“No somos un ministerio grande, pero sí somos un gran ministerio”

Cuando la fe, la memoria, las emociones y el cerebro aprenden a caminar hacia la libertad

🌿 PERDONAR SIN NEGAR LA HERIDA

Cuando la fe, la memoria, las emociones y el cerebro aprenden a caminar hacia la libertad

Hay dolores que terminaron en el calendario, pero no terminaron dentro de nosotros.

La conversación ocurrió hace años. La traición pertenece al pasado. La persona quizá ya no está cerca. La pérdida ocurrió hace mucho. Sin embargo, basta escuchar una frase, visitar determinado lugar, encontrar una fotografía o vivir una situación parecida para que algo vuelva a encenderse por dentro.

El cuerpo se tensa.

La mente comienza a recordar.

Aparece nuevamente la conversación que nunca pudimos terminar.

Pensamos en lo que debimos haber dicho.

Imaginamos lo que haríamos si volviéramos a encontrarnos con aquella persona.

Regresan la rabia, la tristeza, la impotencia, la vergüenza o el miedo.

Entonces surge una pregunta profundamente humana y también profundamente espiritual:

¿Por qué sigo sintiendo esto si aquello ocurrió hace tanto tiempo?

Y para el cristiano aparece otra pregunta todavía más difícil:

Si ya decidí perdonar, ¿por qué todavía me duele?

Aquí necesitamos hablar con mucho cuidado.

Porque algunas enseñanzas sobre el perdón han sido presentadas de una manera tan simplificada que terminan convirtiéndose en una carga adicional para las personas heridas.

Se les dice:

“Si todavía recuerdas, no has perdonado.”

“Si todavía lloras, no lo has entregado a Dios.”

“Si todavía te molesta, tienes resentimiento.”

“Si perdonaste de verdad, deberías volver a confiar.”

Pero ninguna de esas afirmaciones describe adecuadamente la complejidad del corazón humano, y algunas pueden ser pastoralmente dañinas.

La Biblia nos llama al perdón, sí.

Pero perdonar no significa negar la realidad.

Y comprender un poco cómo funcionan la memoria, las emociones y el cerebro puede ayudarnos a acompañar ese proceso con mayor sabiduría.


1. 🧠 DIOS NOS CREÓ CON UN CEREBRO QUE RECUERDA

La memoria es un regalo extraordinario.

Gracias a ella reconocemos a nuestros seres queridos, aprendemos de nuestros errores, desarrollamos habilidades, recordamos experiencias, conservamos nuestra historia y podemos anticiparnos a determinados peligros.

Imagina que cada vez que tocáramos algo caliente olvidáramos inmediatamente que quema.

Tendríamos que aprender la misma lección una y otra vez.

Por eso nuestro cerebro aprende.

Y una de las cosas que aprende especialmente bien es:

“Esto fue peligroso.”

Las experiencias emocionalmente intensas pueden dejar recuerdos especialmente significativos. Diferentes sistemas cerebrales participan en este proceso. La amígdala interviene en el procesamiento de la relevancia emocional y las amenazas; el hipocampo participa en aspectos de memoria y contexto; y diferentes regiones de la corteza prefrontal ayudan en procesos como regulación emocional, evaluación y toma de decisiones.

Esto no significa que exista un pequeño interruptor llamado “dolor” dentro del cerebro.

La realidad es muchísimo más compleja.

Pero sí podemos comprender algo sencillo:

Nuestro cerebro intenta utilizar experiencias anteriores para ayudarnos a responder al presente.

Y eso es maravilloso cuando existe un peligro real.

El problema aparece cuando una experiencia pasada continúa influyendo intensamente en nuestra manera de interpretar situaciones actuales.


2. 🚨 CUANDO UNA HERIDA ANTIGUA ACTIVA UNA ALARMA PRESENTE

Supongamos que alguien fue profundamente traicionado.

Tiempo después entra en una nueva relación.

