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Para reflexionar… Un Regocijo Incomparable

“SEÑOR de los ejércitos, dichoso el hombre que confía en ti” (Salmos 84:12).
Mismo con la edad ya avanzada y con la salud perjudicada por la ceguera, hace 32 años, mismo con dificultades financieras y luchas y problemas en cada caminata, mismo no pudiendo hacer todo lo que deseo para el Señor, si tuviese, hoy, que tomar una nueva decisión para mi vida, tomaría el medio de transporte más próximo e iría para la misma vida misionera que abracé hace más de 40 años y que me tiene proporcionados días de gran regocijo. Que bendición es el privilegio de ser un misionero.” (Paulo Barbosa)

¿Cómo usted encara su vida cristiana? ¿Ha alabado diariamente al Señor Jesús por poder ser luz en ese mundo obscuro? ¿Ha buscado ser un instrumento de Dios para transformar las venidas perdidas qué no saben para dónde están yendo? ¿Se ha alegrado con la fuerza que Cristo le da en todas las batallas y dirección en todas las decisiones a tomar?

Muchos que nunca tuvieron una experiencia con el Salvador, juzgan que es una vida sin libertad, donde no puedo hacer eso y aquello es un peso insoportable de cargar. Y usted, ¿Piensa el mismo? ¿O comprende que al conocer la Verdad, se volvió verdaderamente libre?

¿Puede decir a todos que, con Cristo, es verdaderamente feliz?

Para reflexionar… Una Victoria Necesaria

“En mi angustia invoqué al Señor, Y clamé a mi Dios; Él oyó mi voz desde su templo, Y mi clamor llegó a sus oídos” (2 Samuel 22:7).

Dos adolescentes peleaban en la calle. Lo que estaba sé dando mejor, empezó a gritar: “me ayuden, por favor, me ayuden”. Un hombre lo vino a auxiliar y se puso sorprendido con lo que vio. “Está pidiendo ayuda, pero está ganando la lucha”. Qué pedía socorro, dijo: “Sí, pero siento que él está si recobrando…”

Un día nosotros abrimos el corazón para Jesús. Al recibir el Señor en nuestra vida, el hombre viejo, pecador, mentiroso, rebelde y desobediente, es obligado a salir. Al final, tornamos nuevas criaturas y somos dirigidos por el Espíritu Santo de Dios.

Pero, ni siempre, esa verdad es realidad en nuestro caminar diario. Las luchas, las angustias, las aflicciones, y los desafíos de ese mundo nos atacan y percibimos qué precisamos del socorro de Dios. Y estamos ciertos de que el verso que dice: “En mi angustia clamé al Señor y Él me oyó”, es una verdad incontestable para nosotros.

El adversario del Señor nunca nos dejará en paz. Si estamos Fuertes, él siempre intentará seducirnos para que nos alejemos de Cristo. Si estamos flacos, hará de todo para que nos quedemos aún más flacos y fáciles de manejar. Cada cristiano apartado de Dios es una victoria para el enemigo y, por supuesto, no podemos permitir que eso acontezca.

Flacos o Fuertes, venciendo o no, agarremos siempre en las manos de Dios para que el nombre de Jesús siempre sea glorificado en nuestras vidas.

Para reflexionar… Venza La Próxima Lucha

“Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado” (1 Timoteo 6:12)

“Mi vida parece una competición de boxeo. Es una lucha después la otra”, comentó Alonso a su mejor amigo. “Si es así”, dijo el amigo, “luche una lucha de cada vez”.

La mayoría de nosotros pasa la vida enfrentando luchas y batallas. Parece que los problemas nunca acaban. Si pensamos en todas las batallas al mismo tiempo, no tendremos fuerzas para llegar a lugar alguno. El grande secreto es agarrar en las manos del Señor, pedir que llene nuestros corazones de esperanza y fe, y enfrentar cada lucha cuál si fuese a última de nuestra vida. Pensemos que estamos bien próximos de la victoria final.

Si enfrentamos las luchas pensando apenas en las dificultades y que podremos ser derrotados, jamás llegaremos a lugar alguno. De esa manera, perderemos el goce y la alegría de contemplar el puerto de nuestra conquista deseada.

Su vida parece un ring de luchas, mire para cima, confíe en Dios y siga enfrente.

Para reflexionar… Escultor De Felicidad

“Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 Pedro 1:7).

“Sé que Dios prueba a quien Él ama, pero, parece que mi vida es un eterno campo de pruebas. Mis angustias son constantes”.

Es cierto que, cuanto más Dios trabaja en nuestras vidas, lapidando y aparando las aristas, como un Escultor celestial, producimos mucho más de lo que aquellos que no tienen la misma experiencia. En los momentos de dolor y angustia, buscamos mucho más a Dios que cuando estamos sin cualquier problema o batalla a enfrentar. La tranquilidad nos lleva, muchas veces, a la acomodación espiritual.

Dios desea usarnos de manera plena para que todos al nuestro rededor sean bendecidos. Quiere que testifiquemos de la transformación que se operó en nuestras actitudes, desde que Jesús entró en nuestros corazones. Con nuestro testimonio, muchos serán salvos. Desea también que sirvamos de edificación para aquellos que aún están flacos e indecisos para que sean, como nosotros, una luz a alumbrar las tinieblas de ese mundo.

Deje Dios trabajar en su vida. Si ella ya es preciosa, mucho más valor tendrá después el tratamiento del Señor.

