“No somos un ministerio grande, pero sí somos un gran ministerio”

El corazón de un maestro de Escuela Dominical

El corazón de un maestro de Escuela Dominical

Ser maestro de Escuela Dominical es mucho más que llegar el domingo con una Biblia, preparar una actividad o contar una historia. Es aceptar el privilegio de sembrar la Palabra de Dios en el corazón de una nueva generación.

En nuestras manos podemos llevar una Biblia, hojas, colores, tijeras, pegamento, premios, juegos y materiales para la clase. Podemos preparar dinámicas creativas y decorar cuidadosamente nuestro salón. Todo eso es valioso, pero lo más importante que llevamos a la Escuela Dominical no cabe en una mochila: se lleva en el corazón.

Más que enseñar una historia

Un niño quizá olvide con el tiempo el nombre de una manualidad que realizó o el juego que disfrutó durante una clase, pero puede recordar durante muchos años a aquel maestro que lo recibió con alegría, escuchó sus preguntas, oró por él y le enseñó que Dios lo ama y que su vida tiene valor y propósito.

Por eso nuestra misión no consiste únicamente en conseguir que los alumnos conozcan personajes, acontecimientos y versículos bíblicos. Queremos ayudarlos a conocer al Dios de la Biblia.

Deuteronomio 6:6-7 nos recuerda que las palabras de Dios deben estar primero en nuestro corazón y después ser enseñadas diligentemente a nuestros hijos.

Hay un principio importante aquí: enseñamos mejor aquello que primero está transformando nuestra propia vida.

Cada niño llega con una historia

Detrás de cada sonrisa hay una historia que quizá desconocemos.

Algunos niños llegan emocionados; otros, tímidos. Algunos viven en hogares estables y otros atraviesan cambios, conflictos o situaciones difíciles. Uno necesita ser escuchado; otro necesita pertenecer; alguno necesita descubrir que puede ser perdonado; y quizá otro simplemente necesita que un adulto cristiano le diga sinceramente:

“Me alegra mucho que hayas venido hoy.”

Por eso, antes de enseñar una lección, aprendamos también a mirar al niño.

Jesús mostró un interés especial por ellos. Cuando otros intentaron apartarlos, Él dijo: “Dejad a los niños venir a mí” (Marcos 10:14).

El maestro de Escuela Dominical tiene el hermoso privilegio de ayudar a acercarlos a Jesús.

Las pequeñas cosas también ministran

A veces pensamos que para impactar a nuestros alumnos necesitamos una clase extraordinaria. Sin embargo, Dios puede utilizar acciones muy sencillas: aprender sus nombres, recibirlos con una sonrisa, celebrar cuando regresan, escuchar atentamente sus preguntas, recordar aquello que les preocupa, reconocer sus esfuerzos y orar específicamente por ellos.

Para nosotros puede parecer un detalle pequeño.

Para un niño puede significar muchísimo.

La enseñanza cristiana ocurre tanto mediante nuestras palabras como mediante nuestra manera de tratar a quienes estamos enseñando.

Cuando el maestro también recibe

Quien enseña a niños pronto descubre algo maravilloso: el maestro también aprende.

Recibimos dibujos hechos especialmente para nosotros, abrazos espontáneos, preguntas inesperadas, ocurrencias que nos hacen reír y oraciones infantiles llenas de sinceridad.

Y algunas veces escuchamos un sencillo:

“Maestro, te quiero.”

Entonces recordamos que nuestro ministerio no consiste solamente en todo lo que damos. Dios también utiliza a esos pequeños para enseñarnos acerca de sencillez, confianza, alegría, dependencia y fe.

Habrá domingos difíciles

No todas las clases serán perfectas.

Habrá domingos con niños inquietos, materiales que no funcionaron, actividades que tomaron más tiempo del esperado, preguntas para las que no teníamos preparada una respuesta y momentos en los que parecerá que nadie estaba escuchando.

No debemos medir el valor de nuestro ministerio únicamente por lo espectacular de una clase.

Pablo escribió:

“Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios.” — 1 Corintios 3:6

Nuestra responsabilidad es sembrar fielmente.

Quizá no veamos inmediatamente el resultado de cada enseñanza, oración o conversación. Una verdad sembrada hoy puede ser recordada por ese niño muchos años después.

Preparemos la clase, pero también el corazón

La preparación de un maestro cristiano debería comenzar antes de escoger la dinámica o imprimir la actividad.

Comienza delante de Dios.

Antes de enseñar podemos preguntarnos:

¿Qué quiere Dios enseñarme primero a mí?

¿Cuál es la verdad bíblica que mis alumnos necesitan comprender?

¿Cómo puedo comunicarla de acuerdo con su edad?

¿Cómo pueden vivirla durante esta semana?

Y especialmente:

¿He orado por los niños que voy a recibir?

Una clase bíblicamente sólida, preparada con excelencia y presentada con creatividad es importante. Pero cuando además procede de un maestro que ama a Dios y ama genuinamente a sus alumnos, adquiere una dimensión diferente.

Estamos formando discípulos

Nuestro objetivo final no es simplemente llenar un salón ni entretener niños durante el servicio de los adultos.

Estamos participando en algo mucho mayor: la formación espiritual de una generación.

Queremos que nuestros niños aprendan a:

CONOCER A DIOS → CRECER EN SU PALABRA → VIVIR LA FE → SERVIR A LOS DEMÁS.

Queremos que la Biblia salga del salón y llegue a sus decisiones, amistades, hogares, escuelas y vida cotidiana.

Ese es el verdadero éxito de una Escuela Dominical: no solamente que un niño pueda decir “sé la respuesta”, sino que poco a poco pueda decir:

“Conozco a Jesús, creo en su Palabra y quiero vivir para Él.”

Para nuestros maestros de Arcoíris Ministerio Infantil

Ser maestro de Escuela Dominical es enseñar, escuchar, acompañar, cuidar, crear, orar, servir y sembrar.

En nuestras manos llevamos materiales.

En nuestra mente llevamos una lección.

En nuestra Biblia llevamos el mensaje.

Pero en nuestro corazón llevamos algo que ningún recurso didáctico puede sustituir:

amor por Dios y amor por cada niño que Él pone delante de nosotros.

Porque quizá nunca sepamos hasta dónde llegará una semilla sembrada durante una sencilla clase de domingo.

No enseñamos solamente una lección. Ayudamos a formar una vida.

Arcoíris Ministerio Infantil
Conocer a Dios • Crecer en su Palabra • Vivir la fe • Servir a los demás

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