La nueva persona hace algo parecido —aunque no necesariamente idéntico— a lo que hizo quien lo traicionó.

Inmediatamente aparece una alarma interior:

“Cuidado.”

Quizá objetivamente todavía no exista evidencia suficiente para concluir que está ocurriendo otra traición.

Pero la experiencia anterior enseñó:

“Esto puede ser peligroso.”

La persona puede experimentar:

  • aumento del ritmo cardíaco;
  • tensión muscular;
  • cambios en la respiración;
  • pensamientos acelerados;
  • necesidad de escapar o defenderse;
  • irritabilidad;
  • dificultad para pensar con claridad;
  • recuerdos asociados con experiencias anteriores.

Esto no significa necesariamente que la persona sea “débil espiritualmente”.

Tampoco significa automáticamente que “no ha perdonado”.

Puede significar que su organismo aprendió a estar alerta.

Y aquí necesitamos corregir una expresión popular:

❌ “Tu cerebro no sabe distinguir entre pasado y presente.”

Eso es demasiado absoluto.

Una manera más precisa sería:

✅ “Determinados recuerdos o señales pueden activar respuestas emocionales y corporales aprendidas, aun cuando conscientemente sabemos que el acontecimiento pertenece al pasado.”

Esa diferencia importa.

Porque la neurociencia debe utilizarse para comprender a las personas, no para producir frases impactantes pero inexactas.


3. 🔁 CUANDO VOLVEMOS UNA Y OTRA VEZ A LA HERIDA

Hay una diferencia entre recordar y rumiar.

Recordar es parte normal de nuestra historia.

Rumiar significa quedar atrapados repetidamente en determinados pensamientos sin avanzar hacia una resolución.

La mente puede comenzar a girar alrededor de preguntas como:

“¿Cómo pudo hacerme esto?”

“¿Por qué no me di cuenta?”

“¿Qué habría ocurrido si yo hubiera respondido diferente?”

“Algún día pagará lo que me hizo.”

“Voy a demostrarle que estaba equivocado.”

“Jamás volveré a confiar en nadie.”

La persona vuelve mentalmente a la escena.

La reconstruye.

La modifica.

Discute nuevamente.

Gana conversaciones imaginarias.

Busca explicaciones.

Algunas veces incluso imagina venganzas.

Y después de veinte minutos descubre algo doloroso:

el acontecimiento ocurrió hace años, pero acaba de dedicar veinte minutos del presente a vivir alrededor de él.

Aquí encontramos un principio importante del aprendizaje:

Aquello que practicamos repetidamente puede volverse más accesible y habitual.

Pero debemos evitar convertir esto en una fórmula simplista como:

“Pensaste mucho en tu dolor y por eso dañaste tu cerebro.”

No.

La neuroplasticidad es mucho más compleja.

Y una persona que ha experimentado trauma o abuso no necesita escuchar que ella misma es culpable por las respuestas que desarrolló para sobrevivir.


4. 🌱 LA BUENA NOTICIA DE LA NEUROPLASTICIDAD

El cerebro humano no es una estructura completamente rígida.

Posee capacidad de adaptación y aprendizaje durante toda la vida.

A esto lo llamamos neuroplasticidad.

Significa, en términos sencillos, que nuestras experiencias, aprendizajes y prácticas pueden influir en cómo funcionan determinadas redes cerebrales.

Eso abre una puerta de esperanza.

Porque significa que:

“Así aprendí a reaccionar”

no necesariamente significa:

“Así reaccionaré para siempre.”

Podemos aprender nuevas maneras de responder.

Podemos practicar regulación emocional.

Podemos identificar pensamientos automáticos.

Podemos cuestionar interpretaciones incorrectas.

Podemos aprender a establecer límites.

Podemos desarrollar nuevas experiencias de seguridad.

Podemos recibir acompañamiento.

Podemos practicar gratitud, oración, reflexión, compasión y dominio propio.

