cuando enseñamos respeto y compañerismo.

Durante la merienda, cuando escuchamos.

En una visita, cuando acompañamos a una familia.

En un campamento, cuando compartimos tiempo juntos.

En una actividad comunitaria, cuando alcanzamos nuevas familias.

El salón es solamente uno de los lugares donde ocurre el ministerio.


XIV. ¿CUÁNDO SE REALIZA LA OBRA?

La respuesta es:

Cuando Dios abre una oportunidad.

Jesús convirtió situaciones ordinarias en momentos extraordinarios de enseñanza.

Una moneda podía convertirse en una lección.

Una semilla podía explicar el Reino.

Una oveja podía enseñar acerca del amor de Dios.

Un niño con comida podía convertirse en parte de un milagro.

Una tormenta podía convertirse en una lección de fe.

El buen maestro aprende a reconocer los momentos enseñables.


XV. LOS MOMENTOS ENSEÑABLES

Imagine que durante una actividad un niño pierde y comienza a llorar.

El maestro puede simplemente decir:

“Deja de llorar, es solamente un juego.”

O puede reconocer una oportunidad para enseñar:

“Entiendo que querías ganar. ¿Qué podemos hacer cuando nos sentimos frustrados?”

Ese momento puede convertirse en una enseñanza sobre dominio propio.

Otro niño puede decir:

“Tengo miedo porque mañana mi mamá va al hospital.”

El programa decía que tocaba continuar con la manualidad.

Pero quizá el verdadero ministerio de ese momento sea detenerse, escuchar y orar.

La planificación es importante.

Pero las personas son más importantes que el programa.


XVI. JESÚS SE DETENÍA

Jesús tenía una misión enorme y, sin embargo, encontraba tiempo para las personas.

Se detuvo por Bartimeo.

Escuchó a quienes clamaban.

Atendió a la mujer que tocó su manto.

Recibió a quienes otros querían apartar.

Y cuando intentaron impedir que los niños se acercaran, Jesús dijo:

“Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis…”
Marcos 10:14

Todo maestro de Escuela Dominical debería preguntarse:

¿Mi manera de servir facilita que los niños se acerquen a Jesús o coloca obstáculos innecesarios?


XVII. NO SOMOS SALVADORES; SOMOS SEMBRADORES

Este principio puede liberar al maestro de mucha presión.

Usted no puede transformar espiritualmente el corazón de un niño por sus propias fuerzas.

Puede preparar una excelente clase.

Puede explicar claramente.

Puede utilizar recursos extraordinarios.

Pero solamente Dios puede producir transformación espiritual.

Pablo explicó:

“Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios.”
1 Corintios 3:6

Nuestra tarea es sembrar.

Nuestra tarea es regar.

El crecimiento pertenece a Dios.


XVIII. CUANDO NO VEMOS RESULTADOS

Algunos maestros abandonan porque piensan:

“Los niños no están aprendiendo.”

“Parece que no escuchan.”

“Nada está cambiando.”

Pero las semillas no producen frutos inmediatamente.

Hay enseñanzas que quizá un niño recordará dentro de diez, veinte o treinta años.

Puede olvidar la manualidad.

Puede olvidar el juego.

Puede olvidar incluso nuestro nombre.

Pero quizá recuerde:

“Mi maestra me enseñó que Dios estaba conmigo cuando tenía miedo.”

Eso puede acompañarlo toda su vida.

Por eso:

No mida toda la obra por los resultados que puede ver inmediatamente.


XIX. EL PODER DE LA PRESENCIA

El maestro ministra también simplemente estando presente.

Llegar cada domingo comunica:

“Puedes contar conmigo.”

Recordar el nombre comunica:

“Eres importante.”

Preguntar cómo está comunica:

“Me interesa tu vida.”

Escuchar comunica:

“Tu historia importa.”

Orar comunica:

“Quiero llevar tu necesidad delante de Dios.”

A veces los niños recordarán menos nuestras palabras que la manera en que los hicimos sentir dentro de la comunidad cristiana.


XX. EL MAESTRO TAMBIÉN EVANGELIZA CON SU VIDA

Los niños observan.

Observan cómo hablamos.

Cómo reaccionamos cuando algo sale mal.

Cómo tratamos al niño difícil.

Cómo tratamos a otros maestros.

Cómo respondemos cuando estamos cansados.

Cómo pedimos perdón cuando nos equivocamos.

Por eso, una parte importante de nuestra enseñanza ocurre sin palabras.

Pablo podía decir:

“Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.”
1 Corintios 11:1

Esto no significa que el maestro deba ser perfecto.

Significa que debe procurar ser coherente.

