
👨👩👧👦 Modelos de Crianza según su Procedencia
¿De dónde proviene la manera en que estamos criando a nuestros hijos?
La crianza de los hijos es una de las responsabilidades más trascendentales que Dios ha confiado a los padres. Sin embargo, resulta sorprendente que, a pesar de su enorme importancia, la mayoría de los padres nunca recibe una formación intencional para desempeñar esta tarea.
Muchos comienzan a criar simplemente haciendo lo que consideran más natural o repitiendo aquello que conocen. Sin darse cuenta, detrás de cada decisión, cada corrección y cada conversación con sus hijos existe un modelo de crianza que influye profundamente en la manera como educan.
La pregunta no es si seguimos un modelo, sino cuál modelo está guiando nuestra familia.
Comprender el origen de nuestra forma de criar nos permitirá identificar aquello que necesita ser fortalecido, corregido o transformado a la luz de la Palabra de Dios.
1. El modelo cultural
Cuando la sociedad termina educando a nuestros hijos
El primer modelo es el modelo cultural.
En este caso, los padres crían principalmente según las ideas, costumbres, tradiciones y valores predominantes de la sociedad donde viven.
Muchas veces esto sucede sin que los padres sean conscientes.
La cultura comienza a definir:
cómo corregir;
cómo demostrar afecto;
qué significa ser un buen padre;
cuál debe ser el papel del hombre y la mujer;
qué valores enseñar;
qué comportamientos aceptar o rechazar.
La influencia de la cultura
En muchos países latinoamericanos todavía persisten patrones como:
autoritarismo;
machismo;
disciplina basada en el temor;
poca comunicación emocional;
sobreprotección;
dependencia excesiva de los hijos;
permisividad en algunos aspectos y dureza extrema en otros.
Muchos padres creen que estas conductas son normales simplemente porque “siempre se ha hecho así”.
Sin embargo, lo que es cultural no siempre es bíblico.
Como creyentes, debemos preguntarnos constantemente:
¿Estoy educando según las costumbres de mi sociedad o según los principios de Dios?
2. El modelo heredado
Criando como nos criaron
El segundo modelo nace dentro del hogar donde crecimos.
Sin darnos cuenta, tendemos a repetir aquello que vimos durante nuestra infancia.
Nuestros padres se convierten en nuestros primeros maestros de crianza.
Este modelo suele manifestarse de dos maneras.
A. Repetición positiva
Algunos padres reproducen exactamente lo que recibieron porque consideran que funcionó.
Dicen frases como:
“Así me educaron.”
“A mí me sirvió.”
“Nunca me hizo daño.”
Sin embargo, incluso las buenas experiencias necesitan ser evaluadas a la luz de la Biblia.
No todo lo que funcionó fue necesariamente correcto.
B. Repetición negativa
Otros padres hacen exactamente lo contrario.
Crecieron en hogares marcados por:
violencia;
abandono;
rechazo;
favoritismos;
humillaciones;
abuso verbal;
falta de afecto.
Aunque prometieron nunca repetir esa historia, muchas veces descubren con dolor que reaccionan igual que sus propios padres.
Las heridas no sanadas suelen convertirse en patrones repetidos.
Por eso Dios no solo quiere cambiar nuestra conducta.
Quiere sanar nuestro corazón.
3. El modelo teórico
Criando según ideas y métodos aprendidos
Actualmente existen cientos de libros, conferencias, podcasts, videos y especialistas que ofrecen consejos sobre crianza.
Muchos padres construyen su forma de educar tomando ideas de diferentes autores.
El problema es que, con frecuencia, terminan mezclando conceptos contradictorios.
Adoptan algunas técnicas de un autor.
Otras de internet.
Algunas de las redes sociales.
Y otras de familiares o amigos.
El resultado suele ser una crianza sin fundamentos sólidos.
No todo consejo popular es sabio.
No toda teoría moderna refleja la verdad.
Como cristianos debemos aprender a evaluar cada propuesta con discernimiento.