Y poco a poco nuestras respuestas pueden cambiar.

No porque el pasado desaparezca.

Sino porque ya no necesitamos responder al presente exactamente como respondíamos cuando ocurrió la herida.


5. ✝️ AQUÍ EL PERDÓN CRISTIANO ADQUIERE UNA PROFUNDIDAD EXTRAORDINARIA

La Biblia habla constantemente del perdón.

No porque Dios considere insignificante la injusticia.

Precisamente lo contrario.

Si no existiera una verdadera deuda moral, no habría nada que perdonar.

Perdonar implica reconocer:

“Lo que ocurrió estuvo mal.”

La Escritura dice:

“De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.”
—Colosenses 3:13

El fundamento del perdón cristiano no es:

“La persona merece que olvides lo que hizo.”

El fundamento es la gracia que nosotros mismos hemos recibido en Cristo.

Pero aquí necesitamos distinguir cuidadosamente varios conceptos.


6. ❤️ PERDONAR NO SIGNIFICA DECIR “NO PASÓ NADA”

Perdonar no es minimizar.

No significa decir:

“Quizá exageré.”

“No fue tan grave.”

“Seguro no quiso hacerlo.”

“Mejor olvidemos todo.”

Eso puede convertirse en negación.

El perdón bíblico puede mirar directamente hacia la injusticia y decir:

“Sí ocurrió.”

“Sí estuvo mal.”

“Sí me lastimó.”

“Sí hubo consecuencias.”

“Y aun así, no quiero dedicar el resto de mi vida a cobrar personalmente esta deuda.”

Eso es muy diferente.


7. 🩹 PERDONAR NO SIGNIFICA DEJAR DE SENTIR DOLOR

Una de las ideas más dañinas es pensar que una persona verdaderamente espiritual debería dejar inmediatamente de sentir emociones difíciles después de perdonar.

Pero las emociones no funcionan como un interruptor.

Puedes tomar una decisión espiritual genuina hoy y todavía experimentar tristeza mañana.

Puedes haber perdonado y llorar.

Puedes haber perdonado y sentir decepción.

Puedes haber perdonado y experimentar enojo cuando recuerdas lo sucedido.

Puedes haber perdonado y necesitar procesar las consecuencias.

La presencia de una emoción no demuestra automáticamente ausencia de perdón.

La pregunta más útil podría ser:

¿Qué estoy haciendo ahora con esa emoción?


8. 🧳 PERDONAR NO ES OLVIDAR

Esta frase merece escribirse en letras grandes:

PERDONAR NO ES OLVIDAR.

La Biblia nunca presenta la amnesia como requisito del perdón.

De hecho, olvidar algunas experiencias dolorosas podría ser incluso imprudente.

Si alguien te estafó, recordar lo ocurrido puede ayudarte a establecer límites.

Si alguien fue violento, recordar las señales puede ayudarte a protegerte.

Si alguien quebrantó repetidamente tu confianza, la sabiduría no consiste en fingir que nunca ocurrió.

Hay recuerdos que se convierten en maestros.

La diferencia está en que un recuerdo puede permanecer sin seguir gobernando nuestra vida.

La cicatriz recuerda que existió una herida, pero también demuestra que la herida ya no está abierta de la misma manera.


9. 🚧 PERDONAR NO SIGNIFICA VOLVER A CONFIAR AUTOMÁTICAMENTE

Perdón y confianza están relacionados, pero no son idénticos.

El perdón puede comenzar como una decisión personal delante de Dios.

La confianza involucra una relación.

Y cuando la confianza fue destruida, necesita reconstruirse.

Eso requiere:

  • verdad;
  • arrepentimiento;
  • responsabilidad;
  • cambios observables;
  • tiempo;
  • coherencia;
  • límites saludables.

No puedes exigirle a una persona herida:

“Si me perdonaste, entonces tienes que confiar en mí.”

Eso confunde dos procesos diferentes.

El perdón puede ser ofrecido.

