“No somos un ministerio grande, pero sí somos un gran ministerio”

EL FÉMUR

El Cuerpo Maravilloso que Dios creó – Devocionales Para Niños

EL FÉMUR

El gigante de acero que me sostiene

¿Sabías que en tus muslos tienes los huesos más largos, fuertes y pesados de todo tu cuerpo? Se llaman fémures. El fémur es tan increíble que representa casi la tercera parte de tu estatura; ¡él es el gran motor que decide qué tan alto vas a ser! Dios lo diseñó con una cabeza redonda que encaja perfectamente en tu cadera, permitiéndote mover las piernas para correr, saltar o dar una patada de karate. Pero lo más asombroso es su fuerza: ¡el fémur es más resistente que el concreto reforzado! Es tan duro que, si pusiéramos un fémur solo, ¡podría soportar el peso de un automóvil pequeño sin romperse! Es el “acero biológico” que el Creador puso en tus piernas para que puedas cargar todo tu cuerpo con facilidad y fabricar sangre nueva en su interior cada segundo.

Amiguito, mira lo que dice Salmos 18:36 (TLA):

“Tú me despejas el camino, para que mis pies no resbalen.”

Este versículo nos habla de la seguridad que Dios nos da al caminar. Así como el fémur es la columna gigante y poderosa que sostiene todo tu peso para que no te desplomes, Dios es la fuerza espiritual que sostiene tu vida. Él nos dio estos huesos casi irrompibles para que podamos avanzar por el camino que Él nos marca sin miedo. A veces el camino de la vida tiene subidas difíciles, pero el Señor diseñó tus piernas con una ingeniería tan perfecta que tienes la potencia necesaria para llegar a la cima. Con Dios como tu guía y el fémur como tu soporte, ¡no hay montaña que no puedas escalar!

La enseñanza que nos deja el fémur es la de la firmeza y el crecimiento. El fémur es el que más crece para que tú seas más alto; de la misma manera, Dios quiere que crezcamos cada día más en amor y sabiduría. El hecho de que sea tan fuerte como el acero nos enseña que, con la ayuda de Dios, podemos ser valientes y resistir las presiones de los problemas. No fuiste hecho de papel, ¡fuiste hecho con la fuerza de un gigante! Hoy, cuando corras o saltes, recuerda que llevas dentro de ti el diseño de un campeón. ¡Usa esa fuerza para caminar siempre hacia lo bueno y para ayudar a los que se sienten débiles!

Oración Final:
Amado Dios, te doy gracias por mis fémures, los huesos fuertes que me permiten estar de pie y correr. Gracias por ser la fuerza que sostiene mi vida y por ayudarme a crecer cada día. Ayúdame a caminar siempre por Tus caminos y a ser firme en mi fe. Amén.

Amiguito, es hora de aceptar una misión:

Ponte de pie y da un salto lo más alto que puedas. Siente la fuerza de tus muslos al aterrizar y dile a Dios: “¡Gracias, Señor, por hacerme tan fuerte!”. Hoy, busca a alguien que esté desanimado y “sostenlo” con una palabra de aliento, siendo tan firme y servicial como tu fémur.

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…pero sí somos un gran ministerio”

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