“No somos un ministerio grande, pero sí somos un gran ministerio”

LA CÓRNEA

El Cuerpo Maravilloso que Dios creó – Devocionales Para Niños

EL APÉNDICE

El pequeño refugio de seguridad

¿Sabías que en la esquina inferior derecha de tu abdomen tienes un órgano pequeñito en forma de dedito de guante? Se llama apéndice y mide entre 5 y 10 centímetros de largo, justo donde empieza el intestino grueso. Aunque es chiquito, funciona como el “botón de reinicio” de tu pancita, porque guarda una copia de seguridad de tus bacterias buenas para ayudarte a sanar después de una enfermedad. Sin embargo, este pequeño órgano es famoso por una enfermedad llamada apendicitis. Esto pasa cuando su entrada se bloquea por restos de comida y se inflama. Causa un dolor muy fuerte que empieza en el ombligo y se mueve a la derecha, y los doctores deben hacer una cirugía rápida para quitarlo antes de que se rompa. ¡Lo bueno es que si te lo quitan, puedes seguir viviendo una vida súper sana y feliz! Dios diseñó tu cuerpo para resistir y seguir adelante.

Amiguito, mira lo que dice Proverbios 4:23 (TLA):

“Y sobre todas las cosas, cuida tu mente, porque ella es la fuente de la vida.”

El apéndice y la apendicitis nos enseñan una lección muy importante sobre las pequeñas cosas que se acumulan en el corazón. La apendicitis ocurre porque algo pequeñito bloquea la entrada del apéndice, y si no se atiende, se llena de presión y se enferma. En nuestra vida, a veces dejamos que “cositas pequeñas” bloqueen la entrada de la alegría en nuestro corazón: un pequeño rencor porque no te prestaron un juguete, una pequeña mentira que no confesaste, o un berrinche guardado. Si no sacamos esas pequeñas cosas a tiempo hablándolas con Dios o con nuestros papás, nuestro corazón se va a “inflamar” de enojo y tristeza, y nos causará un dolor espiritual muy fuerte que dañará nuestra actitud. ¡Hay que atender las alarmas a tiempo!

La enseñanza que nos deja el apéndice es la de la prevención y la confianza en el respaldo de Dios. Así como el apéndice es un refugio oculto que guarda lo bueno, la palabra de Dios en tu mente es tu mejor escudo protector. Si en algún momento sientes que la tristeza o el enojo están creciendo en tu interior (como el dolor de la apendicitis), no te quedes callado; busca ayuda, habla con tus papás y pídele a Jesús que “opere” tu corazón, quitando todo lo malo. Hoy, dale gracias al Creador por cuidar cada detalle de tu cuerpo, incluso los más pequeños. ¡Atiende los avisos de tu corazón, perdona rápido para que nada se acumule y vive con la seguridad de que Dios tiene un plan perfecto y saludable para tu vida!

Oración Final:
Amado Dios, te doy gracias por mi apéndice, por ser un pequeño refugio en mi cuerpo y por la salud que me regalas cada día. Te pido que me ayudes a cuidar mi corazón para que no se acumule en él ningún enojo, envidia o rencor que me pueda lastimar. Si hay algo malo en mí, quítalo con Tu amor y lléname de Tu paz perfecta. Amén.

Amiguito, es hora de aceptar una misión:

Mira tu dedo índice de la mano. ¡Tu apéndice es aproximadamente de ese mismo tamaño! Pon tu mano en la parte baja y derecha de tu pancita y dile a Dios: “Señor, mantén mi corazón limpio y sano”. Hoy, cumple la misión del detector: revisa si tienes algún enojo guardado con alguien en casa o en la escuela. Si encuentras algo que te esté molestando por dentro, ve con esa persona, dale un abrazo o dile: “Te perdono” o “Discúlpame”. ¡No dejes que nada se acumule en tu corazón para que siempre estés lleno de la alegría de Jesús!

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…pero sí somos un gran ministerio”

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