La confianza necesita volver a ser demostrada.


10. 🤝 PERDÓN Y RECONCILIACIÓN TAMPOCO SON SINÓNIMOS

Podemos añadir una tercera palabra:

reconciliación.

La reconciliación implica restauración de una relación.

Y para una reconciliación saludable normalmente hacen falta dos personas dispuestas a trabajar en ella.

Una persona puede perdonar mientras la otra continúa negando lo sucedido.

Una persona puede perdonar mientras la otra nunca pide perdón.

Una persona puede perdonar mientras la otra continúa comportándose de manera destructiva.

En esas circunstancias puede existir perdón sin restauración inmediata de la relación.

Especialmente cuando existen abuso, violencia o peligro, jamás debemos utilizar el lenguaje del perdón para presionar a una víctima a regresar a una situación insegura.


11. ⚖️ PERDONAR NO SIGNIFICA RENUNCIAR A LA JUSTICIA

Esta es otra confusión frecuente.

Supongamos que alguien comete un delito contra otra persona.

¿Perdonar significa no denunciarlo?

No necesariamente.

El perdón pertenece principalmente al ámbito de la deuda personal y moral.

La justicia tiene también dimensiones sociales, legales y comunitarias.

Una persona puede decir:

“No quiero vivir consumido por odio hacia ti, pero lo que hiciste debe tener consecuencias.”

Eso no es contradicción.

Podemos renunciar a la venganza personal sin renunciar a la justicia.

Especialmente cuando existe riesgo para otras personas, guardar silencio puede incluso permitir que continúe el daño.


12. ⛓️ EL RESENTIMIENTO PUEDE CONVERTIRSE EN UNA PRISIÓN

Aquí encontramos una de las tragedias más dolorosas de una ofensa.

Alguien nos hiere una vez.

Pero después podemos pasar meses o años viviendo mentalmente alrededor de esa persona.

Pensamos en ella cuando despertamos.

Hablamos de ella.

Revisamos sus redes sociales.

Imaginamos su fracaso.

Esperamos que algún día comprenda cuánto nos hizo sufrir.

Y sin darnos cuenta, aquella persona continúa ocupando espacio dentro de nosotros.

La ofensa ocurrió una vez.

El resentimiento puede repetirla cientos de veces en nuestra imaginación.

Esto no significa que debamos culparnos por sentir dolor.

Significa reconocer que eventualmente necesitamos preguntarnos:

¿Quiero continuar entregándole mi presente a quien ya me quitó una parte de mi pasado?


13. 🌿 EL PERDÓN PUEDE SER UN PROCESO

Hay ofensas pequeñas que podemos perdonar rápidamente.

Otras heridas son profundamente complejas.

Por eso algunas veces el perdón comienza con una decisión, pero necesita ser reafirmado mientras las emociones son procesadas.

Hoy puedes decir:

“Señor, decido no buscar venganza.”

Una semana después aparece un recuerdo y vuelve la rabia.

Eso no significa necesariamente que tu decisión anterior fue falsa.

Quizá simplemente encontraste otra capa del dolor.

Entonces vuelves a trabajarla.

Vuelves a orar.

Vuelves a entregar.

Vuelves a elegir.

No necesariamente estás comenzando desde cero.

Estás profundizando el proceso.


14. 🧠 ¿QUÉ PUEDE OCURRIR CUANDO APRENDEMOS UNA RESPUESTA DIFERENTE?

Aquí podemos conectar prudentemente la dimensión espiritual con lo que conocemos sobre aprendizaje y regulación emocional.

Supongamos que aparece un recuerdo doloroso.

Antes nuestra secuencia habitual era:

Recuerdo → rabia → rumiación → imaginación de venganza → más rabia.

Pero comenzamos a practicar otra respuesta:

Recuerdo → reconocer emoción → respirar → evaluar el presente → orar → recordar nuestra decisión → elegir cómo responder.

