Comprendiendo y acompañando la etapa de la preadolescenci

NI NIÑOS NI ADOLESCENTES
Comprendiendo y acompañando la etapa de la preadolescencia
La preadolescencia es una etapa de transición con características propias. Durante estos años ocurren importantes cambios físicos, emocionales, sociales y cognitivos que hacen necesario reconocer que el preadolescente ya no piensa ni responde exactamente como un niño pequeño, pero tampoco posee todavía la madurez de un adolescente mayor.
Esta realidad tiene implicaciones importantes para nuestras iglesias y ministerios.
Cuando colocamos a los preadolescentes únicamente con niños mucho menores, pueden sentir que las actividades son demasiado infantiles para ellos. Pero cuando los integramos prematuramente con adolescentes mayores, pueden sentirse intimidados, desplazados o enfrentados a conversaciones, dinámicas y experiencias para las cuales todavía no están preparados.
Por eso necesitamos aprender a mirar esta etapa por lo que realmente es:
una transición que merece atención, comprensión y acompañamiento propios.
UNA ETAPA ENTRE DOS MUNDOS
El preadolescente está dejando atrás muchas características de la niñez mientras comienza a descubrir nuevas preguntas sobre sí mismo, sus relaciones, su cuerpo, sus emociones, sus convicciones y su lugar en el mundo.
Empieza a preguntarse:
¿Quién soy?
¿Dónde pertenezco?
¿Qué piensan los demás de mí?
¿Puedo expresar lo que realmente siento?
¿Por qué creo lo que creo?
¿Dios también tiene algo que decir sobre lo que estoy viviendo?
Estas preguntas representan una extraordinaria oportunidad para el discipulado.
La iglesia puede convertirse en uno de los lugares donde el preadolescente encuentre adultos confiables que lo escuchen, amistades saludables, enseñanza bíblica relevante y un ambiente donde pueda crecer espiritualmente sin sentirse tratado como un pequeño ni presionado para comportarse como alguien mayor.
NECESITAN UN ESPACIO PROPIO Y SEGURO
Un ministerio para preadolescentes no debería ser simplemente una Escuela Dominical infantil con actividades un poco más difíciles, ni tampoco una versión reducida del ministerio juvenil.
Necesita desarrollar una identidad propia.
Un espacio donde puedan:
- hacer preguntas sin temor a ser ridiculizados;
- estudiar la Biblia de manera profunda y comprensible;
- expresar dudas y emociones;
- desarrollar amistades saludables;
- descubrir sus dones y capacidades;
- participar activamente en la iglesia;
- aprender a tomar decisiones basadas en principios bíblicos;
- encontrar adultos que los conozcan, escuchen y acompañen.
El objetivo no es solamente entretenerlos durante esta transición, sino discipularlos mientras atraviesan esta transición.
RESPETAR SU ETAPA TAMBIÉN ES PASTOREARLOS
Padres, pastores y maestros necesitamos conocer las características de esta edad.
No podemos acompañar adecuadamente una etapa que no nos hemos tomado el tiempo de comprender.
Esto implica observarlos, escucharlos, capacitarnos y reconocer que detrás de algunos cambios de conducta existen procesos de crecimiento que necesitan orientación, límites, paciencia y mucho amor.
Desde una perspectiva cristiana, cada etapa del desarrollo humano merece ser recibida con gratitud y responsabilidad.
«Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres».
Lucas 2:52
Nuestro llamado no consiste en apresurarlos para que abandonen la niñez ni en impedir que crezcan. Consiste en acompañarlos sabiamente mientras avanzan hacia una nueva etapa de la vida.
¿Y SI SON POCOS?
Uno de los mayores desafíos aparece cuando una iglesia tiene pocos preadolescentes.
Puede surgir la tentación de pensar:
«Son solamente cuatro; mejor pongámoslos con los niños».
O:
«Ya tienen doce años; que se vayan con los adolescentes».
Sin embargo, el número de participantes no debería ser el único criterio para determinar cómo pastorearlos.
Un grupo pequeño puede convertirse en una enorme oportunidad.
Cuatro, seis u ocho preadolescentes pueden desarrollar relaciones profundas, sentirse conocidos por sus líderes, participar mucho más y construir una identidad de grupo que posteriormente facilite invitar a sus amigos.
No necesitamos una multitud para comenzar a discipular bien.
Necesitamos líderes que comprendan la etapa y estén dispuestos a caminar junto a ellos.
EL GRAN PRINCIPIO
Si queremos construir un ministerio saludable para esta edad, debemos recordar una premisa sencilla:
NO LOS TRATES COMO NIÑOS PEQUEÑOS.
NO ESPERES QUE SEAN ADOLESCENTES MAYORES.
ACOMPÁÑALOS COMO PREADOLESCENTES.
Escúchalos.
Respeta sus preguntas.
Dales responsabilidades reales.
Enséñales una Biblia que puedan relacionar con su vida cotidiana.
Permíteles participar.
Construye relaciones antes de exigir respuestas.
Crea un ambiente donde puedan pertenecer mientras están descubriendo quiénes son.
Y, sobre todo, muéstrales que su valor delante de Dios no depende de haber llegado a la siguiente etapa de la vida.
UN DESAFÍO PARA NUESTRAS IGLESIAS
Si todavía no existe un espacio específico para preadolescentes en tu congregación, quizá sea momento de comenzar a considerar cómo atenderlos intencionalmente, aun cuando inicialmente sean pocos.
Y si ya existe, protejan su identidad.
No intenten convertirlos nuevamente en niños para facilitar la programación ni apresurarlos hacia la adolescencia simplemente para aumentar otro grupo.
Conózcanlos. Escúchenlos. Enséñenles. Involúcrenlos. Pastoreen su corazón.
Porque la preadolescencia no es solamente una sala de espera entre la niñez y la adolescencia.
Es una etapa llena de preguntas, descubrimientos y oportunidades espirituales.
Y cuando la iglesia aprende a caminar junto a ellos durante estos años, puede convertirse en una influencia profundamente significativa mientras comienzan a construir una fe que, poco a poco, están aprendiendo a reconocer también como propia.
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