Y cuando falle, incluso puede modelar algo profundamente cristiano:

“Me equivoqué. Perdóname.”

Eso también enseña.


XXI. LA MIES ES MUCHA

Jesús observó las multitudes y no reaccionó primero con estrategias.

Reaccionó con compasión.

“Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas…”
Mateo 9:36

Después dijo:

“A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos.”
Mateo 9:37

Antes de hablar de obreros, Jesús habló de compasión.

Esto es importante.

El verdadero ministerio comienza cuando aprendemos a mirar a las personas con compasión.

No necesitamos simplemente más voluntarios.

Necesitamos obreros que amen a los niños.


XXII. ¿QUÉ CLASE DE OBREROS NECESITAMOS?

Obreros espirituales

Que cultiven su relación con Dios.

Obreros bíblicos

Que conozcan y estudien la Palabra.

Obreros preparados

Que no improvisen constantemente.

Obreros enseñables

Que estén dispuestos a seguir aprendiendo.

Obreros humildes

Que reconozcan sus limitaciones.

Obreros responsables

Que comprendan que trabajar con niños requiere cuidado, límites apropiados y respeto a las políticas de protección infantil de su iglesia.

Obreros pacientes

Que comprendan que cada niño aprende de manera diferente.

Obreros compasivos

Que sepan mirar más allá de una conducta difícil.

Obreros creativos

Que busquen maneras apropiadas de comunicar verdades eternas.

Obreros perseverantes

Que continúen sembrando aunque todavía no vean la cosecha.

Obreros que oren

Porque reconocen que la obra depende de Dios.


XXIII. EL NIÑO “DIFÍCIL”

Casi todo maestro conoce alguno.

Interrumpe.

No quiere sentarse.

Habla constantemente.

Molesta a otros.

No participa.

Desafía las instrucciones.

Es fácil colocarle una etiqueta:

“Es problemático.”

Pero una conducta es comunicación.

El maestro debería preguntarse:

¿Qué puede estar ocurriendo detrás de esta conducta?

Quizá necesita atención.

Quizá no comprendió la actividad.

Quizá está frustrado.

Quizá tiene dificultades para autorregularse.

Quizá simplemente necesita límites claros y consistentes.

La disciplina sigue siendo necesaria.

Pero debe aplicarse con sabiduría y dignidad.

Corrija la conducta sin destruir al niño.


XXIV. LA OBRA TAMBIÉN INCLUYE A LAS FAMILIAS

Cuando ministramos a un niño, inevitablemente tocamos de alguna manera a una familia.

Por eso la Escuela Dominical debería buscar una relación saludable con padres y cuidadores.

Podemos comunicar:

  • qué estamos enseñando;
  • cuál es el versículo;
  • qué conversación pueden continuar en casa;
  • qué actividades pueden realizar juntos;
  • cómo pueden orar durante la semana.

La Escuela Dominical no debe intentar sustituir a la familia.

Debe procurar acompañarla y fortalecerla.


XXV. EL MAESTRO TRABAJA EN EQUIPO

La obra no pertenece a una sola persona.

Un ministerio saludable necesita:

maestros,
ayudantes,
coordinadores,
pastores,
padres,
voluntarios y líderes.

Cada uno aporta algo.

“Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros…”
1 Corintios 12:12

No debemos competir.

Debemos complementarnos.

El éxito no consiste en que alguien diga:

“¡Qué extraordinario maestro!”

Sino en que los niños puedan decir con el tiempo:

“Conocí mejor a Jesús.”


XXVI. ACTIVIDAD: “MI CAMPO DE MISIÓN”

Entregue una hoja a cada maestro.

En el centro escribirá:

DIOS ME HA CONFIADO…

Después escribirá alrededor los nombres de los niños de su clase.

Seleccione tres nombres.

Para cada uno responda:

¿Qué conozco acerca de este niño?

¿Qué fortalezas observo en él?

¿Qué necesidad podría estar experimentando?

¿Por qué puedo orar específicamente?

¿Qué verdad bíblica podría necesitar?

¿Cómo puedo demostrarle esta semana que es importante?

Finalmente, dediquen algunos minutos a orar por esos niños.


XXVII. DINÁMICA: “LA SILLA VACÍA”

Coloque una silla vacía frente al grupo de maestros.

Pregunte:

“¿Quién falta?”

Explique:

Esta silla representa al niño que todavía no ha llegado.

Puede ser:

el vecino de uno de nuestros niños,
un primo,
un compañero de escuela,
un niño de la comunidad,
una familia que dejó de asistir.

La Escuela Dominical no debe preguntarse solamente:

“¿Cómo cuidamos a quienes ya están?”