No significa que desaparezca inmediatamente la emoción.

Pero estamos introduciendo algo nuevo:

una respuesta deliberada.

Con práctica, determinadas respuestas pueden hacerse más habituales.

Por eso es mejor decir:

Perdonar no borra automáticamente una vía cerebral del dolor; puede formar parte de un proceso más amplio de aprendizaje emocional, espiritual y relacional mediante el cual desarrollamos respuestas diferentes.


15. 🕊️ “NO PUEDO PERDONAR”

Algunas personas escuchan todo esto y piensan:

“Entiendo lo que dices, pero no puedo.”

Quizá sea una de las frases más sinceras que alguien puede pronunciar.

Y puede convertirse en oración:

“Señor, quiero querer perdonar.”

Tal vez todavía no puedas decir:

“Lo perdono completamente.”

Pero quizá puedas comenzar diciendo:

“Señor, no quiero que el odio me transforme.”

Ese puede ser el primer paso.

Después:

“No buscaré venganza.”

Después:

“Entrego la justicia en tus manos.”

Después:

“Ayúdame a ver esta historia sin que controle toda mi vida.”

Y así comienza un camino.


16. 🙏 PERDONAR NO ES UNA EMOCIÓN

Esto es fundamental.

Si esperamos sentir deseos de perdonar para comenzar a hacerlo, probablemente algunas veces esperaremos muchísimo tiempo.

El perdón cristiano comienza principalmente como una decisión moral y espiritual.

Las emociones pueden tardar en alcanzar esa decisión.

Por eso podemos decir:

“Todavía me duele, pero no alimentaré venganza.”

“Todavía estoy triste, pero no permitiré que el odio determine quién seré.”

“Todavía tengo preguntas, pero entregaré a Dios aquello que no puedo resolver.”

Eso es profundamente diferente de fingir.


17. 📖 JESÚS NO NOS ENSEÑÓ A NEGAR EL DOLOR

El cristianismo no presenta a Jesús como alguien emocionalmente anestesiado.

Jesús lloró.

Experimentó angustia.

Fue traicionado.

Fue rechazado.

Fue acusado injustamente.

Conoció el sufrimiento.

Por eso la espiritualidad cristiana saludable no nos obliga a convertirnos en personas incapaces de sentir.

Nos enseña qué hacer con aquello que sentimos.

Podemos llevar nuestra rabia a Dios.

Podemos llevar nuestra decepción.

Podemos llevar nuestras preguntas.

Podemos decir:

“Esto me dolió.”

La fe madura no consiste en esconder la herida delante de Dios.

Consiste en descubrir que podemos llevar la herida hasta Dios.


18. 🌄 EL PASADO PUEDE EXPLICARTE SIN DEFINIRTE

Esta distinción puede cambiar nuestra manera de comprender nuestra historia.

Quizá lo que viviste explique por qué hoy te cuesta confiar.

Quizá explique determinadas inseguridades.

Quizá explique por qué ciertas situaciones te activan emocionalmente.

Quizá explique algunas defensas que desarrollaste.

Pero explicación no significa destino.

Tu pasado puede explicar algunas de tus respuestas sin tener derecho a definir para siempre tu identidad.

La pregunta deja de ser solamente:

“¿Qué me hicieron?”

y comienza a incluir:

“¿En quién quiero convertirme ahora?”


19. 🛤️ DE REACCIONAR A RESPONDER

Hay una diferencia enorme entre reaccionar y responder.

La reacción automática dice:

“Me lastimaron, entonces lastimo.”

“Me traicionaron, entonces nunca confiaré.”

“Me abandonaron, entonces abandonaré antes de ser abandonado.”

Pero cuando comenzamos a desarrollar conciencia, dominio propio, sabiduría y madurez podemos crear un espacio entre lo que sentimos y lo que hacemos.

La emoción sigue siendo real.

Pero ya no necesariamente toma todas las decisiones.

Podemos preguntarnos:

¿Qué estoy sintiendo?

