“No somos un ministerio grande, pero sí somos un gran ministerio”

❤️ Corregir la conducta sin pastorear el corazón solo produce cambios temporales

❤️ Corregir la conducta sin pastorear el corazón solo produce cambios temporales

Muchos padres experimentan una gran satisfacción cuando logran que sus hijos obedezcan. Después de todo, la habitación quedó ordenada, las disculpas fueron pronunciadas y el conflicto terminó. Sin embargo, la Biblia nos invita a mirar más allá de la conducta visible y dirigir nuestra atención hacia el lugar donde realmente se originan las acciones: el corazón.

Jesús enseñó que las palabras, las decisiones y las acciones nacen del interior de la persona (Mateo 15:18-19). Esto significa que toda conducta tiene una raíz. Si solo corregimos el comportamiento externo sin atender lo que sucede en el corazón, el cambio será superficial y, muchas veces, temporal.

Un niño puede obedecer por diferentes motivos.

Puede ordenar su habitación porque teme el castigo.

Puede compartir un juguete porque sabe que recibirá un premio.

Puede decir “perdón” únicamente para terminar la conversación.

Puede dejar de mentir durante unos días porque fue descubierto.

Desde afuera parece que todo marcha bien. Pero si el egoísmo, el orgullo, el temor o el deseo de controlar siguen gobernando su corazón, tarde o temprano la conducta volverá a aparecer bajo otra forma.

La disciplina externa puede modificar el comportamiento por un momento; solo la transformación del corazón produce un cambio duradero.

La meta de la crianza cristiana

Muchos padres creen que el objetivo principal consiste en tener hijos obedientes, educados y respetuosos.

Aunque estas cualidades son importantes, la Biblia presenta una meta mucho más profunda.

Nuestro llamado no es simplemente criar niños que sepan comportarse bien delante de las personas, sino formar discípulos que amen a Dios con todo su corazón.

Un niño puede ser muy obediente y, aun así, tener un corazón lleno de orgullo.

Puede ser respetuoso delante de los adultos y cruel con sus hermanos cuando nadie lo observa.

Puede aprender todas las respuestas correctas de la Escuela Dominical sin haber comprendido todavía la necesidad de arrepentirse y confiar en Cristo.

Por eso la verdadera crianza cristiana no se conforma con controlar el comportamiento. Busca conducir el corazón hacia el evangelio.

La mala conducta revela algo más profundo

Cada episodio de desobediencia es una ventana al corazón.

Cuando un niño golpea a otro, no solo existe un problema de violencia.

Quizá haya enojo, frustración, celos o un deseo de imponer su voluntad.

Cuando miente, probablemente esté intentando evitar las consecuencias o proteger una imagen de sí mismo.

Cuando hace berrinche, puede estar expresando que no acepta un “no” como respuesta.

La conducta es el fruto.

El corazón es la raíz.

Y Dios siempre trabaja primero con la raíz.

La disciplina es una oportunidad para discipular

Después de corregir una conducta, muchos padres dan por terminado el asunto.

Pero ese puede ser el mejor momento para enseñar.

En lugar de limitarse a decir:

—”Eso estuvo mal.”

Podemos ayudar al niño a pensar:

  • ¿Qué querías conseguir cuando hiciste eso?
  • ¿Qué estabas sintiendo en ese momento?
  • ¿Qué pensabas que ibas a lograr?
  • ¿Cómo afectó tu decisión a los demás?
  • ¿Qué dice Dios acerca de esta situación?
  • ¿Cómo puedes reparar el daño que causaste?
  • ¿Qué podrías hacer diferente la próxima vez?

Estas preguntas ayudan al niño a desarrollar conciencia, responsabilidad y dominio propio.

No solo aprende que hizo algo incorrecto.

Aprende por qué lo hizo.

Y comienza a descubrir que necesita la ayuda de Dios para cambiar desde adentro.

Más que modificar conductas, formar el carácter

Dios no trabaja únicamente sobre nuestras acciones.

Él transforma nuestros deseos, pensamientos y motivaciones.

Eso mismo debemos procurar en nuestros hijos.

No basta con enseñarles qué hacer.

Debemos enseñarles por qué hacerlo.

No basta con corregir la mentira.

Debemos enseñar el valor de la verdad.

No basta con exigir obediencia.

Debemos mostrar que obedecer a Dios nace del amor y de la confianza en Él.

El objetivo no es producir niños que actúen correctamente solo cuando alguien los observa, sino personas íntegras que hagan lo correcto porque aman al Señor.

El evangelio transforma el corazón

Como padres, es importante recordar que nosotros no podemos cambiar el corazón de nuestros hijos.

Podemos enseñar.

Podemos corregir.

Podemos disciplinar.

Podemos modelar una vida piadosa.

Pero solo Dios puede producir una transformación verdadera.

Por eso cada momento de corrección debe convertirse también en una oportunidad para hablar del evangelio.

Nuestros hijos necesitan comprender que todos pecamos, que todos necesitamos el perdón de Dios y que Jesucristo vino precisamente para darnos un corazón nuevo.

La disciplina sin gracia produce miedo.

La gracia sin disciplina produce permisividad.

Pero cuando la verdad y el amor caminan juntos, los hijos descubren el carácter de Dios.

Un desafío para los padres

La próxima vez que tenga que corregir a su hijo, haga una pausa antes de pensar únicamente en la consecuencia.

Pregúntese:

  • ¿Qué está revelando esta conducta acerca de su corazón?
  • ¿Cómo puedo aprovechar este momento para acercarlo más a Cristo?
  • ¿Estoy buscando solo que obedezca o que comprenda el evangelio?

Quizá descubra que la conversación más importante no ocurre cuando termina el conflicto, sino cuando comienza el discipulado.

Porque el propósito de la crianza cristiana nunca ha sido criar hijos que simplemente parezcan buenos.

El propósito es formar hombres y mujeres cuyo corazón pertenezca al Señor.

“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.”
Proverbios 4:23

Que nuestra meta como padres no sea únicamente corregir conductas, sino pastorear el corazón de nuestros hijos, guiándolos con paciencia, verdad y amor hacia Aquel que es el único capaz de transformar el interior de una persona: Jesucristo.

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