Dios todavía sigue obrando en ti

Déjate enseñar
Dios todavía sigue obrando en ti
Lectura bíblica: Filipenses 2:12-16
Versículo clave:
“Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”.
Filipenses 2:13
Llegar a cierta edad, ocupar una posición de liderazgo o acumular años de experiencia puede hacernos pensar que ya sabemos lo suficiente. Comenzamos a escuchar menos, rechazamos las observaciones y sentimos que aceptar una corrección debilita nuestra autoridad.
Pero una de las señales más claras de madurez no es tener todas las respuestas. Es conservar un corazón dispuesto a aprender.
Dios no ha terminado su obra en nosotros. Todavía quiere corregir pensamientos, transformar actitudes, sanar heridas, renovar motivaciones y enseñarnos maneras más sabias de vivir y servir.
No tienes que saberlo todo
Hay una presión silenciosa que nos impulsa a aparentar seguridad permanente. Tememos decir:
- “No lo sé”.
- “Necesito ayuda”.
- “Me equivoqué”.
- “Enséñame cómo hacerlo”.
- “Debo aprender más”.
- “Nunca había pensado en eso”.
Sin embargo, reconocer que no sabemos algo no nos hace débiles. Nos hace honestos y abre la puerta al crecimiento.
La persona que cree saberlo todo deja de hacer preguntas. Y quien deja de preguntar corre el peligro de quedar atrapado en sus propios límites.
“El camino del necio es derecho en su opinión; mas el que obedece al consejo es sabio”.
Proverbios 12:15
Dios utiliza diferentes maestros
Dios puede enseñarnos mediante su Palabra, la oración y la obra del Espíritu Santo. Pero también utiliza personas, circunstancias, errores y procesos que no habríamos elegido.
Puede hablarnos a través de:
- Un mentor.
- Un compañero de trabajo.
- Un familiar.
- Una persona más joven.
- Una corrección respetuosa.
- Un fracaso.
- Una puerta cerrada.
- Una conversación incómoda.
- Una responsabilidad nueva.
- Una etapa de espera.
A veces rechazamos la lección porque no nos gusta el instrumento que Dios está usando.
Queremos aprender, pero solamente de ciertas personas. Queremos crecer, pero sin ser confrontados. Queremos avanzar, pero sin reconocer errores.
Un corazón enseñable pregunta:
“Señor, ¿qué quieres mostrarme en medio de esta situación?”.
La corrección no siempre es rechazo
Cuando alguien señala un área que necesitamos mejorar, nuestra primera reacción puede ser defendernos. Escuchamos una observación y pensamos que están cuestionando todo nuestro valor.
Pero una corrección específica no significa que seamos un fracaso. Significa que todavía existe un aspecto en el que podemos crecer.
Por supuesto, no toda crítica es correcta ni toda persona habla con sabiduría. Necesitamos discernimiento. Sin embargo, incluso una observación expresada imperfectamente puede contener algo que conviene examinar delante de Dios.
Antes de responder, podemos preguntarnos:
- ¿Hay algo de verdad en lo que estoy escuchando?
- ¿Mi reacción defensiva está ocultando una inseguridad?
- ¿Esta conducta ha sido señalada anteriormente?
- ¿Qué principio bíblico se relaciona con esta situación?
- ¿Necesito pedir consejo a una persona madura?
La humildad no acepta ciegamente todo lo que otros dicen, pero tampoco rechaza automáticamente lo que resulta incómodo.
Dios transforma el querer y el hacer
Filipenses 2:13 nos recuerda que Dios obra en nosotros tanto el deseo como la capacidad de hacer su voluntad.
Esto no significa que debamos permanecer pasivos esperando que Él lo haga todo. El versículo anterior nos llama a ocuparnos responsablemente de nuestra vida espiritual.
La transformación incluye dos realidades: Dios obra y nosotros respondemos.
Él produce convicción, pero nosotros confesamos. Él nos muestra el camino, pero nosotros damos pasos de obediencia. Él nos fortalece, pero nosotros practicamos lo aprendido.
No basta con decir:
“Algún día voy a cambiar”.
Un corazón enseñable convierte la enseñanza en acción.
Señales de un corazón enseñable
Una persona dispuesta a aprender:
- Escucha antes de responder.
- Hace preguntas sinceras.
- Reconoce sus errores.
- Recibe consejos con discernimiento.
- No se siente amenazada por quienes saben más.
- Aprende también de personas más jóvenes.
- Está dispuesta a cambiar métodos que ya no funcionan.
- Busca capacitación.
- Agradece la corrección respetuosa.
- Lleva lo aprendido a la práctica.
No necesitamos saberlo todo. Necesitamos mantenernos cerca del Dios que sí lo sabe todo.
El peligro de compararnos
A veces deseamos que Dios nos transforme copiando el proceso de otra persona. Queremos su habilidad, su posición o sus resultados.
Pero Dios no está fabricando una copia de alguien más. Está formando en nosotros el carácter de Cristo y guiándonos en el propósito particular que nos ha confiado.
Podemos aprender de otros sin perder nuestra identidad. Podemos admirar sus capacidades sin despreciar las nuestras.
Tu crecimiento no consiste en convertirte en una réplica de otra persona, sino en ser cada vez más fiel a lo que Dios desea hacer contigo.
Tres decisiones para continuar aprendiendo
1. Reconoce lo que todavía necesitas aprender
Escribe un área específica: comunicación, paciencia, liderazgo, organización, doctrina, relaciones o dominio propio.
2. Busca una fuente confiable de formación
Puede ser un mentor, un libro, un curso, una conversación o un estudio bíblico serio. No esperes crecer únicamente mediante buenas intenciones.
3. Practica una acción concreta
El conocimiento que nunca se aplica termina convirtiéndose en información acumulada. Decide qué harás diferente esta semana.
Reto de fe
Durante los próximos siete días, comienza cada mañana con esta oración:
“Señor, mantén mi corazón enseñable. Muéstrame lo que debo aprender y dame humildad para responder”.
Cuando recibas una observación, no contestes inmediatamente. Escucha, respira, ora y examina lo que se te ha dicho.
Al finalizar la semana, escribe una lección que Dios haya utilizado para ayudarte a crecer.
Oración
Señor, reconozco que todavía tengo mucho que aprender. Perdóname por las veces que el orgullo me ha impedido escuchar, pedir ayuda o aceptar una corrección.
Dame un corazón humilde, sensible a tu Palabra y dispuesto a obedecer. Enséñame por medio de las personas, las circunstancias y los procesos que permitas.
Produce en mí el querer y el hacer conforme a tu buena voluntad. Ayúdame a no conformarme con saber más, sino a vivir de una manera que refleje cada día mejor el carácter de Cristo. Amén.
Para recordar
No tienes que saberlo todo. Solo necesitas permanecer cerca de Dios y conservar un corazón dispuesto a aprender.
Dios no ha terminado contigo. Él sigue obrando, corrigiendo, formando y preparando tu vida para aquello que viene.
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