Grandes Maravillas

Grandes Maravillas

“Y Josué dijo al pueblo: Santificaos, porque el Señor hará
mañana maravillas entre vosotros” (Josúe 3:5).

Hace muchos años atrás, en una visita humanitaria, el
misionero Dan Crawford, junto con sus compañeros en África,
se vieron bloqueados por una inundación que hizo aumentar el
volumen de agua de un río que necesitaban atravesar. La
única cosa que pudieron hacer, delante de aquél obstáculo,
era orar — ¡y ellos oraron! Cuando terminaron sus
oraciones, ¡un grande árbol tumbó sobre el río formando una
puente! Con un grito de puro júbilo, siguieron adelante y
cumplieron la misión que Dios les había confiado. (Gary
Bowell)

¿por qué no vemos más los grandes milagros acontecer? ¿Por
que no vemos las grandes maravillas que tanto esperamos del
Señor? ¿Por qué nuestras oraciones no producen más los
grandes efectos del pasado?

El Señor es el mismo; Su poder es el mismo; Su deseo de
bendecir es el mismo… Pero, ¡nosotros no somos más como
los hombres del pasado! Nuestra fe es vacilante, nuestra
esperanza es débil, nuestro amor al Señor es insignificante,
nuestra determinación espiritual es casi nula. Buscamos al
Señor por interés, oramos por mera rutina, vamos a los
cultos cuando nada tenemos de mejor a hacer. El poder de la
iglesia es flaco porque no confiamos verdaderamente en el
Señor.

Josué convocó el pueblo a si santificar. ¡Y el pueblo
obedeció! Hoy somos convocados a buscar a Dios, para
mantener el corazón puro, para glorificar al Señor en todo
cuanto hacemos, sin embargo, casi siempre nos mantenemos
indiferentes a cualquiera convocación.

Queremos ver las maravillas; queremos ver los milagros;
queremos ganar mucho dinero; queremos conquistar el mundo,
pero, no queremos nos someter a la voluntad de nuestro Dios
y ni renunciar de nuestros propios placeres materiales.

Las grandes maravillas son conseguidas con santidad. Los
grandes milagros son logrados con obediencia y fe. Una vida
bendita es fruto de una plena comunión con el Señor
Jesucristo.

¿Quiere ver Dios actuando en su vida? ¡Siga el consejo de
Josué!

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