¿Qué despertó esta emoción?

¿Existe peligro ahora o estoy recordando un peligro anterior?

¿Qué es verdad en este momento?

¿Qué respuesta refleja mis valores?

¿Qué respuesta honra a Dios?

Ese pequeño espacio entre impulso y decisión puede convertirse en un enorme espacio de libertad.


20. ✝️ EL EVANGELIO NOS DA UNA RAZÓN MÁS PROFUNDA PARA PERDONAR

Finalmente, el perdón cristiano no descansa solamente en beneficios psicológicos.

No perdonamos simplemente porque “es bueno para el cerebro”.

Eso reduciría una enseñanza profundamente espiritual a una técnica de bienestar.

Perdonamos porque hemos recibido gracia.

Efesios 4:32 dice:

“Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.”

El cristiano no mira únicamente la deuda que otro tiene con él.

También recuerda la gracia que él mismo ha recibido.

Eso no minimiza la ofensa.

Magnifica la gracia.


21. ⚠️ UNA PALABRA ESPECIAL PARA QUIEN HA SUFRIDO ABUSO

Este punto merece atención particular.

Si alguien te ha maltratado física, sexual, psicológica, espiritual o económicamente, el mensaje cristiano del perdón no significa permanecer expuesto al abuso.

Buscar ayuda no es falta de fe.

Establecer límites no es falta de amor.

Alejarse de una situación peligrosa no significa necesariamente guardar resentimiento.

Buscar protección y justicia puede ser necesario.

Y algunas heridas requieren acompañamiento profesional especializado.

La iglesia debe ser un lugar donde la persona herida pueda hablar y ser protegida, no un lugar donde se utilice un versículo para obligarla a guardar silencio.


22. 🌱 ¿CÓMO COMENZAR UN CAMINO DE PERDÓN?

No existe una fórmula mágica, pero puede ser útil recorrer algunos pasos:

1. Nombra lo sucedido.
No puedes procesar honestamente aquello que necesitas fingir que nunca ocurrió.

2. Reconoce lo que sentiste.
Rabia, tristeza, miedo, vergüenza, decepción: poner nombre a una emoción puede ayudarnos a procesarla.

3. Distingue pasado y presente.
Pregúntate: “¿Qué ocurrió entonces y qué está ocurriendo realmente ahora?”

4. Identifica la deuda.
¿Qué sientes que esa persona te debe? ¿Una disculpa? ¿Justicia? ¿Reconocimiento? ¿Restitución?

5. Decide qué significa perdonar en tu situación.
No buscar venganza no significa eliminar límites.

6. Entrega a Dios aquello que no puedes controlar.

7. Establece límites cuando sean necesarios.

8. Busca apoyo.
Pastores maduros, consejeros responsables y profesionales capacitados pueden acompañar procesos difíciles.

9. Practica nuevas respuestas.
Cuando regrese el recuerdo, no tienes que seguir automáticamente el mismo camino mental.

10. Ten paciencia con el proceso.
La sanidad rara vez ocurre siguiendo una línea perfectamente recta.


23. 💭 CUANDO EL RECUERDO REGRESE

Quizá una de las prácticas más útiles sea preparar de antemano una respuesta.

Cuando aparezca nuevamente el recuerdo, puedes detenerte y decir:

“Esto ocurrió, pero no está ocurriendo ahora.”

“Lo que siento es real, pero no tengo que obedecer automáticamente a esta emoción.”

“Puedo recordar sin regresar mentalmente a vivir allí.”

“Puedo protegerme sin odiar.”

“Puedo buscar justicia sin buscar venganza.”

“Puedo poner límites sin sentirme culpable.”

“Mi historia incluye esta herida, pero mi identidad es mucho más grande que ella.”

Y para quien vive desde la fe:

“Dios sigue conmigo aquí.”


