
3 CONDUCTAS QUE LOS PADRES CRISTIANOS NO DEBEN IGNORAR
Corregir con firmeza, gracia y propósito
Criar hijos no consiste solamente en detener conductas incómodas. Para los padres cristianos, la disciplina tiene un propósito más profundo: formar el carácter, enseñar responsabilidad y ayudar al niño a aprender respeto, dominio propio, verdad y reparación.
La Biblia nos llama a corregir, pero también a hacerlo sin provocar innecesariamente a nuestros hijos.
«Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.»
Efesios 6:4
Esto significa que podemos establecer límites claros sin humillar, gritar, amenazar ni convertir cada desacuerdo en una lucha de poder.
Hay conductas que no conviene normalizar. Pero antes de corregirlas, también debemos preguntarnos: ¿qué está ocurriendo detrás de esta conducta y qué necesita aprender mi hijo?
1. CUANDO RESPONDE CON BURLA O FALTA DE RESPETO
Puede suceder que el niño se ría, imite al adulto, responda con sarcasmo o utilice un tono provocador.
No debemos aceptar la falta de respeto, pero tampoco necesitamos responder con otra falta de respeto.
La meta no es “ganarle” al niño. La meta es enseñarle cómo expresar desacuerdo de manera apropiada.
En lugar de gritar:
«¡Cállate! ¡No me hables así!»
podemos acercarnos, mantener la calma y decir:
«Ese tono no es apropiado. Puedes estar molesto, pero necesitas hablarme con respeto. Inténtalo nuevamente.»
Esto le enseña algo importante:
Las emociones están permitidas; la falta de respeto no.
«La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor.»
Proverbios 15:1
La respuesta suave de la que habla Proverbios no significa permisividad. Podemos ser suaves en el tono y firmes en el límite.
Preguntas útiles para el padre
- ¿Estoy corrigiendo la conducta o atacando al niño?
- ¿Estoy modelando el mismo respeto que estoy exigiendo?
- ¿Le estoy enseñando una manera mejor de responder?
Una frase sencilla puede ser:
«Puedes decirme que no estás de acuerdo, pero no puedes burlarte ni insultar.»
2. CUANDO NO ASUME LAS CONSECUENCIAS DE SUS ACCIONES
Un niño rompe algo, hace una travesura, lastima a alguien o incumple una responsabilidad y después culpa a otro.
La tentación de muchos padres es resolver inmediatamente el problema para evitar que el niño sufra consecuencias.
Pero rescatar continuamente a nuestros hijos puede impedir que aprendan responsabilidad.
La disciplina saludable enseña:
DECISIÓN → CONSECUENCIA → REPARACIÓN → APRENDIZAJE
Si derramó algo, puede ayudar a limpiarlo.
Si rompió algo por descuido, puede participar en repararlo dentro de lo apropiado para su edad.
Si lastimó a alguien, debe aprender a reconocer lo ocurrido y buscar reparar el daño.
Si olvidó una responsabilidad, no siempre debemos correr detrás de él para solucionar todo.
Podemos decir:
«Yo te voy a acompañar, pero no voy a hacer por ti lo que te corresponde hacer.»
La Biblia enseña el principio de responsabilidad personal:
«Porque cada uno llevará su propia carga.»
Gálatas 6:5
Esto no significa abandonar al niño frente a sus errores. El versículo no es una justificación para decir: «Arréglatelas solo». El padre sigue acompañando, enseñando y ayudando.
La diferencia está entre:
AYUDAR y RESCATAR.
Ayudar dice:
«Estoy contigo mientras aprendes a resolverlo.»
Rescatar constantemente dice:
«Yo resolveré todo para que tú no enfrentes ninguna consecuencia.»
Nuestros hijos necesitan gracia, pero también necesitan responsabilidad.
3. CUANDO PARECE IGNORAR LAS INDICACIONES
Le hablamos y continúa jugando.
Le pedimos algo y no contesta.
Lo llamamos varias veces y parece no reaccionar.
Es fácil interpretar inmediatamente esta conducta como desafío deliberado. Sin embargo, no siempre es así.
Un niño puede estar:
- profundamente concentrado;
- cansado;
- distraído;
- confundido por demasiadas instrucciones;
- sobreestimulado;
- procesando lentamente lo que escuchó;
- o, en algunas ocasiones, sí puede estar evitando obedecer.
