El Cuerpo Maravilloso que Dios creó – Devocionales Para Niños
EL INTESTINO DELGADO
El gran recolector de tesoros
¿Sabías que dentro de tu abdomen llevas un tubo que es tan largo como una portería de fútbol grande? Se llama intestino delgado y mide entre 6 y 7 metros de longitud. Para poder caber en tu pancita, Dios lo diseñó todo enrollado y ordenado como una manguera. Él es el centro oficial de absorción de nutrientes: mientras el estómago tritura la comida, el intestino delgado hace la tarea más importante, que es extraer las vitaminas, minerales y proteínas de los alimentos para pasarlos a la sangre y darte energía. ¡El 90% de la nutrición ocurre aquí! Y tiene una curiosidad de equipo genial: para deshacer las grasas de la comida, trabaja junto a un líquido verde llamado bilis. La bilis funciona exactamente como el jabón para trastes de la cocina: corta la grasa pesada para que el intestino pueda absorberla fácil. ¡Dios puso un lavatrastes natural en tu interior!
Amiguito, mira lo que dice Filipenses 4:8 (TLA):
“Por lo demás, hermanos, piensen en todo lo que es verdadero, en todo lo honesto, en todo lo justo, en todo lo puro, en todo lo amable, en todo lo que es de buen nombre.”
Este versículo es como el manual de instrucciones para nuestro “intestino delgado espiritual”. Así como este órgano largo se encarga de revisar la comida y absorber únicamente las vitaminas buenas que te hacen crecer fuerte, dejando pasar de largo lo que no sirve, nosotros debemos hacer lo mismo con nuestra mente. Cada día recibimos muchas cosas: comentarios de amigos, videos en internet, juegos o pensamientos. Dios quiere que seamos como el intestino delgado y aprendamos a absorber solo lo bueno—lo que es puro, amable, verdadero y lleno de amor—y que rechacemos lo que nos hace daño o nos pone tristes. Al guardar los nutrientes de la palabra de Dios, nuestro espíritu crece sano y fuerte.
La enseñanza que nos deja el intestino delgado es la del discernimiento y el trabajo en equipo. Al colaborar tan de cerca con la bilis para cortar la grasa difícil, nos recuerda que no estamos solos; cuando tenemos un problema pesado o una duda, Dios nos da a nuestra familia, a la iglesia y a Su Espíritu Santo para ayudarnos a resolverlo en equipo. Hoy, cuando comas y sientas la energía para correr, recuerda el gran trabajo que hace este largo tubo oculto. ¡Agradece a Dios por Su diseño perfecto, llena tu mente de pensamientos hermosos y prepárate para absorber todas las cosas buenas que el Creador tiene preparadas para ti el día de hoy!
Oración Final:
Amado Dios, te doy gracias por mi intestino delgado, por la forma tan maravillosa en que está acomodado en mi cuerpo y por cómo absorbe los nutrientes de mi comida para darme fuerzas. Te pido que me des sabiduría para imitar su trabajo en mi vida espiritual; ayúdame a guardar en mi corazón solo las cosas buenas, puras y amables, y a desechar los malos pensamientos. Amén.
Amiguito, es hora de aceptar una misión:
Estira tus dos brazos abiertos lo más que puedas hacia los lados. ¿Sabías que el intestino delgado de un adulto es todavía tres veces más largo que esa distancia? Imagina ese largo camino en tu pancita trabajando con amor por ti. Mientras lo piensas, dile a Dios: “Señor, guardaré solo Tu verdad”. Hoy, cumple la misión del recolector: busca tres cosas buenas que te pasen en el día (un abrazo, una comida rica, un juego divertido) y dale gracias a Dios específicamente por ellas. ¡Absorbe la alegría y compártela!
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“No somos un ministerio grande…
…pero sí somos un gran ministerio”
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