24. 🕯️ PERDONAR ES RENUNCIAR A CONSTRUIR UNA CASA DENTRO DE LA HERIDA

Quizá nunca olvides determinada traición.

Quizá algunas fechas continúen siendo difíciles.

Quizá algunas cicatrices permanezcan.

Pero existe una enorme diferencia entre tener una cicatriz y vivir dentro de la herida.

El perdón no exige destruir nuestra memoria.

Nos invita a dejar de construir nuestra identidad alrededor de aquello que nos hicieron.

Porque llega un momento en que necesitamos decidir:

¿Voy a seguir organizando mi presente alrededor de mi peor experiencia?

La respuesta cristiana puede ser:

No.

Aquello ocurrió.

Aquello dolió.

Aquello tuvo consecuencias.

Pero Dios todavía está escribiendo mi historia.


25. 🌅 EL PERDÓN NO CAMBIA TU AYER, PERO PUEDE CAMBIAR TU RELACIÓN CON EL MAÑANA

Ninguna cantidad de perdón puede hacer que una traición nunca haya sucedido.

No puede devolver una infancia perdida.

No puede recuperar automáticamente años desperdiciados.

No puede resucitar una relación exactamente como era antes.

El perdón no modifica el acontecimiento histórico.

Pero puede modificar el lugar que ese acontecimiento ocupa en nuestra vida actual.

Antes podía ser el centro.

Después puede convertirse en un capítulo.

Antes podía controlar nuestras decisiones.

Después puede convertirse en una fuente de discernimiento.

Antes solamente decía:

“Aquí me destruyeron.”

Con el tiempo quizá podamos decir:

“Aquí fui profundamente herido, pero aquí también comenzó un camino en el que aprendí a levantarme.”


🌿 UNA FRASE PARA RECORDAR

Perdonar no es olvidar lo que ocurrió; es negarnos a permitir que lo ocurrido continúe gobernando nuestra vida.

No borra la memoria.

No elimina automáticamente el dolor.

No cancela la justicia.

No obliga a reconciliarse.

No restaura automáticamente la confianza.

No elimina los límites.

Pero puede convertirse en parte de un camino de libertad.

Porque el objetivo no es fingir que nunca existió una herida.

El objetivo es llegar al día en que podamos mirar aquella cicatriz y comprender:

“Esto forma parte de mi historia, pero ya no dirige mi historia.”


🙏 ORACIÓN: “SEÑOR, ENSÉÑAME A SOLTAR”

Señor, tú conoces aquello que nadie más conoce.

Sabes lo que ocurrió.

Sabes lo que me dijeron.

Sabes lo que me hicieron.

Sabes cuánto me costó continuar.

No quiero fingir delante de ti que no me dolió.

Tampoco quiero utilizar palabras religiosas para esconder una herida que todavía necesita atención.

Dame valor para mirar mi historia con verdad.

Dame sabiduría para distinguir entre perdonar y permitir nuevamente el daño.

Enséñame a poner límites cuando sean necesarios.

Dame humildad para buscar ayuda cuando la necesite.

Y, sobre todo, Señor, no permitas que aquello que me hicieron determine en quién voy a convertirme.

Cuando regrese el recuerdo, recuérdame que estoy aquí.

Cuando aparezca el miedo, ayúdame a reconocer la verdad.

Cuando aparezca la rabia, dame dominio propio.

Cuando aparezca el deseo de venganza, recuérdame que la justicia finalmente pertenece a ti.

No quiero negar mi pasado.

Pero tampoco quiero vivir prisionero de él.

Ayúdame a perdonar como tú me has perdonado.

No para llamar bueno a lo malo.

No para negar la justicia.

No para regresar al peligro.

Sino para soltar de mis manos aquello que ya no quiero seguir cargando.

Que mi herida no sea mi identidad.

Que mi dolor no sea mi dueño.

Que mi pasado no gobierne mi mañana.

Y que tu gracia escriba capítulos nuevos donde yo pensaba que mi historia había terminado.

Amén.

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