Por eso conviene no asumir automáticamente la intención.
En lugar de gritar desde otra habitación diez veces:
«¡Te dije que vengas!»
podemos acercarnos, obtener su atención y dar una instrucción breve:
«Mírame un momento. Necesito que apagues el juego y vengas a la mesa.»
Después podemos pedirle que repita la indicación:
«¿Qué necesitas hacer ahora?»
Esto permite comprobar que realmente escuchó y entendió.
Si comprendió la instrucción y deliberadamente decide no responder, entonces corresponde aplicar el límite o consecuencia previamente establecida.
«Sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no.»
Mateo 5:37
Aunque este pasaje trata principalmente de la integridad de nuestra palabra, también nos recuerda un principio útil para el hogar: hablar con claridad y cumplir lo que decimos.
No demos amenazas que nunca ejecutaremos.
No repitamos veinte veces una instrucción que ya establecimos.
La consistencia enseña más que los gritos.
AUTORIDAD NO SIGNIFICA CONTROL TOTAL
Hay una diferencia importante entre ejercer autoridad y exigir obediencia basada únicamente en miedo.
La autoridad saludable dice:
«Soy responsable de cuidarte, enseñarte y establecer límites.»
El autoritarismo dice:
«Debes obedecer porque yo mando y no tienes derecho a expresar nada.»
Nuestros hijos necesitan límites.
También necesitan sentirse seguros para decir:
«Estoy enojado.»
«No entiendo.»
«No estoy de acuerdo.»
«Necesito ayuda.»
El objetivo no es criar niños que nunca cuestionen nada.
El objetivo es formar personas que aprendan respeto, sabiduría, dominio propio y responsabilidad.
DISCIPLINA NO ES HUMILLACIÓN
Nunca deberíamos necesitar:
- ridiculizar;
- insultar;
- comparar;
- amenazar con abandonar;
- avergonzar públicamente;
- utilizar la Biblia como arma;
- intimidar físicamente;
para enseñar obediencia.
La corrección bíblica busca restaurar.
«Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten.»
Colosenses 3:21
Un niño puede cometer una mala acción sin convertirse en «un niño malo».
Por eso es mejor decir:
«Lo que hiciste estuvo mal.»
que decir:
«Eres terrible.»
Corregimos la conducta sin destruir la identidad.
UNA FÓRMULA PRÁCTICA PARA CORREGIR
Cuando ocurra una conducta difícil, podemos recordar cinco pasos:
1. ACÉRCATE
No corrijas siempre a gritos desde lejos.
2. CONECTA
Obtén su atención y asegúrate de que comprende.
3. NOMBRA LA CONDUCTA
«No está bien burlarse.»
4. MARCA EL LÍMITE
«Puedes estar molesto, pero no puedes hablarme de esa manera.»
5. ENSEÑA LA ALTERNATIVA
«Puedes decir: “Estoy enojado y quiero explicarte por qué”.»
Podemos resumirlo así:
CONECTAR → CORREGIR → ENSEÑAR → REPARAR → RESTAURAR
PADRES, TAMBIÉN NOSOTROS ESTAMOS APRENDIENDO
Nuestros hijos no son los únicos que necesitan dominio propio.
También nosotros.
Habrá ocasiones en que responderemos demasiado fuerte, perderemos la paciencia o corregiremos injustamente.
Cuando suceda, pedir perdón no destruye nuestra autoridad.
La fortalece.
Podemos decir:
«Lo que hiciste necesitaba corrección, pero yo no debí gritarte de esa manera. Perdóname.»
Así enseñamos con nuestro propio ejemplo que asumir responsabilidad no es solamente algo que exigimos a nuestros hijos.
Es algo que vivimos.
PARA RECORDAR
Nuestros hijos necesitan padres que sepan decir «no», pero también padres que sepan escuchar.
Necesitan consecuencias, pero también gracia.
Necesitan autoridad, pero no humillación.
Necesitan aprender obediencia, pero también desarrollar conciencia, responsabilidad y dominio propio.
La meta de la crianza cristiana no es producir niños que se comporten bien únicamente cuando un adulto los está mirando.
La meta es ayudarles, poco a poco, a formar un corazón que aprenda a escoger lo correcto delante de Dios.
«Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.»
Proverbios 22:6
No criamos solamente para controlar la conducta de hoy. Estamos formando el carácter que nuestros hijos llevarán mañana.
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