Para reflexionar… ¿Hallará O No?

“Y ella dijo a su marido: He aquí ahora, yo entiendo que este que siempre pasa por nuestra casa, es varón santo de Dios” (2 Reyes 4:9).

Un hermano, conversando con otro en la iglesia, dijo: “Estoy procurando un documento que estoy necesitando y no lo encuentro en lugar alguno. Ya busqué toda la casa y nada. No sé lo que hacer”. El otro, con una sonrisa, sugirió: “¿Ya buscó en el lugar donde guarda su Biblia?”

¿Será esa nuestra realidad espiritual? ¿Nuestro comportamiento demuestra a nuestros amigos que la Biblia no hace parte de nuestro vivir diario? ¿Vamos a la iglesia como la cualquiera otro lugar, sin llevar Cristo con nosotros? ¿Somos distinguidos por muchas calidades, menos a de ser un auténtico cristiano?

El apóstol Paulo decía que era un imitador de Cristo. ¿Podemos decir el mismo? ¿Es el Señor la prioridad en todas nuestras decisiones? ¿Hemos andado por nuestros propios intereses o permanecemos firmes, mismo delante de obstáculos, en el camino de Dios?

Si alguien está buscando el Señor Jesús, ¿Lo hallará al encontrarlo o se quedará aún más lejos de Él?

Para reflexionar… No Pierda Tiempo

“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Romanos 8:1).

“Muchos, en todo el mundo, condenados por un acto cualquiera de rebeldía, esperan ansiosamente por una amnistía. Quieren volver a ser libres y tener los derechos que habían perdido. Quieren que sus errores sean amnistiados, o sea, olvidados”.

Dios providenció la mayor amnistía de todos los tiempos. Nosotros, presos a nuestros pecados de rebeldía y desobediencia, fuimos amnistiados. Volvemos a ser libres y debemos conmemorar el hecho de Jesús haber muerto en la cruz para que nuestros errores del pasado fuesen olvidados y pasásemos a disfrutar una nueva vida, abundante y eterna.

¿Y lo qué debemos hacer para lograr tan maravillosa amnistía? Reconocer nuestros fallos, nuestros pecados, pedir perdón y recibir el abrazo del Señor en un “bendito de mi Padre”. En Cristo nos ponemos libres de todo castigo por los actos del pasado.

¿Quiere continuar viviendo lejos de Dios? Aproveche ahora esa bendición ofrecida por Él y reciba Jesús en su corazón. Está con su amnistía en las manos, antojarse, entregarla a usted.

No pierda tiempo… ¡Aproveche ya!

Para reflexionar… El Pasado Apagado

“Que se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad, y limpiar para sí un pueblo propio, seguidor de buenas obras” (Tito 2:14).

Dos hombres conversaban en el trabajo. Uno de ellos dijo: “Me gustaría ser feliz, vivir una vida tranquila y victoriosa, pero estoy preso a lo pasado, encadenado a cosas que hice y de las cuales no consigo liberarme”. El otro comentó: “Es claro que los tormentos del pasado y las amarguras de actos practicados pueden soñar con una liberación. Al final, es exactamente eso que hace nuestro Señor, Salvador y Libertador, Jesucristo. Con Él, las cosas antiguas quedan olvidadas en el pasado y una nueva vida, llena de fe y esperanza, empieza a nacer en nosotros, llenando nuestros corazones de alegría y dicha”.

Muchas veces el pasado nos aprisiona de tal manera que no conseguimos entender qué un simple recomienzo puede traernos el regocijo de una nueva vida, más tranquila, más bendecida, con todos nuestros sueños realizados. Y ¿lo que es necesario para que eso sea una realidad? Apenas un paso, un paso para el Señor Jesús.

Cuando el Señor entra en nuestras vidas, rellenando el vacío de nuestros corazones, entonces las cosas viejas se quedan para detrás y nuevas y maravillosas experiencias nos revisten, mostrando que, con Dios, las cadenas del pasado son completamente deshechas.

Para reflexionar… Todos Nosotros Cometemos Errores. Dios, No.

“Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios”
(Santiago 1:19:20).

¿Lo que hacemos cuando somos agraviados, atacados en nuestros derechos, perjudicados de alguna manera? ¿Queremos luego vengarnos, pagar el mal con el mal, o entregamos todo en las manos del Señor Jesús?

Cuando volví de Singapur, donde hice mi curso de post graduación, estaba con la visión empañada. Fui al médico (un de los mejores de Brasil) y este cometió un error, desgarrando mi retina. Descubrí el error cuando estuve en los Estados Unidos, para una tentativa de recobrar la visión. Allá el médico comentó con el auxiliar que había sido una impericia de mi médico. Recuerdo que muchos amigos me dijeron que debía procesar el médico y la clínica, exigiendo una indemnización por haber quedado completamente ciego. Yo y recusé, prefiriendo confiar en Dios, pues, era a Él que yo estaba sirviendo. Se pasaron ya 32 años y yo jamás me arrepentí de la decisión tomada.

Por aquel tiempo, yo ya sabía que “todas las cosas cooperan para el bien de los que aman a Dios”. Si mis derechos habían sido alcanzados por un error médico, el Señor repararía el error y lo transformaría en bendición para mi vida. Ha sido debido a aquel error que comencé el Ministerio Para Reflexionar, alcanzando millones en todo el mundo.

*Todos nosotros podemos cometer errores, pero el Señor Jamás los cometerá.