“No somos un ministerio grande, pero sí somos un gran ministerio”

Antes de opinar, aprendamos a escuchar

Antes de opinar, aprendamos a escuchar

El método O.P.I.N.A. aplicado a la Escuela Dominical

En la Escuela Dominical enseñamos la Palabra de Dios y ayudamos a nuestros alumnos a desarrollar una manera de pensar, hablar y convivir que honre a Cristo. Esto incluye aprender a expresar opiniones con fundamento, escuchar a los demás y reconocer cuándo necesitamos comprender mejor un asunto.

A veces, un maestro interpreta el silencio de un niño como desinterés o considera que las preguntas de un adolescente son una señal de rebeldía. Sin embargo, una conducta observable no nos revela automáticamente las intenciones de una persona. Antes de sacar conclusiones, necesitamos escuchar.

Santiago 1:19 nos llama a ser prontos para oír, tardos para hablar y tardos para airarnos. Este principio ofrece una base valiosa para utilizar en clase la secuencia O.P.I.N.A.: Observar, Precisar, Investigar, Notar la incertidumbre y Argumentar.

Esta herramienta puede organizar la reflexión; en la enseñanza cristiana, la Escritura sigue siendo nuestra referencia para examinar lo que creemos y enseñamos.

O: Observar antes de interpretar

El primer paso consiste en identificar qué ocurrió realmente.

Decir «Durante la actividad, Juan habló mientras su compañero explicaba» describe una conducta. Decir «Juan no respeta a nadie» añade una conclusión sobre su carácter que ese hecho, por sí solo, no demuestra.

Como maestros, podemos preguntarnos: ¿Qué vi? ¿Qué escuché? ¿Qué parte estoy suponiendo?

Describir con precisión nos ayuda a corregir una conducta concreta sin colocar etiquetas sobre el alumno.

P: Precisar sobre qué estamos opinando

Una opinión útil necesita un asunto definido. Expresiones como «La clase estuvo mal» dejan poco espacio para mejorar.

Conviene precisar: «Las instrucciones de la actividad fueron demasiado largas y varios niños no comprendieron qué debían hacer».

Así identificamos algo que podemos revisar. Este mismo cuidado es necesario al estudiar la Biblia: ¿Estamos hablando de lo que dice el pasaje, de nuestra interpretación o de una aplicación que proponemos?

I: Investigar los fundamentos

Antes de enseñar una conclusión bíblica, debemos leer el pasaje en su contexto. ¿Quién habla? ¿A quién se dirige? ¿Qué sucede antes y después?

Hechos 17:11 presenta a los bereanos examinando las Escrituras para comprobar lo que recibían. Su ejemplo nos anima a estudiar con atención y a enseñar a nuestros alumnos a consultar la Biblia.

En los conflictos del aula, investigar también significa escuchar a las personas involucradas. Una sola versión puede dejar fuera información importante.

N: Notar lo que todavía no sabemos

Reconocer una duda puede ser una expresión de honestidad.

Un maestro puede decir: «Esa es una buena pregunta. Necesito estudiar el pasaje antes de responder». También puede reconocer: «Todavía no sé por qué ocurrió esto; primero voy a escucharlos».

Debemos distinguir las enseñanzas claras de la Escritura de las interpretaciones que necesitan más estudio. Nuestra seguridad al hablar debe corresponder al fundamento que tenemos.

A: Argumentar con claridad y respeto

Argumentar consiste en explicar una conclusión y sus razones. En la clase podemos enseñar a decir:

«Entiendo esto porque el pasaje señala…».

«Tengo una pregunta sobre esa interpretación…».

«Después de escucharte, necesito revisar mi respuesta».

El respeto debe acompañar nuestras palabras. Efesios 4:15 nos orienta a hablar la verdad en amor. Podemos examinar una idea sin humillar a quien la expresa.

Una práctica sencilla para la clase

Presente esta situación: «Una alumna no quiso participar en la dinámica».

Invite al grupo a recorrer los cinco pasos: describir lo sucedido, precisar la pregunta, identificar qué información necesitan, reconocer lo que desconocen y proponer una respuesta respetuosa.

La finalidad es aprender a escuchar antes de juzgar y a responder con cuidado.

Enseñamos también con nuestra manera de pensar

Cuando el maestro escucha, estudia y reconoce sus límites, ofrece un ejemplo que los alumnos pueden imitar.

Una Escuela Dominical que forma discípulos enseña a buscar la verdad con humildad y a tratar a las personas con amor. Cada conversación puede convertirse en una oportunidad para practicar ambas cosas.

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