
¿Qué es eso de “niños therian”?
Son chicos que, por juego, por internet, por soledad o por confusión, empiezan a decir que “se sienten” animales, que “son” lobos, gatos, etc.
Yo veo tres cosas claras:
Dignidad:
Ningún niño es un animal. Por más que lo imite, lo dibuje o lo diga, sigue siendo persona humana, hijo de Dios, con un alma que ningún lobo ni gato tiene.
Si un niño empieza a definirse como animal, no lo insulto, pero tampoco le sigo el juego como si fuera verdad.
Dolor escondido:
Muchas veces hay algo detrás: sentirse raro, no encajar, problemas en casa, adicción a redes, modelos rotos de masculinidad/feminidad. El niño busca un “escudo” para no ser él mismo.
El adulto no se queda discutiendo “si es lobo o no”: se pregunta por qué le duele tanto ser simplemente él.
Implementemos límites y ternura a la vez:
Amar no es aplaudir todo. Amar es cuidar cuerpo, mente y alma.
No ridiculizar: nada de burlas, apodos ni humillaciones.
No afirmar la mentira: no le digo “sí, eres un lobo”, le digo “puedes jugar a ser lobo, pero tú eres mucho más que eso: eres persona, tienes razón, conciencia, un llamado grande”.
Hablar claro: “Tus sentimientos son reales, pero no todo lo que siento define lo que soy”.
Escucha primero, corrige después.
“Cuéntame qué sientes, cuándo empezó, qué ves en internet…”. Después, con calma: “Entiendo que te guste, pero tu identidad no es animal: eres mi hijo y eres hijo de Dios”.
Reducir ruido digital.
Mucho de esto viene de comunidades online que empujan identidades raras para niños vulnerables. Menos pantalla, más vida real, más
deporte, arte, amistades sanas.
Reforzar su identidad verdadera.
“Tienes un cuerpo humano, una mente capaz de pensar, una vocación para amar y servir. Eso vale infinitamente más que cualquier personaje o manada imaginaria”.
Si hay mucha angustia, pedir ayuda seria.
Psicólogo serio (no ideologizado), guía espiritual, comunidad que lo acoja. No es debilidad pedir ayuda, es responsabilidad.
El niño therian no es un monstruo ni un lobo perdido: es un hijo confundido.
Lo que necesita no es que le confirmes la fantasía, sino que le sostengas la verdad con paciencia:
“No eres animal. Eres persona. Y vales demasiado como para esconderte detrás de una máscara”.
Ese es, para mí, el camino: firmeza sin crueldad, ternura sin mentiras.