4. El modelo bíblico
El diseño perfecto de Dios para la familia
Este es el modelo que todo padre cristiano debería anhelar.
No nace de la cultura.
No depende de experiencias personales.
No cambia con las generaciones.
Su fuente es únicamente la Palabra de Dios.
La Biblia no presenta sugerencias opcionales sobre la crianza.
Presenta principios eternos.
En ella encontramos:
el propósito de la familia;
el papel de los padres;
la importancia de la disciplina;
el valor del amor;
el ejemplo del perdón;
la responsabilidad de enseñar la verdad;
la necesidad de modelar una vida que refleje a Cristo.
Adoptar el modelo bíblico requiere dos virtudes fundamentales.
Valentía
Porque muchas veces tendremos que ir contra la corriente.
El mundo propone una manera de criar.
Dios propone otra.
No siempre serán compatibles.
Habrá momentos en los que los padres cristianos se sentirán diferentes e incluso incomprendidos.
Pero obedecer a Dios siempre será el mejor camino.
Humildad
También necesitaremos humildad.
La Biblia no solo confronta la cultura.
También confronta nuestras propias costumbres.
Quizás descubramos que algunas prácticas heredadas de nuestros padres no agradan al Señor.
Cuando eso ocurra, debemos estar dispuestos a reconocerlo, arrepentirnos y cambiar.
La verdadera madurez espiritual siempre produce transformación.
Ningún padre aplica un solo modelo
En la práctica, ningún hogar utiliza un modelo completamente puro.
Todos mezclamos influencias.
Algunas provienen de la cultura.
Otras de nuestra familia.
Otras de libros.
Y otras de la Biblia.
La gran pregunta es:
¿Qué modelo tiene la mayor influencia sobre mi forma de criar?
Como padres cristianos, nuestro objetivo debe ser que, cada día, el modelo bíblico ocupe un lugar más grande y los demás modelos sean evaluados y corregidos por la Palabra de Dios.
La crianza también forma parte de nuestra santificación.
Así como Cristo transforma nuestro carácter, también quiere transformar la manera en que educamos a nuestros hijos.
“Como hijos obedientes, no se conformen a los deseos que antes tenían en su ignorancia, sino que así como Aquel que los llamó es santo, así también sean ustedes santos en toda su manera de vivir.”
1 Pedro 1:14-15
¡En la crianza todos tienen una opinión!
Cuando nace un hijo, sucede algo curioso.
De repente, todos parecen convertirse en expertos.
Abuelos.
Suegros.
Vecinos.
Amigos.
Compañeros de trabajo.
Redes sociales.
Influencers.
Todos tienen algo que decir.
Qué debe comer el bebé.
Cómo debe dormir.
Cómo corregirlo.
Qué juguetes comprar.
Cómo vestirlo.
Cuándo quitar el pañal.
Qué escuela elegir.
Y la lista nunca termina.
La educadora Catherine L’Ecuyer resume esta realidad con una frase muy acertada:
“Suegras, cuñadas, amigas, expertos, empresas… En el ámbito de la crianza, todos opinan con una alegría y una contundencia que dan miedo.”
Escuchar consejos puede ser útil.
Pero no todos los consejos tienen el mismo valor.
La opinión más importante no es la del vecino, ni la del influencer de moda, ni siquiera la de nuestra propia experiencia.
La voz que debe dirigir nuestra familia es la voz de Dios revelada en Su Palabra.
❤️ Reflexión final
La mejor herencia que podemos dejar a nuestros hijos no es una casa, una carrera o una cuenta bancaria.
Es un hogar donde Cristo reina.
Un hogar donde los padres también aprenden, se arrepienten, crecen y permiten que la Palabra transforme su manera de amar, corregir y enseñar.
Cuando el evangelio gobierna el corazón de los padres, también comienza a transformar la vida de los hijos.
Porque la mejor escuela de padres siempre será aquella donde el Maestro principal es Jesucristo.
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