También debe preguntarse:

“¿A quién todavía podemos alcanzar?”


XXVIII. EVALUACIÓN PERSONAL DEL OBRERO

Califíquese del 1 al 5, donde 1 significa “necesito crecer mucho” y 5 significa “lo practico consistentemente”.

___ Oro por mis niños.

___ Estudio la Biblia antes de enseñar.

___ Preparo mi clase con anticipación.

___ Conozco los nombres de mis alumnos.

___ Escucho sus preguntas.

___ Presento claramente el Evangelio.

___ Procuro conocer sus necesidades.

___ Trabajo bien con otros maestros.

___ Mantengo una actitud enseñable.

___ Aprovecho oportunidades espontáneas para ministrar.

Después responda:

¿En qué área estoy creciendo?

¿En qué área necesito mejorar?

¿Cuál será mi próximo paso concreto?


XXIX. DESAFÍO DE SIETE DÍAS PARA EL MAESTRO

Durante esta semana:

Día 1 — Ore por cada niño por nombre.

Día 2 — Estudie cuidadosamente el próximo pasaje bíblico.

Día 3 — Prepare una pregunta significativa para conocer mejor a sus niños.

Día 4 — Memorice el versículo de la próxima clase.

Día 5 — Contacte, siguiendo las normas del ministerio, a una familia que necesite ánimo.

Día 6 — Ore específicamente por la salvación y crecimiento espiritual de sus alumnos.

Día 7 — Sirva recordando que está participando en la obra de Dios.


XXX. CINCO VERDADES QUE TODO OBRERO DEBE RECORDAR

1. LA OBRA ES DE DIOS

No construimos nuestro propio reino.

2. LOS NIÑOS PERTENECEN A DIOS

Nos han sido confiados temporalmente.

3. LA PALABRA ES NUESTRA AUTORIDAD

No enseñamos simplemente opiniones.

4. NOSOTROS SOMOS OBREROS

Sembramos, regamos y acompañamos.

5. DIOS DA EL CRECIMIENTO

Por eso podemos servir con fidelidad sin desesperarnos por controlar los resultados.


🌾 PRINCIPIO CENTRAL

NO ENSEÑAMOS SIMPLEMENTE UNA LECCIÓN; SERVIMOS A UNA VIDA.

Detrás de cada rostro existe una historia.

Detrás de cada pregunta existe una mente que está descubriendo el mundo.

Detrás de cada conducta puede existir una necesidad.

Detrás de cada niño existe una vida con valor delante de Dios.


🙏 ORACIÓN DEL OBRERO

Señor, gracias por permitirme participar en tu obra.

Gracias por cada niño que has puesto bajo nuestro cuidado.

Ayúdame a no mirar la Escuela Dominical simplemente como una responsabilidad que debo cumplir, sino como una oportunidad para amar, enseñar, acompañar y sembrar tu Palabra.

Dame sabiduría para enseñar la verdad, paciencia para acompañar los procesos, humildad para reconocer mis limitaciones y sensibilidad para descubrir las necesidades que muchas veces los niños no saben expresar.

Ayúdame a conocerlos por nombre, escucharlos con atención, corregirlos con amor y mostrarles con mi vida el carácter de Cristo.

Cuando me canse, fortaléceme.

Cuando me desanime porque no veo resultados, recuérdame que yo solamente siembro y riego, pero tú das el crecimiento.

Cuando me sienta incapaz, recuérdame que la obra no depende solamente de mis habilidades, sino de tu poder obrando a través de personas disponibles.

Hazme un obrero fiel.

Y permite que cada niño que pase por nuestra Escuela Dominical pueda acercarse más a ti.

En el nombre de Jesús.

Amén.

🌈 FRASE FINAL PARA EL MAESTRO

“La obra es de Dios, los niños son de Dios y nosotros tenemos el privilegio de ser sus obreros.”

Y quizá esa sea la perspectiva que más necesitamos recuperar en la Escuela Dominical:

No estamos cuidando niños mientras los adultos están en el culto.

No estamos llenando una hora del programa de la iglesia.

No estamos simplemente contando historias bíblicas.

Estamos sembrando la Palabra de Dios en una generación.

Estamos acompañando niños mientras forman sus primeras convicciones acerca de Dios, de sí mismos y del mundo.

Estamos haciendo discípulos.

Estamos participando en una obra cuyos resultados quizá no veremos completamente en esta vida.

Por eso, cuando el próximo domingo abra la puerta de su salón y vea entrar a sus niños, recuerde:

Ahí está su campo.

Ahí está su oportunidad.

Ahí está su misión.

Y usted es uno de los obreros.

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