
No permitas que la crítica apague lo que Dios puso en ti
Hay momentos en la vida en los que una sola frase puede hacernos dudar de todo.
“Eso no es para ti.”
“No tienes talento.”
“Harás el ridículo.”
“Ya estás grande para eso.”
“Yo no lo haría si fuera tú.”
A veces esas palabras vienen de desconocidos. Otras veces, tristemente, vienen de personas cercanas. Y aunque quizá no tengan la intención de destruirnos, pueden convertirse en pesos que terminan frenando aquello que Dios puso en nuestro corazón.
La crítica tiene una habilidad peligrosa: hacer que confundamos la opinión de otros con la voz de Dios.
Pero no son lo mismo.
No toda crítica merece autoridad sobre tu vida
La Biblia nos enseña a escuchar consejo, recibir corrección y caminar con humildad. Eso es sabio. Proverbios 12:15 dice:
“El camino del necio es derecho en su opinión; mas el que obedece al consejo es sabio.”
Sin embargo, recibir consejo no significa entregar nuestra identidad a cada opinión que escuchamos.
Hay una diferencia enorme entre una corrección que nos ayuda a crecer y una crítica que busca paralizarnos.
El consejo sano dice: “Puedes mejorar aquí.”
La crítica destructiva dice: “Tú no puedes.”
El consejo sano corrige una acción.
La crítica destructiva ataca el valor de la persona.
El consejo sano nos acerca a la verdad.
La crítica destructiva muchas veces alimenta miedo, vergüenza y comparación.
Por eso necesitamos aprender a discernir.
Cuando Dios llama, no todos lo entenderán
La Biblia está llena de personas que tuvieron que avanzar a pesar de las voces contrarias.
David era apenas un joven cuando decidió enfrentar a Goliat. Incluso su propio hermano Eliab cuestionó sus motivos y lo trató con desprecio. Pero David no permitió que aquella crítica definiera lo que podía hacer.
Nehemías también enfrentó burlas cuando comenzó a reconstruir los muros de Jerusalén. Sanbalat y Tobías intentaron ridiculizar la obra y desanimar al pueblo.
Sin embargo, Nehemías respondió:
“El Dios de los cielos, él nos prosperará, y nosotros sus siervos nos levantaremos y edificaremos.”
Nehemías 2:20
Qué respuesta tan poderosa.
No dijo: “Voy a demostrarles que soy mejor.”
Dijo, en esencia: Dios está con nosotros, así que seguiremos trabajando.
Esa es la diferencia entre actuar por orgullo y avanzar por propósito.
No tienes que demostrarle nada a todo el mundo
Una de las trampas de la crítica es que puede convertir nuestra meta en demostrarles a otros que estaban equivocados.
Pero el cristiano no vive para probar su valor.
Nuestro valor ya está establecido en Dios.
Efesios 2:10 declara:
“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras…”
Somos hechura de Dios.
Eso significa que nuestro propósito no comienza con la aprobación de la gente.
Comienza con Aquel que nos creó.
Quizá algunos no comprendan tu llamado.
Tal vez otros consideren pequeño lo que haces.
Puede ser que alguien piense que comenzaste demasiado tarde.
Pero si estás caminando en obediencia, creciendo con humildad y buscando la voluntad de Dios, no necesitas convertir cada crítica en una sentencia.
A veces la crítica también puede enseñarte
Aquí también necesitamos equilibrio.
No debemos rechazar automáticamente todo comentario incómodo diciendo: “Es que nadie cree en mí.”
A veces Dios utiliza personas para mostrarnos cosas que necesitamos corregir.
Proverbios 27:17 dice:
“Hierro con hierro se aguza; y así el hombre aguza el rostro de su amigo.”
La madurez cristiana pregunta:
¿Hay algo verdadero en esto que necesito aprender?
Si lo hay, tomamos la enseñanza.
Si no lo hay, dejamos ir la acusación.
No necesitamos tragarnos toda crítica, pero tampoco debemos volvernos incapaces de recibir corrección.
No confundas miedo con dirección
Muchas personas abandonan sueños, ministerios, estudios, proyectos o nuevas etapas no porque Dios les haya dicho que se detengan, sino porque alguien sembró miedo.
“¿Y si fracaso?”
“¿Qué van a decir?”
“¿Y si no soy suficientemente bueno?”
“¿No será demasiado tarde?”
El miedo suele preguntar: “¿Qué pasa si sale mal?”
La fe también aprende a preguntar:
“¿Qué pasa si Dios realmente me está guiando?”
No significa lanzarse irresponsablemente detrás de cualquier impulso. Significa orar, buscar consejo sabio, examinar nuestras motivaciones y avanzar cuando Dios confirma el camino.
Tal vez no necesitas más aprobación, sino más obediencia
Gálatas 1:10 plantea una pregunta muy seria:
“Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios?”
Es imposible construir una vida totalmente dirigida por Dios y al mismo tiempo vivir obsesionados con agradar a todas las personas.
En algún momento tendremos que escoger.
Habrá decisiones correctas que algunos no comprenderán.
Habrá temporadas en las que otros se burlarán.
Habrá proyectos que al principio parecerán pequeños.
Habrá personas que solo creerán cuando vean resultados.
Pero tu responsabilidad no es conseguir aprobación universal.
Tu responsabilidad es ser fiel.
Cuando escuches una voz que intenta detenerte
Antes de abandonar aquello que tienes en el corazón, hazte tres preguntas:
¿Esto que quiero hacer está de acuerdo con la Palabra de Dios?
¿He buscado a Dios sinceramente en oración y consejo sabio?
¿Estoy abandonándolo porque Dios me está redirigiendo o simplemente porque tengo miedo de la opinión de otros?
Esas preguntas pueden evitar que tomemos decisiones importantes desde la inseguridad.
Sigue subiendo
Tal vez hoy estás justo en ese punto.
Tienes una meta.
Un ministerio.
Un sueño.
Una idea.
Una nueva etapa.
Y mientras intentas avanzar escuchas voces diciéndote por qué no puedes.
Recuerda esto:
La voz más fuerte no siempre es la voz correcta.
No permitas que una crítica te haga abandonar algo que Dios todavía no te ha pedido dejar.
Aprende.
Corrige lo necesario.
Madúrate.
Busca consejo.
Ora.
Y si Dios sigue confirmando el camino, continúa.
Porque quizás la meta no consiste solamente en llegar hasta arriba.
Quizás mientras avanzas, Dios también está formando en ti perseverancia, humildad, carácter y fe.
“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”
Filipenses 4:13
No necesitas vivir pendiente de cada mano que intenta detenerte.
Mantén tus ojos en Dios, afirma tus pasos en Su Palabra y sigue avanzando hacia aquello que Él te ha llamado a hacer.
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