El Cuerpo Maravilloso que Dios creó – Devocionales Para Niños
EL HÚMERO
El pilar de mis abrazos y el “huesito de la risa”
¿Has intentado alguna vez lanzar una pelota muy lejos o colgarte de los pasamanos en el parque? ¡Para eso necesitas al húmero! Este es el hueso más largo y fuerte de tu brazo, que va desde tu hombro hasta el codo. Dios lo diseñó con una cabeza redondeada (como una media pelota) para que encaje perfectamente en tu omóplato, permitiéndote girar el brazo en todas direcciones. Pero lo más famoso del húmero es lo que pasa en el codo: allí hay un pequeño rincón donde vive el nervio cubital. Cuando te golpeas “el huesito de la risa” y sientes como una corriente eléctrica que te hace saltar, ¡en realidad es ese nervio chocando contra tu húmero! Es tan resistente que puede aguantar el peso de un adulto pequeño antes de romperse. ¡Es un verdadero pilar de fuerza que el Ingeniero Divino puso en tus brazos!
Amiguito, mira lo que dice Salmos 18:34 (TLA):
“Tú me entrenas para la batalla, ¡tú me das fuerzas para tensar el arco más fuerte!”
Este versículo nos habla de la fuerza que viene de Dios. Así como el húmero es el hueso robusto que sostiene tus músculos para que puedas hacer cosas difíciles, Dios es la fuerza que sostiene tu vida. Él nos dio estos brazos fuertes no solo para jugar, sino para ayudar a otros y para “tensar el arco” de la fe. A veces, la vida nos da un “golpe en el codo” que nos hace sentir una sacudida extraña o un poco de dolor, pero así como ese golpe pasa rápido, Dios está ahí para recordarnos que somos más fuertes de lo que pensamos. Él nos entrena cada día para que seamos valientes y usemos nuestra fuerza para el bien.
La enseñanza que nos deja el húmero es que la fuerza y la alegría pueden ir de la mano. En inglés, el nombre de este hueso suena igual a la palabra “gracioso” (humorous), y eso nos recuerda que, aunque debemos ser fuertes y firmes como un hueso largo, también debemos tener sentido del humor y alegría. Dios quiere que uses tus brazos para dar abrazos que sanen el corazón de los demás y para levantar las cargas de quienes están cansados. Tu húmero es una columna que sostiene tus sueños; mantenlo fuerte alimentándote bien y usándolo para servir a los demás. ¡Eres un campeón con brazos diseñados para la victoria!
Oración Final:
Amado Dios, te doy gracias por mi húmero, el hueso fuerte que me permite abrazar, jugar y ayudar. Gracias porque Tú eres mi verdadera fuerza y me enseñas a ser valiente. Ayúdame a usar mis brazos para bendecir a otros y para reflejar Tu alegría. Amén.
Amiguito, es hora de aceptar una misión:
Busca a alguien en tu casa (mamá, papá o un hermano) y dale el abrazo más fuerte y largo que puedas. Mientras lo haces, siente la fuerza de tus brazos y dile a Dios: “¡Gracias, Señor, por mis brazos fuertes!”. Y si alguna vez te golpeas el “huesito de la risa”, ¡recuerda reírte un poco de la sensación eléctrica!
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“No somos un ministerio grande…
…pero sí somos un gran ministerio”
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