
Una iglesia que quiere alcanzar a otros necesita mantener relaciones reales con personas que todavía no forman parte de una congregación
Idea central
Cuantas más relaciones significativas mantienen los creyentes con personas fuera de la iglesia, mayores oportunidades existen para servir, testificar, invitar y compartir el evangelio de manera natural.
No se trata de convertir a las personas en “objetivos”, sino de cultivar amistades genuinas, vivir nuestra fe con coherencia y estar preparados para compartir la esperanza que tenemos en Cristo.
INTRODUCCIÓN
Uno de los caminos más naturales para que una persona se acerque a Cristo y a una comunidad de fe es a través de alguien que ya conoce y en quien confía.
Muchas personas no llegan por primera vez a la iglesia porque vieron un anuncio o porque buscaban espontáneamente una congregación. Con frecuencia llegan porque:
- un familiar las invitó;
- un amigo las acompañó;
- un vecino les habló de Cristo;
- un compañero de trabajo oró por ellas;
- alguien estuvo presente durante una crisis;
- una relación de confianza abrió una conversación espiritual.
Por eso, una iglesia que desea alcanzar a su comunidad necesita preguntarse:
¿Nuestros miembros siguen teniendo relaciones significativas con personas que todavía no participan de una iglesia?
EL PRINCIPIO DETRÁS DE ESTA REGLA
Algunas investigaciones sobre crecimiento de iglesias han observado una relación entre la cantidad de contactos que los creyentes mantienen con personas fuera de la iglesia y la capacidad de una congregación para alcanzar nuevas personas.
Se han utilizado cifras orientativas como tres, seis o nueve contactos para ilustrar una idea importante:
cuando los creyentes pierden casi todas sus relaciones fuera de la iglesia, también disminuyen las oportunidades naturales de evangelización relacional.
No conviene convertir estos números en una fórmula rígida.
La enseñanza más útil es esta:
Una iglesia saludable no debería aislarse de las personas que desea alcanzar.
UN PELIGRO QUE PUEDE APARECER CON EL TIEMPO
Cuando una persona conoce a Cristo, normalmente conserva muchas relaciones con:
- familiares;
- amigos;
- compañeros de trabajo;
- vecinos;
- compañeros de estudios;
- personas de actividades recreativas.
Pero con el paso de los años, puede suceder algo.
Cada vez participa más en actividades de la iglesia.
Sus amistades principales llegan a ser exclusivamente cristianas.
Su tiempo libre se desarrolla casi siempre dentro del ambiente congregacional.
Poco a poco pierde contacto significativo con personas que no comparten su fe.
Esto puede producir una contradicción:
El creyente madura dentro de la iglesia, pero puede quedar cada vez más desconectado de las personas a quienes fue llamado a alcanzar.
JESÚS NO VIVIÓ AISLADO
Jesús mantuvo una vida santa sin apartarse de las personas.
Lo encontramos:
- conversando con la mujer samaritana;
- comiendo con publicanos y pecadores;
- visitando hogares;
- hablando con personas rechazadas;
- atendiendo enfermos;
- escuchando preguntas;
- acercándose a quienes otros evitaban.
La santidad de Jesús nunca significó aislamiento.
También nosotros somos llamados a vivir de una manera distinta sin desaparecer de la vida cotidiana de nuestra comunidad.
Jesús oró:
“No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.”
Juan 17:15
EL PODER DE UNA INVITACIÓN PERSONAL
La Biblia presenta varios ejemplos de personas que acercaron a otros a Jesús.
Andrés y Pedro
Andrés conoció a Jesús y luego buscó a su hermano Simón.
“Este halló primero a su hermano Simón… y le trajo a Jesús.”
Juan 1:41-42
Andrés no organizó una gran campaña.
Simplemente pensó en alguien cercano.
Felipe y Natanael
Después de encontrarse con Jesús, Felipe buscó a Natanael.
Cuando Natanael expresó dudas, Felipe respondió:
“Ven y ve.”
Juan 1:46
Una invitación sencilla abrió una puerta.
Lidia y su familia
En Hechos 16, el evangelio no impactó solamente a Lidia, sino también a su casa.
El carcelero de Filipos
Pablo y Silas compartieron el mensaje con el carcelero y con quienes estaban en su hogar.
En todos estos ejemplos vemos una verdad:
El evangelio frecuentemente avanza por medio de relaciones ya existentes.
NO NECESITAMOS MÁS CONTACTOS; NECESITAMOS MÁS RELACIONES
Tener cientos de contactos en redes sociales no significa necesariamente tener relaciones.
El evangelismo relacional requiere cercanía.
Significa conocer a las personas lo suficiente como para saber:
- qué les preocupa;
- qué están enfrentando;
- qué celebran;
- cuáles son sus preguntas;
- cuándo necesitan ayuda;
- cuándo necesitan que alguien ore por ellas.
Antes de preguntar:
“¿A quién puedo invitar?”
podríamos preguntarnos:
“¿A quién estoy escuchando, sirviendo y amando?”
UNA ACTIVIDAD PARA LA ESCUELA DOMINICAL
Mi círculo de relaciones
Entregue a cada participante una hoja y pídale que escriba nombres en cinco categorías:
Familia
Personas cercanas que todavía no participan regularmente en una iglesia.
Amigos
Personas con quienes tienen una relación real.
