El Cuerpo Maravilloso que Dios creó – Devocionales Para Niños
LAS CUERDAS VOCALES
El instrumento que me hace único
¿Sabías que no necesitas comprar una guitarra o un violín para tener un instrumento musical en casa? ¡Tú ya llevas uno instalado por Dios en tu cuello! Se llaman cuerdas vocales, pero no son hilos largos; en realidad, son dos bandas gemelas de tejido elástico y músculo de un color blanco brillante. Ellas son las artistas de la vibración: cuando estás en silencio, se abren en forma de “V” para dejar pasar el aire, pero cuando hablas o cantas, se cierran y el aire las hace vibrar miles de veces por segundo para crear el sonido. Tienen un control de velocidad y tono impresionante: si los músculos las estiran, vibran súper rápido (¡hasta 500 veces por segundo!) para hacer una voz aguda de niño; y si se relajan, vibran despacio para hacer una voz grave. Además, son tan delicadas que tienen una capa de moco fina que sirve como un “lubricante de motor”. Si gritas mucho, ese lubricante se seca, las cuerdas se inflaman al chocar y ¡te quedas ronco! Por eso hay que cuidarlas y tomar agua.
Amiguito, mira lo que dice Proverbios 16:24 (TLA):
“Las palabras amables son como la miel: endulzan la vida y dan salud al cuerpo.”
Este versículo nos enseña el maravilloso poder que Dios puso en nuestras cuerdas vocales. El Creador diseñó estas bandas elásticas con una suavidad y una precisión asombrosas para que la música que salga de nuestra boca sea hermosa. Cuando usamos nuestras cuerdas vocales para decir palabras de amor, dar las gracias, decir la verdad o cantar una alabanza, es como si estuviéramos repartiendo miel. Esas palabras dulces no solo hacen felices a quienes las escuchan, sino que también traen paz y salud a nuestro propio cuerpo. Dios no quiere que usemos este instrumento perfecto para gritar con enojo, decir mentiras o lastimar a los demás, porque eso inflama nuestro corazón y seca la armonía de nuestro hogar. ¡Fuimos diseñados para bendecir!
La enseñanza que nos dejan las cuerdas vocales es la de la delicadeza y el propósito divino. Así como necesitan mantenerse hidratadas y cuidadas con agua para no perder su voz, nuestra vida espiritual necesita de la oración diaria y de la Palabra de Dios (el agua de vida) para mantenerse afinada. Dios se tomó el tiempo de ajustar tus cuerdas vocales para que tu tono de voz sea especial; cuando tú le hablas, Él reconoce tu voz entre millones de voces en el mundo porque te ama de forma personal. Hoy, cuando uses tu voz para platicar o reír, recuerda el milagro que ocurre en tu garganta. ¡Sé un buen administrador de tu instrumento, evita los gritos que lastiman y deja que de tus cuerdas vocales solo broten melodías que alegren el día de todos!
Oración Final:
Amado Dios, te doy gracias por mis cuerdas vocales, las dos bandas perfectas que pusiste en mi laringe para darme una voz hermosa. Gracias por diseñarlas con tanta delicadeza y por escucharme cada vez que te hablo. Te pido que me ayudes a cuidar mi voz, a evitar los gritos y a usar mis palabras para sanar, animar y cantar alabanzas que endulcen la vida de los demás. Amén.
Amiguito, es hora de aceptar una misión:
Toma un vaso con agua limpia, dale un buen trago despacio y siente cómo refresca tu garganta. Al hacerlo, estás hidratando y cuidando tus hermosas cuerdas vocales. Después de tomar agua, dale un susurro suave a Dios diciéndole: “Señor, mis palabras son para Ti”. Hoy, acepta la misión de la dulzura: durante todo el día, no uses gritos ni malas contestaciones. Cada vez que vayas a hablar, asegúrate de usar un tono de voz suave, tranquilo y lleno de amabilidad, ¡repartiendo miel en tu casa!
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…pero sí somos un gran ministerio”
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