Vecinos
Personas de su comunidad inmediata.
Trabajo o estudios
Compañeros con quienes interactúan frecuentemente.
Actividades cotidianas
Personas conocidas por medio de deportes, negocios, pasatiempos, escuela de los hijos u otras actividades.
Después pregunte:
¿Por cuáles de estas personas estoy orando?
¿Con cuáles tengo una relación suficientemente cercana para acompañarlas?
¿Hay alguna persona a la que Dios podría estar llamándome a servir de manera especial?
LA LISTA DE ORACIÓN
Una iglesia puede desarrollar una práctica sencilla.
Cada persona selecciona algunos nombres de amigos, familiares, vecinos o conocidos que todavía no participan en una congregación.
No se trata de entregar sus datos personales ni de ponerlos en una base de datos.
Cada creyente conserva su propia lista y se compromete a:
orar, relacionarse, servir, escuchar e invitar cuando sea apropiado.
CINCO COMPROMISOS
Por cada persona de nuestra lista podemos asumir cinco compromisos.
1. ORAR
Orar regularmente.
No solamente:
“Señor, llévalo a la iglesia.”
También:
“Señor, ayúdame a amarlo, escucharlo y representarte bien delante de él.”
2. ESCUCHAR
Muchas oportunidades espirituales comienzan con una conversación.
No tenemos que dirigir inmediatamente toda conversación hacia un sermón.
Escuchemos primero.
3. SERVIR
Podemos demostrar el amor de Cristo con acciones sencillas:
- ayudar en una necesidad;
- llevar comida;
- acompañar durante una crisis;
- cuidar a sus hijos;
- ofrecer transporte;
- celebrar una fecha importante;
- estar presentes.
4. COMPARTIR
Cuando surge la oportunidad, compartamos nuestra fe con sencillez.
Podemos contar:
- lo que Cristo ha hecho en nuestra vida;
- una verdad bíblica que nos ha ayudado;
- por qué tenemos esperanza;
- cómo Dios nos ha sostenido.
5. INVITAR
La invitación puede ser sencilla:
“¿Quieres venir conmigo?”
Puede ser a:
- Escuela Dominical;
- culto;
- grupo pequeño;
- actividad familiar;
- comida;
- evento especial;
- taller;
- ministerio de puerta lateral.
Una invitación personal generalmente transmite algo importante:
“Quiero que vengas conmigo.”
LA ESCUELA DOMINICAL COMO PUENTE
La Escuela Dominical también puede enseñar a los alumnos a pensar más allá del salón.
Cada clase podría preguntarse:
¿A quién podemos alcanzar juntos?
Una clase infantil puede realizar una actividad donde los niños oren por compañeros de escuela.
Una clase de adolescentes puede preparar una reunión donde cada joven pueda invitar a un amigo.
Una clase de adultos puede organizar una comida para vecinos.
Una clase de matrimonios puede invitar a parejas conocidas a un taller práctico.
Así, la Escuela Dominical deja de ser únicamente un lugar donde recibimos enseñanza y se convierte también en un espacio que impulsa la misión.
EVITEMOS DOS EXTREMOS
Extremo 1: Aislamiento
“Solo me relaciono con cristianos.”
Esto reduce las oportunidades de testimonio.
Extremo 2: Evangelización interesada
“Solo me relaciono contigo porque quiero llevarte a mi iglesia.”
Eso convierte la amistad en una estrategia.
El camino saludable es:
Amar genuinamente a las personas y estar preparados para compartir a Cristo cuando exista una oportunidad.
PARA REFLEXIONAR COMO MAESTRO O LÍDER
Pregúntese:
- ¿Cuántas relaciones significativas tengo actualmente con personas fuera de la iglesia?
- ¿Estoy tan ocupado en actividades cristianas que casi nunca convivo con personas que todavía no conocen a Cristo?
- ¿Por quién estoy orando específicamente?
- ¿A quién podría invitar a una actividad de nuestra clase?
- ¿Qué necesidad práctica podría ayudarme a servir a alguien?
- ¿Nuestra Escuela Dominical enseña solamente Biblia o también prepara discípulos para vivir la misión?
- ¿Qué oportunidades naturales tengo durante la semana para construir relaciones?
DESAFÍO DE 30 DÍAS
Durante los próximos treinta días:
Semana 1: Escribe cinco nombres.
Semana 2: Ora diariamente por esas personas.
Semana 3: Realiza una acción concreta de amistad o servicio.
Semana 4: Busca una oportunidad natural para conversar sobre tu fe o hacer una invitación.
Después evalúa:
¿Qué hizo Dios en mí, en mis relaciones y en mis oportunidades para compartir?
PRINCIPIO PARA RECORDAR
No podemos alcanzar a personas con las que nunca nos relacionamos.
La evangelización no comienza necesariamente con un micrófono, una campaña o un evento.
Con frecuencia comienza con:
una comida,
una conversación,
una oración,
una amistad,
una invitación.
FRASE PARA CAPACITACIÓN
“La iglesia no fue llamada a formar un círculo cerrado de creyentes, sino una comunidad de discípulos que ama a Dios, ama a las personas y mantiene abiertas relaciones por donde el evangelio pueda avanzar.”
Otra frase breve
“Antes de invitar a alguien a entrar por la puerta de la iglesia, quizá necesitemos abrirle primero la puerta de nuestra amistad.”
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